La política (por llamarle algo) en materia de energía de los gobiernos de Rodríguez Zapatero es ninguna. Exactamente la misma que cuando Aznar. Solo un dato: nuestra dependencia energética es hoy tan grande como lo era hace treinta años. Así es que los ciudadanos podemos reírnos –aunque no tengan maldita la gracia- de las ocurrencias del momento. Quien no debería hacerlo es el ciudadano Aznar que, según las crónicas, fue Presidente del Gobierno (¿se merece este país tipos así?) y hoy oficia de gracioso: “las ocurrencias de quienes pretenden simular que la política energética es un concurso de pegatinas o un juego de bombillas que reparten en correos y de farolas que se apagan en las carreteras, o un pase de modelos de caballeros sin corbata o una subasta de neumáticos o un acertijo de nuclear quizá sí, pero Garoña no” ha dicho en la presentación del libro Propuestas para una estrategia energética nacional, editado por FAES, una relación de absurdos menores y un canto a la energía nuclear que olvida, como suele ocurrir entre sus valedores, el problema infinito de los residuos y el modo como un país como el nuestro (sin un chavo) habría de afrontar la inversión en “emplazamientos para nuevos grupos nucleares"