jueves, 14 de marzo de 2013

Papa Paco


Espero que nadie se tome a mal que me refiera al hasta ayer Cardenal Jorge Mario Bergoglio y ya Sumo Pontífice Francisco, de esta forma coloquial. En nuestra cultura, que es la del Papa, llamar Paco a Francisco como Manolo a Manuel es un modo de mostrar cercanía y solo los muy esnob se molestan por ello. Por lo demás no me negarán que es una fórmula bien sonora que enseguida provoca sentimientos de ternura: “Papa Paco ¿viste?” diría un porteño orgulloso de su paisano.
Este Papa es jesuita, lo cual imprime carácter. ¿En qué sentido? Veremos.

En una entrevista publicada en el suplemento Alfa y Omega de ABC en mayo de 2000, Peter-Hans Kolvenbach, 29 Superior de la Orden, decía que la evangelización de los jesuitas siempre fue de frontera (geográfica, intelectual, y hasta estética) lo cual es una forma de decir sin decir que tienden a estar en todas partes aún cuando a veces esta presencia resulte paradógica, contradictoria y hasta inconveniente: tal vez por eso los encontramos con frecuencia entregando su vida misma al lado de los más necesitados en América Latina o en África, o llevando la buena nueva a lugares tan exóticos desde el punto de vista de la fe como el Japón de los siglos XVI y XVII. Tal vez por eso Napoleón dijo de ellos: "Los Jesuitas son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es un general de un ejército, no un mero padre abad de un monasterio. Y la meta de esta organización es el poder”
Yo, qué quieren que les diga, solo se lo que he visto. Y en ese ejercicio de estas horas de juzgar cada gesto por nimio que sea, cada señal por insustancial que pudiera considerarse en la gente corriente, diré que esa leve duda en los ademanes, esa forma de levantar las manos, ese lenguaje corporal de ayer tarde en la loggia central de la basílica de San Pedro, se me antoja alejado de la presencia como de comadreja asustada (pido perdón a los creyentes: es solo una imagen) de Benedicto XVI el Papa en la reserva,  los aires de boxeador en reposo de Juan Pablo I, la presencia melíflua del misterioso Juan Pablo I, el aristocrático porte de Pablo VI, la beatífica hermosura de Juan XXIII y la distante y aguileña imagen de Pio XII, por citar todos los Santos Padres que uno, que peina canas, ha conocido.

Francisco, Papa Paco, me pareció un buen tipo con cara de buen tipo; algo tosco, escasamente entrenado en la fineza, lo cual no me parece necesariamente un defecto. No puedo decir otra cosa. ¿Qué eso es muy típico de la también denostada actitud jesuítica, expresión sutil del disimulo y la doblez que consiste en llevar hasta sus últimas consecuencias la evangélica sentencia de que no sepa tu mano derecha lo que hace la izquierda? Pues a lo peor, pero ¿Quién puede saber eso ahora? Doctores tiene el periodismo especializado para dilucidar si es alguien con gran destreza diplomática, si sus ademanes y estilo son tan sencillos como los de un buen cura de pueblo, si en la dictadura que sufrió su país mantuvo a la Iglesia local, de cuya Conferencia Episcopal era presidente, en una posición de neutralidad (lo cual a algunos, y a mi desde luego, parece más que reprochable); si el hecho de ser el primer Pontífice máximo americano es algo que marcará su acción pastoral y sobre todo social…En fin tantas y tantas cosas que, como un torrente fluyen ya por las páginas de los periódicos y las redes sociales, ocupan tertulianos sean especialistas o no, y nos alimentan las entendederas con asuntos varios que no solucionarán nuestro atribulado día a día pero que entretienen un montón.
A mí lo que de verdad me gustaría es que el Santo Padre Francisco, interiorizara que es el Papa Paco y actuara como tal. Es decir, que llamara al pan, pan y al vino, vino (no me refiero, como se comprenderá, a las especies consagradas) que fundiera el oro vaticano en potencia económica y política para aliviar los males de la gente, que enarbolara el zurriago de la razón y la justicia para echar del templo sin contemplaciones a mangantes, comesantos, falsarios, abusadores, apóstoles del pensamiento único, mercaderes, especuladores, etc; que huyera de peinetas y botafumeiros; que aplicara la caridad y la comprensión con quienes discrepan y quieren vivir su vida de otra forma. Que fuera en verdad y sin tanto rollo, la imagen de Cristo.  

Se dice que el nuevo Papa es una esperanza. Claro, como todos. Como cualquiera a quien se otorga una alta magistratura;  y más cuando media nada menos que el Espíritu Santo. Por ahora solo espero que cuando abra la carta que le ha dejado Benedicto no salga corriendo como él. Y ya si eso...

martes, 12 de marzo de 2013

Jueces y periodistas


Pensé que, tocadas las instituciones desde la Corona a los ayuntamientos; cuestionadas otras como el sistema de partidos; en horas más que bajas el poder ejecutivo y bajo sospecha el legislativo;en riesgo de quiebra el modelo territorial, etc, profesionales como los periodistas y los jueces tendrían el favor del público; incluso leí (con preocupación desde luego, por cuanto implicaría que se abandona la esperanza de regeneración de esas instituciones por sí mismas) que estaban llamados a ser los nuevos y únicos justicieros que han de poner en su sitio a tanto mangante y a quienes se empeñan en destruirlo todo, desde entro y por acción o corrupción.
Y resulta que no. El último barómetro del CIS muestra que jueces y periodistas son los profesionales menos valorados por los ciudadanos: Sobre una puntuación de 0 a 100, obtienen respectivamente el 59,01 y 59,09, es decir, aprobado por los pelos pero por debajo de abogados, camareros, escritores, fontaneros…

Paradójico, ya digo, porque son estos profesionales quienes han destapado los escándalos y los investigan en sedes judiciales. Ni Urdangarín, ni Bárcenas, ni los ERES andaluces, ni tantos y tantos casos han escapado al escrutinio de los periodistas, ni escaparán (no es solo la expresión de un deseo; lo creo de verdad sobre todo porque necesito, necesitamos, creerlo) a la acción de los jueces. Tal vez esta contradicción (desde luego aparente) es lo que hace decir a Carlos Marzal (http://www.abc.es/local-comunidad-valenciana/20130311/abci-disparar-juez-periodista-201303111039.html)  “¿Es que los técnicos del CIS hacen sus encuestas bajo el influjo de los psicotrópicos? ¿Acaso los psicotropizados son sólo los que responden a las encuestas? ¿Tal vez estas investigaciones de campo han tomado como ámbito de estudio nada más que los bares de copas? ¿Por qué parece que la población española no tiene demasiado claro el concepto de ‘coherencia’ a la hora de responder en público?
No seré yo quien vaya por esa línea nada respetuosa con la voluntad y el criterio del pueblo soberano, pero la verdad es que si uno recuerda por ejemplo la insistencia, elección tras elección, en entregar el Gobierno de la Comunidad Valenciana a tipos injustificables ética y estéticamente o la contumacia en consentir situaciones como la del Ayuntamiento de Ponferrada, desde el apoyo a un acosador hasta el manteo jubiloso a un alcalde inmoral, no se reconcilia precisamente con la condición humana.

Claro que también hay quien no encuentra contradicción alguna. Antonio Gálvez, escribe una carta al director en un pequeño periódico digital, Diario de la Sierra (http://www.diariodelasierra.es/2013/03/08/cartas-al-director-jueces-y-periodistas-proscritos-de-la-sociedad/) “Habló el Pueblo. Se pronunció sobre vosotros como merecéis. Os considera segmentos sociales desplomados. Habéis caído desde el trono celeste a la profundidad de los infiernos. Y se dice que ‘os lo habéis ganado a pulso’. Observáis un comportamiento reprobable, salvo algunas excepciones. Habéis cavado la fosa de vuestro descrédito vocacional o profesional, porque nos habéis traicionado vilmente. Igual que unos empleados ingratos, que ponen veneno en el plato de sopa del amo” ¡Toma castaña!
Al contrario de Marzal, este martillo de herejes que apellida Gálvez cree que “Nuestro pueblo es maduro. Tiene capacidad de distinguir entre el ser y el deber ser. Lo enjuicia todo. Y desde luego, no soporta ya el insulto de los engaños, ni de unos, ni de otros. Observa que por los cuatro flancos del territorio hay hervideros de los que emana un magma de pestilencia” ¡Chúpate esa!

Así es que, si no teníamos bastante con lo que nos toca cada día, jueces y periodistas debemos reflexionar sobre nosotros mismos. Al hastío, al cansancio de la convivencia con la miseria moral, cuando no el delito, habremos de añadir la introspección y la autocrítica. Hágase, no queda otra.
Pero igual podemos hacer también algo más cercano e inmediato: abandonemos cualquier tentación corporativista y denunciemos a quienes, por razones ideológicas, bastardas o por estupidez, pervierten la función de informar y la de juzgar. Igual que los políticos honrados debieran dejar de quejarse de que se les mete en el mismo saco que a los que no lo son y sacar a éstos a gorrazos de las instituciones y hasta de los partidos a los que pertenecen ambos, jueces y periodistas deberíamos hacer lo propio. ¿Que no sabemos en dónde está el cánon que permita referenciar las conductas y actitudes ? Claro que lo sabemos, conocemos de sobra quién actúa con honestidad y quién no. ¿Que lo que propongo es una quimera? Pues entonces, apaga y vámonos.   

jueves, 7 de marzo de 2013

Comerciar con la salud y la vida


Podemos debatir sobre si la mujer que murió mientras esperaba en las Urgencias del Hospital de Vigo fue debidamente atendida o no. Podemos discutir, si ustedes quieren, sobre el sexo de los ángeles, sobre si son galgos o son podencos o sobre si la abuela fuma.

Podemos perder el tiempo en creer que esos debates tienen algún sentido, pero hoy basta preguntar a la gente (sí, también a esa que, según Rajoy, no se manifiesta) que hace uso de los servicios sanitarios públicos; es suficiente con darse una vuelta por los servicios de Urgencia de cualquier hospital de la red, observar las salas de espera, hablar con el personal sanitario, para concluir que esa gentuza a la que elegimos para que conservara un sistema modélico en Europa, lo que está haciendo es cargárselo a pasos agigantados. Y llegaremos a la conclusión también de que su proclamada intención de sostener una Sanidad pública, universal y de calidad, es una mentira criminal.

Lo único que es verdad para esa tropa insana, ponzoñosa, es que la Sanidad no es un derecho, sino un servicio y, como tal deberá someterse a las reglas (¿reglas?) del mercado “como cualquier otro sector económico (disculpen que me cite a mí mismo: http://cartasdevuelta.blogspot.com.es/2013/02/sanidad-stafford-somos-todos-o-el-que.html)

Pero, es que ¿saben qué pasa más allá de si la comida es bazofia, hay mantas suficientes o las batas tienen rotos? Que muere gente. Y que puede morir más: por falta de atención inmediata y por abandono.

Ya me gustaría citar fuentes de autoridad sobre la supuesta bondad de este proceso que permitieran un debate leal. Pero ni eso. Nuestras autoridades (¿autoridades?) no ofrecen esos datos por más que se insista en pedirlos desde diferentes instancias. El dogma es que la privatización (“externalización” dicen cada vez que insultan nuestra inteligencia) resulta más barata y eficiente. Pero nunca lo demuestran.

Así es que, podemos leer a los médicos por ejemplo, esa gente que actúa movida por oscuros intereses corporativistas según los padres de la infame criatura y toda esa caterva de corifeos mediáticos, críticos de salón y seguro privado, o mentecatos en general:

“Avanzamos entre mentiras hacia un modelo norteamericano carísimo y excluyente que deja a 44 millones de ciudadanos sin atención sanitaria alguna, mientras el presidente Obama pretende convencer a su país que dé pasos hacia una Sanidad Pública como la que aquí nos quieren desintegrar…Los profesionales de la medicina somos conscientes que nuestra profesión se asienta sobre un sistema sanitario abierto a todos los pacientes haciendo irrelevante su nivel económico y primando solo los aspectos objetivos que su salud nos demanda…Con este nuevo sistema especulativo de gestión, nuestra salud se verá mal atendida, aumentarán las demoras, no tendremos acceso a los nuevos tratamientos médicos innovadores y los niveles de calidad sanitaria como es evidente, caerán…Se perderá calidad de vida, se perderán años de vida útil, se multiplicará el sufrimiento, aumentará la ansiedad y ténganlo por seguro, se perderán vidas innecesariamente”

Firman el texto del que transcribo el extracto anterior, los médicos del Hospital de Vigo; recuerden: allí es donde ha muerto esa mujer que esperaba ser atendida.

Y hay más:

UGT ha publicado un estudio que se basa en datos del Ministerio de Sanidad, la Generalitat valenciana y el Instituto Nacional de Estadística para establecer tasas de prevalencia de las enfermedades cruzadas con las de mortalidad de las distintas patologías en los años 2007 y 2008, las dotaciones sanitarias y los presupuestos del servicio: http://issuu.com/ugt-confederal/docs/completo-informe_fsp-ugt-valencia_salud?mode=window

Según esta comparación,  2.237 muertes fueron achacables a la ineficiencia del sistema. Este volumen sitúa a la Comunidad Valenciana, adelantada en los procesos privatizadores y espejo en el que se mira el consejero madrileño Lasquetty, en el vagón de cola del país, un 14% por debajo de la media nacional y sólo superada por Galicia y Andalucía en cuanto a las isquemia cardiacas, ictus cerebrales, enfermedades hepáticas, enfermedad pulmonar obstructiva y neumonía.

Según este estudio, la Comunidad Valenciana tiene cinco de sus 24 Departamentos de Salud con gestión totalmente privatizada (la atención primaria y hospitalaria): La Ribera con 240.000 habitantes, el de Manises con 150.000, el de Denia con 158.000, el de Vinalopó con 140.000 y el de Torrevieja con 155.000. Se han cedido a empresas todos los servicios hospitalarios no sanitarios más algunos servicios de diagnóstico, análisis clínicos y tratamientos terapéuticos.

Cuando se presentó este estudio a mediados de febrero último, en la rueda de prensa al efecto el representante de la UGT retó a la Generalitat a que demostrara la falsedad de los datos ofrecidos. ¿Saben que hizo del Gobierno valenciano? Amenazar con una denuncia por alarmar a la población. Y hasta hoy: ni denuncia ni desmentido.

Ustedes mismos.

domingo, 3 de marzo de 2013

Abdicación


El Rey ha salido indemne de la operación de hernia discal. Me alegro, como me alegraría en el caso de que un ser querido, o incluso un cuñado, hubiera pasado por trance parecido.
Quienes en estos días han deseado que el monarca tuviera algún percance irreparable (que los hay) no son antimonárquicos de corazón y mucho menos republicanos de pro. Son sencillamente, mal nacidos. Y lo serían igualmente si se hubieran regocijado con el mal de un allegado, incluso si de un cuñado se tratara.

Uno se reconoce en ese republicanismo elemental, ese que no teoriza demasiado a propósito de la forma de Estado pues considera que, por ley natural, todos nacemos de madre y, por tanto, nadie está por encima de nadie y menos por razón de su cuna. Puedo abrazar, claro, la ideología que considera la republicana como la forma de estado dimanante de una ciudadanía efectiva y de la soberanía (si se me permite la expresión) de los valores cívicos; y las monarquías modernas como la adaptación de una institución anticuada y difícilmente justificable (como no sea por razones sentimentales, simbólicas, etc) a los tiempos que corren desde hace ya, por cierto, algunos siglos. Pero, ya digo, no me parece necesario tanto rollo.
Así es que es, a mi juicio un debate menor y bastante sesgado por lo general, el que se desarrolla a veces sobre si es mejor tener un rey o un presidente de República; qué le sale más caro o más barato al bolsillo del contribuyente; qué se compadece mejor con las esencias y tradiciones patrias, etc, etc. A menudo es, tras las bambalinas, una discusión cargada de sentido político: en realidad se trata de descalificar al adversario con el pretexto de defender una u otra forma de Estado.

Da igual. España es una monarquía parlamentaria porque así lo establece la Constitución, y no creo que haya un solo español de confesión republicana y en sus cabales dispuesto en la práctica a llevar las cosas demasiado lejos…salvo que le den motivos suficientes.
Yo creo, pese a todo, que no los hay (motivos) O sea: lo de la caza de elefantes y lo de Urdangarín, por citar los asuntos más recientes, han minado la credibilidad de la Casa del Rey (insisto: el debate sobre la monarquía es otra cosa) y la renta de Juan Carlos en términos de prestigio también, especialmente entre la gente que tiene menos de 40 años. Allá quien no lo quiera ver.  Pero, reitero, no me parecen razones suficientes para poner en cuestión nada sustancial.

Ahora bien, la enésima intervención quirúrgica va a tener al Rey postrado una larga temporada; y cuando se rehabilite no dejará de ser un anciano con numerosos achaques. Eso y (repito: solo por citar lo más llamativo, que lo de Corina es una chorrada) el hecho de que el caso Urdangarín va a seguir erosionando durante cierto tiempo a la institución –es que hay una hija y unos nietos de por medio: ¿se imaginan la papeleta si la infanta Cristina resulta imputada?– hace que Juan Carlos no tenga ya capacidad de reacción: ¿qué puede hacer para recuperar el terreno? Ya no tendremos otro 23F, espero aunque anda por ahí un generalote al que por lo visto le pone la idea, para que vuelva a sacarnos del atolladero, ni volverá a las energías del “¿por qué no te callas?” que tanto regocijo testicular reportó en su momento.
El príncipe Felipe tiene edad suficiente y parece tener también la preparación necesaria. Por lo demás, España tiene en estos momentos (personalmente, dudo que dure toda la legislatura) estabilidad parlamentaria y un Gobierno con mayoría sobrada. ¿No son condiciones adecuadas para realizar el relevo? A mí me parece que sí. Dicen que toda crisis es una oportunidad: pues mira, el Gobierno tendría una buena ocasión para desviar la atención sobre sus desmanes y los padecimientos del partido que lo sustenta y a la gente en general, ocupados como estanos con cosas importantes, pues nos dará igual: una ceremonia austera pero digna y ea,  Felipe a ganarse el pan y Juan Carlos a descansar, que lo tiene merecido.

Sí ya sé que esto es lo que dice Pere Navarro, pero les juro que no hemos hablado…yo soy de Jaén; a mí, mira tú.

martes, 26 de febrero de 2013

Golpe de estado


Debe de ser que, en efecto, el pasado vuelve, desde luego convertido en otra cosa  como nos enseñan los poetas: durante el fin de semana (23F) se han cruzado los argumentos de los que adoptaron como eslogan feliz para las marchas ciudadanas del sábado la idea de un golpe de estado de los mercados y quien, no siendo –que se sepa- estudioso de la historia ni poeta, ni teniendo edad para recordarlo más que vagamente (el Consejero de Presidencia del Gobierno de Madrid, Salvador Victoria, tenía 13 años pues nació en el 68, vaya por Dios), nos advirtió del peligro que conlleva el uso de la libertad de expresión y manifestación por esas gentes que recorren las calles con evidente afán de desestabilizar las instituciones, golpistas de fin de semana que se hacen acompañar en sus pronunciamientos de los niños, la abuela, los bomberos, los médicos…y toda esa ralea insensata.
Unos días antes, en el Parlamento portugués hubo quien entonó Grandola vila morena, para simbolizar la necesidad de retomar el espíritu del 25 de abril, desde luego sin claveles y esta vez también sin fusiles...al parecer.

¿Qué clase de situación es esta en la que, como escribía hace poco Vicente Verdú (La Fertilidad del miedo, El País, 3 de enero de 2013) “hay protestas, pero se disuelven en las aguas amargas de la cólera efímera” y también: “En vez de llevar a España a un estallido social, la crisis refuerza los lazos comunitarios. Ante el descrédito de todos los poderes, más cercanía al vecino”

No lo tengo nada claro, aunque sí sé que se trata de algo nuevo y, me perdonarán el pesimismo, terrible.
Como los malos discípulos que toman de las enseñanzas solo lo superficial para, en el fondo, limitarse a cumplir órdenes, el Gobierno de España (y no lo olvidemos, con él una gran parte de la clase dirigente en cualquier ámbito económico y social) se enroca en la austeridad como si fuera una religión. Y eso –cada vez hay más voces que lo advierten- no nos sacará del agujero.
Lo malo es que tampoco lo hará el crecimiento. Como apunta el economista y miembro del Consejo Económico y Social, Antonio González (La distribución de la renta entre capital y trabajo. Temas para el Debate enero-febrero 2013) “A menudo se ha dicho que ‘primero es necesario crecer para después poder repartir’ Esta afirmación requiere ignorar que, en los términos de la distribución funcional de la renta, el reparto entre salarios y beneficios se realiza de forma simultánea a la producción, por lo que carece de sentido pretender que tal reparto deba esperar al crecimiento”

Las consecuencias de ese enfoque entre esperanzado y necio son que la desigualdad crece y crece y así en la España de 2013 el 20% de la población de ingresos más elevados tiene una participación en la renta total mucho mayor que la que tiene el 60% de población de menores ingresos. Y la brecha se sigue ampliando mientras las autoridades ignoran o fingen ignorar que no habrá milagro y, por el contrario, si nadie lo remedia, se seguirá cumpliendo para regocijo de los menos la bíblica Parábola de los Talentos: “al que tiene, le será dado y tendrá más; y al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado (Mateo 25:29)
Así es que ni la austeridad logrará sentar la bases del nuevo desarrollo más racional y sostenible como pretenden sus apóstoles, ni el futuro crecimiento lastrado por tantos cadáveres sociales, conseguirá desandar la galopante marcha hacia la desigualdad y la destrucción de una generación al menos y buena parte de las clases medias.

Jhon Ralston Saul es un tipo elegante que, para nada ofrece la imagen de un perroflauta. El presidente del muy prestigioso y bastante glamuroso Pen Club Internacional, ha escrito El colapso de la civilización y la reinvención del mundo, una obra que está a punto de alcanzar el medio millón de ejemplares de venta. Tanto el libro como la personalidad de su autor, pone de los nervios a los poderosos: parece uno de los suyos, pero no lo es.
En una entrevista concedida a El País Semanal (3 de febrero pasado) le dice al periodista (Joseba Elola) lo siguiente: “La ironía es que la globalización ha conducido a lo opuesto de lo que prometía. Prometió competencia y ha causado el regreso a los monopolios; prometió renovación del capitalismo y ha supuesto la vuelta al mercantilismo; prometió el final del nacionalismo feo y ha traído la era más nacionalista desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Prometió crecimiento, no tenemos crecimiento; prometió empleo, no tenemos empleo…” Y sigue: es que “la globalización es algo económico…solo de forma marginal. Es una cuestión de política y de control, de poder; es un modelo social…y se rompe porque como modelo social no funciona y siembra la catástrofe por el camino”

Cómo recuerda todo esto ciertos debates de los setenta en torno a la figura de Milton Friedman y a los terribles efectos colaterales de sus teorías sobre la organización de la sociedad disfrazadas de teorías económicas.
Un golpe de Estado, según la definición clásica (coup d'État) es la toma del poder político, de un modo repentino y violento, por parte de un grupo de poder, vulnerando la legitimidad institucional establecida en un Estado, es decir, las normas legales de sucesión en el poder vigente con anterioridad. Todos imaginamos con facilidad lo que es, especialmente quienes tenemos en la memoria el 23F.

Pero, en puridad y acorde con la definición propuesta, para vulnerar la legitimidad institucional no es preciso el concurso de un tipo ridículo gritando “¡se sienten, coño!” Quizás bastaría con alcanzar el poder por medios democráticos e incumplir acto seguido el programa electoral que hizo posible la toma del Gobierno de la nación, al cabo no deja de ser un procedimiento “repentino” y violento por cuanto en unos pocos meses se pone de manifiesto una gran mentira que, en efecto, violenta las reglas de juego. Desde luego que eso no comporta la violación de las normas legales de sucesión, pero pone muy en duda la legitimidad del proceso y señala a quien lo ejecuta como cómplice de un estado de cosas que, este sí, da al traste por vaciamiento sostenido con el ordenamiento acordado en los órganos de representación legítima de los ciudadanos.
Así es que más allá de las tonterías que se le puedan ocurrir a un político regional bastante limitado, cuando se dice que hay un golpe de estado de los mercados, se está convirtiendo en eslogan una realidad compleja pero bien real y presente: que quienes ofician esta liturgia infame de la austeridad y la reducción brutal del déficit como chamanes poseídos por la verdad (o el deber que diría el otro), están poniendo en riesgo la democracia misma. ¿La mansedumbre de la gente refugiada en la solidaridad y el apoyo mutuo frente a tanta agresión durará siempre? A mí me parece que eso no es una seña de identidad de esta era como a veces se dice bobalicona y irresponsablemente; que eso cambie es solo cuestión de tiempo; y es la desigualdad creciente lo que hará saltar la espoleta.

Y, una vez más, habrá que oponer a la fatalidad que hay otros caminos. Claro que se puede. Dice Ralston Saul por ejemplo: “La deuda pública tiene peso moral, pero la privada no. ¿Cómo se come eso? …pero “Si el sector privado se puede librar de la deuda (dación en pago de las grandes constructoras, rescates a la banca y tantos ejemplos más) el sector público también” ¿A que resulta sugerente? Pues hay antecedentes, y los ejemplos históricos más llamativos y en cierto modo paradógicos son Alemania y Estados Unidos.
La cuestión es si los gobernantes van a esperar a que un número suficientemente elevado, crítico, de personas ya no tenga nada que perder. Es que entonces, igual acaba teniendo razón el tonto.

lunes, 18 de febrero de 2013

Ni servicios sociales ni escuelas infantiles


Hay una medida tomada por el Gobierno en el Consejo de Ministros del pasado día 15 que ha pasado bastante desapercibida y que es, sin embargo, un ataque furibundo (otro más) en la línea de flotación del estado del bienestar. Se trata de un anteproyecto de ley que contiene reformas de gran calado en las administraciones públicas.
La que ha llamado más la atención es la limitación de los sueldos (cuando no eliminación de las retribuciones regulares) de los alcaldes y concejales. Y es esto sin duda de gran trascendencia pues, de llevarse a efecto, estaríamos ante una singular democracia que solo permitiría el ejercicio de la política activa a los ociosos con posibles, que propiciaría las privatizaciones o, como diría esa gentuza que a base de contumacia ya resulta infantiloide, la externalización de la gestión hasta extremos nunca vistos.

Pero de mayor incidencia que la anterior es la pretendida retirada de las competencias a los Ayuntamientos en materia de servicios sociales y educación infantil.  De salir adelante lo que el Gobierno establece en el anteproyecto de ley, tales competencias se cederían a las Comunidades Autónomas. Eso sí, las autonomías no recibirán financiación adicional para atender esas nuevas obligaciones. El resumen ya saben cuál es: desaparecerán o las atenderá la iniciativa privada previo pago de todo bicho viviente.
De lo que hablamos es del enfermero que cuida por horas a una persona imposibilitada o del colegio en donde los padres dejan a los pequeños cuando ambos se van a trabajar.

Entre las cosas que la crisis (o más propiamente, la gestión que se está haciendo de la crisis) se ha llevado por delante como un auténtico tsunami, está aquello que en su día se llamó la segunda descentralización y que, en un resumen de alcance, consistiría en dar más autonomía a los ayuntamientos como administración más cercana al ciudadano y, por tanto, la más adecuada para prestar servicios como los que ahora dejarán de ofrecer si en el trámite parlamentario no lo remedia.
En realidad se trataba, en lo que hace al asunto que comento, de dar carta de la naturaleza a lo que ya ocurría de hecho, pues los consistorios habían ido asumiendo prestaciones sin que en muchos casos fueran en realidad de su competencia. Naturalmente, aquello implicaba disponer las adecuadas previsiones presupuestarias, igualmente descentralizadas poniendo así orden y concierto en un verdadero caos en el que los fondos salían de las propias arcas municipales, de las diputaciones, de algunas mancomunidades o de la Administración Central.

Nada queda de aquello, de aquel movimiento del municipalismo que hasta sus popes tenía, aunque ciertamente, esta meditada y concienzuda reforma (responsables de Sanidad, Hacienda y Educación han estado dándole al magín por lo visto) pone orden: se arrasa con todo y así no hay problemas. Porque eso es exactamente lo que ocurrirá. Y al Gobierno del Partido Popular (el papel del PSOE –que ha estado en las negociaciones- en todo esto, es extraño e incomprensible) parece importarle poco si traslada a las comunidades autónomas un problemón que éstas no van a poder explicar a los ciudadanos, como no podrán hacerlo tampoco los ayuntamientos.
Pero, a estas alturas ¿hay alguien a quién sorprendan estas cosas?

domingo, 17 de febrero de 2013

La otra impunidad

En medio del griterío ambiente, a veces se nos escapan detalles que a mi modo de ver tienen importancia capital. El paradigma (y disculpen el palabro) de lo que digo es, por ejemplo, el caso de la conversación que mantuvieron hace algún tiempo en un restaurante barcelonés María Victoria Álvarez, pareja que fue de Jordi Pujol Ferrusola y la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho.

A todo bien nacido le parece repugnante que se espiara la conversación mantenida entre dos ciudadanas y que alguien encargara tal práctica. Si el inductor del espionaje fue el PSC, convendremos en que deben depurarse responsabilidades políticas y penales. Pero ¿qué hacer ante el hecho de que una responsable política conociera conductas presuntamente delictivas a juzgar por los indicios más que sobrados, y no lo denunciara en su momento ante la Policía o las instancias judiciales? ¿Por qué no lo hizo? ¿Esperaba sacar partido político de la información que recibía?

Si Álvarez, al fin  y al cabo una simple particular, actuaba movida por el despecho o la búsqueda de algún beneficio más bien bastardo, eso merecerá el juicio moral que cada cual entienda apropiado. Pero, no siendo en puridad y a priori una conducta punible, ¿cómo calificar la actuación de Sánchez Camacho?

Es, ya digo, un simple ejemplo que ilustra sin embargo bien, creo, esa especie de impunidad de perfiles no definidos en ningún manual en la que se mueven ciertos personajes, cuyo hábitat natural son las charcas del eufemismo y las medias verdades.

Cuesta trabajo en estos tiempos discernir qué es lo que más daño está haciendo a la sociedad española. Es claro que la situación económica y una desastrosa gobernanza que ahoga a los ciudadanos para obtener a cambio apenas algunas esperanza en el largo plazo y en las que ya casi nadie cree, es nuestro principal problema, ya se observe desde el punto de vista del desempleo, la falta de crédito a las empresas, la laminación de lo público, la brecha cada vez mayor en la desigualdad…y cuantas miradas se quieran proyectar sobre la realidad que padecemos.

No se queda atrás desde luego el problema de la corrupción, ya sea descubierta o percibida, que en este asunto sucede como con la seguridad: todo especialista en esa materia sabe que no basta con resolver aquello que representa una amenaza objetiva; es necesario que los eventuales amenazados sientan que, en efecto, están razonablemente a salvo. Y, en este sentido hemos de soportar la corrupción en sí misma y estas conductas del mismo pelaje que la descrita en el ejemplo propuesto que, por acumulación, produce un efecto verdaderamente devastador en cualquier sociedad:

Por referirme solo a un caso, por lo demás el más llamativo de los que padecemos: lo que hace el Partido Popular tratando de enfrentar las sospechas de financiación ilegal y cobros de significados dirigentes en dinero negro, publicando declaraciones de la renta y realizando auditorias internas (por cierto ¿alquien sabe que fue de la auditoria externa que también se anunció en su dia?) es un burla que viene a incrementar las sospechas por mucho que, en una pirueta ridícula, acaben pidiendo a los demás un ejercicio de transparencia que ellos pervierten con su actuación.

No parece que haya que conceder especial crédito a un tipo como el socio de Urdangarín pero, por citar algo que concierne a la más alta magistratura del Estado, aún cuando la Casa del Rey resultara en su caso implicada en los tejemanejes del susodicho, eso sería menos grave que el poso de incredulidad y desconfianza que va a dejar tanta miseria intelectual, tanto disfraz, tanta trampa, en un país que algún día deberá echar mano de su autoestima y la confianza en sus posibilidades, para tirar de nuevo hacia delante. Y quieres juegan ese juego peligroso, quedarán impunes; así se escribe la historia.