jueves, 23 de mayo de 2013

Por si a alguien le pasa lo que a mí, o a la búsqueda de un hombro en el que llorar.


He perdido un amigo. A mi modo de ver, no supo entender que las discusiones sobre lo que pasa en nuestro país nunca debieron pasar ciertas (como se dice ahora hasta el hartazgo) líneas rojas. Le pedí algo de mesura. Replicó que hacía uso de su libertad de expresión. Ya no nos hablamos.
Me he sorprendido a mí mismo pidiendo a otros amigos que no hablemos de política. Les he recomendado que se expresen allá en donde haya un foro para hacerlo sí, pero si nos encontramos en esos espacios de libertad que aún quedan, que no debatamos; no entre nosotros. Nunca creí que haría una petición así, casi un ruego. Y no me siento bien por ello.

Tan grave es lo que nos pasa que empezamos a tener que elegir entre las ideas y los sentimientos. Y eso tiene muy mala salida.
Es que están rompiendo en pedazos todo aquello en lo que creí a lo largo de una vida y, además, aseguran que es por nuestro bien. Destruyen el presente (el mío y el de mis hijos) y pretenden que crea que es para preservar un futuro sobre el que nada explican; solo piden que tenga fe.  

Amo a mi país. Amaba a mi país. Pero ya no lo reconozco. Mi país es su gente, nuestras costumbres, nuestra cultura, nuestras libertades, nuestros derechos; todo eso que se tarda generaciones en construir. No es ninguna bandera, ningún credo, ninguna nostalgia.
Y, si no tengo trabajo, si no lo tienen mis hijos, si me roban en la sanidad, en la enseñanza, en la política, en el ocio, en mi derecho a disfrutar de una vejez tranquila… si abandonan a su suerte a los más desdichados, aquellos que no pueden valerse…si incumplen lo que prometieron; si confunden la pertenencia a un proyecto global que nació hermoso con el servilismo a los más fuertes; si no hay a quien recurrir para intentar que los actores de esta especie de golpe de estado blando (¿blando?) que vivimos cada día se aparten porque la mala conciencia les tiene amordazados; si mandan y vociferan los estúpidos, los mediocres, los miserables; si en estos tiempos es preciso estar seguro de en qué lado está cada cual ¿tendremos que deberles también que maten la amistad?

miércoles, 15 de mayo de 2013

15M: yo también soy antisistema


La Delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes ha declarado en una entrevista al Huffingtonpost (http://www.huffingtonpost.es/2013/05/15/cristina-cifuentes-cree-q_n_3277071.html) que el 15M ha perdido apoyos por acercarse a Izquierda Unida.
Los grandes (¿por qué se dirá “grandes”?) partidos acogen los datos que ofrecen numerosas investigaciones realizadas por institutos demoscópicos de diferente pelaje, con un escepticismo que raya en lo patético: vienen a decir que, aunque en las estimaciones de voto llegan juntos al 50 por ciento de los sufragios con dificultad (83,8 por ciento en las Generales de 2008) el bipartidismo goza de buena salud; los dos creen que la desafección es más o menos coyuntural y que pasará con la crisis.

Resumen: Ni la chica de moda ni las cúpulas (¿por qué se dirá “cúpulas”?) de PP y PSOE se enteran de nada.
Uno: Lo de Cifuentes, no merece una elemental reflexión. Solo es puro cálculo de márketing político de tercera clase en boca de alguien que lo mismo enarbola la porra que pone caras que dan penita. Vamos, la mera posibilidad de aspirar a sustituir a Ana Botella, una de las alcaldesas más incapaces del mundo mundial, da idea de qué coeficiente intelectual podría precisar la aspirante para sobrepasar de largo a la Regidora.

Dos: A la ensoberbecida parroquia del PP (la que, a pesar de los pesares sigue siendo fiel) todo lo que huela a 15M le provoca sarpullidos: gente que grita, se manifiesta, en fin…la gentuza de toda la vida. A esos es inútil explicarles nada. Y a los descreídos con el partido al que votaron, tampoco, al fin y al cabo muchos de ellos saben lo que es porque han estado allí: en las plazas, en las calles...
Tres: A los que aprovechan las manifestaciones para hacer el cafre, hay que aplicarles la ley y no entretenerse mucho más en ese asunto. Son, lo que son, delincuentes.

Cuatro: ¿Qué hay de la izquierda? Pues, como no vamos a detenernos ahora en el farragoso ejercicio de poner apellidos, espigar matices y pedigrís, digamos que, a mi juicio, si de verdad los partidos de izquierda (no solo en España) quieren iniciar un proceso transformador que no se limite a afrontar la crisis de otro modo, sino que nos ponga más o menos a salvo de otras venideras, lo que han de hacer es incorporar las reivindicaciones del 15M, tales como el desarrollo de la democracia participativa, la modificación de las leyes electorales, el establecimiento de controles a la actividad financiera y tantos etcéteras que es posible encontrar en la abundante literatura que está disponible a poco que se tenga interés en encontrarla e informarse sin apriorismos.
Y cinco: Si a estas alturas hay quien dice cosas como que el 15M ha perdido fuelle o que no formula propuestas concretas, etc, o es necio o tiene interés en desprestigiar lo que le asusta y que no puede ser concebido como un sujeto orgánico definido, al estilo que lo sería un partido político tradicional.  

Por decirlo de manera simple: ya no se ocupa la Puerta del Sol o Wall Street, pero las mareas, verde, blanca, negra y de cualquier color, son 15 M; como lo es la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, los foros en redes sociales o las asambleas de pueblo o de barrio que se siguen celebrando…El 15M puede ser un acto individual de desobediencia civil o puede estar inspirando algo como Democracia Digital Andalucía que, en estrecha concomitancia con la Junta, está elaborando un borrador de la Ley de Participación Ciudadana.
El catedrático de Ciencias Políticas, Joan Subirats (http://politica.elpais.com/politica/2013/05/11/actualidad/1368298983_295130.html), viene defendiendo que vivimos en un “sistema político muy cerrado, opaco y tendente desde la Transición al pacto entre élites” y se produce la “…constatación ciudadana de que los que mandan, llámense Zapatero o Rajoy, son meros transmisores de órdenes ajenas al control democrático”

Si hemos de referirnos a España, creo que los acontecimientos que vivimos y las actitudes no solo de los dirigentes de los partidos políticos, sino de la clase dirigente en su conjunto, demuestran cada vez más que el sistema del que habla Subirats empieza a estar obsoleto.
En este sentido no se trata tanto de oponer ser “gente de orden” a ser “antisistema” Si me permiten la broma, podemos ser antisistema y gente de orden, solo que de otro orden, del que sea capaz de responder a lo que hoy necesita la sociedad.

Una vez más, por decirlo de manera simple: enterremos de una vez la Transición en la Historia; si quieren con letras de oro, pero dos metros bajo tierra. ¿Sáben qué creo? No es la gente en la calle quien ha matado el espíritu de los ochenta: son los mercados y la inoperancia del Estado y sus servidores los que han liquidado aquello...y ya huele.

domingo, 12 de mayo de 2013

Reshma Begun rescatada ¿rescatada?

Según explican las crónicas, el viernes 10 de mayo, cuando ya no se esperaba encontrar a nadie con vida bajo los escombros del edificio Rana Plaza, en Dacca, Bangladesh, un miembro del ejército ordenó parar las máquinas excavadoras porque acababa de oír un ruido; al poco, escuchó también un hilo de voz que pedía “sálvenme” Removieron de nuevo aquella infame tumba colectiva y, 17 días después del desastre, apareció Reshma Begun ataviada con un vestido morado y un fulard fucsia, según hemos visto en las fotos.

No ha trascendido, aunque no es probable, si la ropa de esta chica llevaba las etiquetas de Primark, El Corte Inglés, Bon Marché, Jose Fresh o Beneton que son, entre otras, las marcas que tenían producción en el edificio que se vino abajo matando a 1.050 personas, hiriendo a 2.500 y quién sabe si guardando aún entre sus tripas más gente. Sí amigo lector, ha hecho bien los cálculos: en ese inmueble de tres plantas trabajaban más de 3.500 personas.
Unos meses antes, un incendio mató a 112 trabajadores en la Tazreen Fashion Factory, también en Dacca. Allí había producción de firmas como Tommy Hilfiger, Calvin Klein, PVH o Tchibo. En este caso no se pudo comprobar si la ropa de los fallecidos era de esas marcas: o se había chamuscado pegada como una segunda piel a los cuerpos o estaba ennegrecida por el humo que los ahogó.

Buena parte de estas firmas, europeas y estadounidenses se han apresurado a indemnizar a los afectados (¿debería decir, masacrados?) aunque, no crean, no todas: Walmart (la que más fabricaba en Tazreen), Sears/Kmart o Disney, no han entendido que tuvieran obligación alguna en este sentido; como el argumento es viejo, seguramente pensarán que al fin y al cabo, sin ellas esa pobre gente no tendrían trabajo, así es que ya hacen bastante por el pueblo bengalí y, en general para luchar contra el hambre en el mundo.
Por su parte, el Gobierno de Bangladesh, preocupado porque las grandes compañías puedan decidir irse a matar gente a otro sitio y perder así este sector tan vital, ha decidido emprender algo tan avanzado como una reforma laboral que garantice el derecho a sindicarse y a la negociación colectiva.

La economía de Bangladesh crece al 6 por ciento y el salario mínimo mensual es de 29 euros, que viene a ser lo que cuesta en Europa una camiseta o un juego de sábanas normalitas fabricadas allá.
Le aseguro, amigos lectores de buena fe, que no pretendo darles el día. Si se sienten un poco (o un mucho) culpables es cosa de cada cual. Ni siquiera insistiré en mencionar asuntos como las distintas formas posibles de avanzar en el paradigma de la competitividad, o en el karma del crecimiento como antesala del bienestar social. Pero, si aún les aguanta el estómago, lean un poco más.

Nada de lo que ha sucedido en Bangladesh es nuevo; nada de lo que está ocurriendo en este preciso instante en distintos lugares de Asia, Africa o América Latina, lo es. No tengo datos actuales; ni falta que hacen: sin duda todo ha ido a peor y, si alguien considera que esto que acabo de decir es pesimismo, o demagogia o agitación, allá cada cual; sinceramente me importa una higa: en estos tiempos hay argumentos más que suficientes a poco que se ponga algo de atención en lo que sucede a nuestro alrededor, lejos o mucho más cerca, para darse cuenta de que para la gente decente ha pasado el tiempo de los matices, de las sutilezas, de toda esa mierda argumental que trata de esconder las excrecencias criminales del capitalismo salvaje y su sustento pseudointelectual: el neoliberalismo.
Datos de la Organización Nacional del Trabajo para el período 1980-1993: en la fría y aséptica Finlandia, descendió el porcentaje de empleados en el sector textil y del calzado en un 71,7%; en la muy avanzada en términos de prestaciones sociales Suecia, un 65,4% y en la España, de los tiempos en que el desempleo caía del 16 al 24%, la ocupación (no por destrucción de los puestos de trabajo) bajaba en el sector en un 35,3%. En ese mismo ámbito de la economía y la industria, en las remotas Islas Mauricio creció el número de trabajadores en un 344,6%, en el cómodo y cercano Marruecos un 166,5% y en la trastienda del imperio, nada más cruzar el Río Bravo, en México, un 85,5%. Pero, seguramente, aquellos barros no tienen que ver con estos lodos y la deslocalización no está relacionada con que paguen los de siempre los beneficios de los mismos.

O, tal vez sí porque, por poner un solo ejemplo más, según los Servicios Financieros de Reuters, en apenas 6 años, entre 1993 y 1997, Adidas inició un vertiginoso proceso de expansión hasta el punto de pasar de unos beneficios de 50 millones de marcos alemanes a 500 millones. ¿Saben cuál era el salario por hora que cobraba en esa época un operario de la fábrica de la marca alemana en Yue Yuen Factory, un gran holding de Taiwan? 0,19 dólares.
Que cada cual juzgue…o mire para otro lado.

domingo, 28 de abril de 2013

Y tu ¿de quién eres? O, mejor, ¿de qué lado estás?


Hay gente honesta, sensata… y perpleja, que añora los tiempos de aquello que se llamó consenso, que recuerda, o cree recordar -la memoria puede ser inducida- aquel tiempo que conocemos como la Transición casi como una Arcadia.
Son demócratas convencidos, o sobrevenidos que para el caso tanto da, y hoy estupefactos, precisamente por que tratan de vivir en una suerte de estado de honradez intelectual. Son gentes que respeto incluso cuando deciden colocarse a sí mismos en tierra de nadie. Como corresponde a quienes comúnmente apelan a conceptos tales como el sentido común, la libertad, los valores, etc, prefieren la ilusión de la equidistancia.
Pero hoy es solo eso: una ilusión, la expresión de un voluntarismo que en realidad, les coloca fuera del tiempo. Y eso, el voluntarismo, conduce -como dijo no recuerdo quien- solo a la melancolía, o a convertirse en la práctica y por muy involuntariamente que se quiera, en cooperador necesario precisamente de las fuerzas cuya acción en nuestra cotidianeidad dan lugar  a la perplejidad, la duda, esa extraña sensación de decepción no confesada a uno mismo aunque más que intuida y que nos hace desvelarnos por la noche y cocernos en el caldo de la confusión.

No me refiero, como resulta obvio, a esas gentes que no dudan ni a los que han decidido que resulta cómodo (y puede que hasta lucrativo) aceptar más o menos a pies juntillas, interiorizado o solo simulado, uno u otro credo. Esos forman parte de este juego perverso que vemos cada día y que a tanta gente nos resulta tan ajeno y hasta dañino.
Hace poco Javier Pérez Royo escribía lo siguiente: “La contradicción entre el programa electoral y la acción de Gobierno es prácticamente absoluta. El Gobierno ocupa la potestad legislativa recurriendo permanentemente al decreto ley. Esquiva el control parlamentario, abusando de su mayoría en la interpretación del reglamento del Congreso de los Diputados, y se exime del control de los medios de comunicación de manera permanente, negándose a admitir preguntas o a dar ruedas de prensa. El ejercicio del poder está siendo un ejercicio fraudulento. Formalmente, la Constitución no está suspendida, pero materialmente no hay ni una sola institución que esté cumpliendo su tarea de la manera constitucionalmente prevista”

O sea, lo que estamos viviendo es un golpe de estado, “diferido” como hubiera dicho uno de eso personajillos de nuestra farsa diaria que tanto juego dan a otros personajillos de la misma comedia triste y bufa para proseguir con el juego estéril del gobierno y la oposición, tan viejo, tan pasado, tan sin sentido alguno ya.

Sí, las instituciones de la democracia y sus instrumentos son los que son: desde la Constitución, al más elemental reglamento de gobierno municipal. Y resulta inquietante que alguien proponga cambiar ese orden: porque hubo un tiempo en que funcionó y porque los manuales al uso dicen que así ha de ser por los siglos de los siglos amén.
Pero por inquietante que sea, eso –ese cambio- ya ha ocurrido como muy bien expresa Pérez Royo. Y no, precisamente, por acción de la voluntad popular, ni por el enfado de la gente, sino más bien por la infernal conjunción de los mercados, agentes supranacionales con capacidad para asumir espacios de soberanía y por el entreguismo de los gobiernos nacionales.

Así es que, a mi juicio, va siendo hora de salir de la burbuja y preguntarse no tanto “¿de quién eres?” como se decía antiguamente, sino “¿de qué lado estás?” porque la batalla por la democracia, la nueva, la rediviva democracia está al caer. ¿Nos queda otra? Francamente, espero que no.

lunes, 22 de abril de 2013

Boston


Habrá quien esté persuadido de que no tiene sentido pararse a reflexionar. Puede que, incluso el hecho mismo de hacerlo, pueda ser interpretado por algunos como una concesión. Pero el ser humano necesita saber; aunque no encuentre una explicación suficiente por mucho que se esfuerce, es necesario intentarlo: en eso consiste en gran medida vivir.
Me estoy refiriendo, sí, a los atentados de Boston.

Hasta la palabra “atentado” me resulta insuficiente; sí, acorde con el diccionario, define bien lo sucedido en la ciudad estadounidense pero ¿contra qué han atentado los hermanos Tsarnáev?. Sí, es obvio, las víctimas son la gente. Pero ¿contra qué han dirigido esa furia tan doméstica como destructora? ¿contra un símbolo? ¿qué símbolo? No me parecen respuestas suficientes “nuestro modo de vida” “la libertad” “occidente” y tantas otras tan vagas como incapaces de explicar nada. ¿Que solo es la espantosa consecuencia del fanatismo? Como conclusión es francamente endeble y como explicación nada aporta.
Los Tsarnáev emigraron hace mucho tiempo a Estados Unidos, Dzhojar, el que sigue vivo, era un niño pequeño. Los dos se criaron en esta ciudad que tiene un nivel de vida de los más altos del mundo; ya en el año 2.000 su renta per cápita superaba los 19.000 dólares. Boston es una de las ciudades más antiguas del país y mezcla un cierto encantador provincianismo que procede de su tamaño relativamente pequeño con la proyección de ser el núcleo de un área metropolitana que incluye condados como Massachusetts, Rhode Island y parte de New Hampshire, es decir, un espacio de cultura, prosperidad y desarrollo que se ejemplifica en universidades como Harvard o institutos como el Tecnológico de Massachusetts, por citar solo dos de sus instituciones más ilustres.

Ese espacio de referencia es el de los Tsarnáev; es ahí en donde se formaron y, que procedan del remoto Cáucaso y su familia lleve indómita sangre chechena parecería una mera, exótica, anécdota. Por lo demás, ningún grupo radical ha reclamado para sí la negra gloria de la destrucción. Los Islamistas del Cáucaso y la guerrilla daguestaní, dos de los grupos más activos, se han apresurado a asegurar que su enemigo no es Estados Unidos sino Rusia.
No se sabe demasiado aún, pero ha trascendido por ejemplo, que el mayor de estos hermanos, Tamerlan, tenía permiso de residencia desde 2007 y ya conocemos el cuidado que las autoridades USA ponen en estas cosas, especialmente después del 11-S.

Los Tsarnáev, como varios de los terroristas del mismo 11-S, los del 11-M en Madrid o los de los atentados del metro londinense, por citar solo tres de los episodios más terribles que nos ha tocado vivir, no eran campesinos talibanes desplazados desde las montañas afganas para cometer los crímenes. No me extenderé: quizás debiera bastar con recordar que los de Londres eran británicos, de piel oscura, pero británicos.
Como se comprenderá espero, no tengo la menor intención de dar argumentos al terrorismo; sería además estúpido, al fin y al cabo yo, como cualquiera, podría haber estado tras las vallas de Boylston Street y la metralla se me habría llevado por delante con mis dudas y mi necesidad de comprender incluidas.

Pero me parece que esa tendencia a detenerse en lo irracional de cualquier terrorismo y apartar como sospechoso cualquier intento de entender lo que nos pasa, es estúpida y, sobre todo, suicida. ¿Se podría haber evitado lo de Boston, lo de Nueva York, Madrid o Londres? Cae de su peso que no: por eso pasó ¿Sucedieron aquellos acontecimientos por negligencia, falta de previsión o incapacidad? Claro que no. La seguridad absoluta es solo una quimera.
Podemos identificar enemigos en grupos organizados o países que más parecen un nido de delincuentes que otra cosa, pero ¿cómo protegernos de quien vive en el piso de arriba, nos saluda amable cada día, estudia junto a nuestros hijos o amigos, participa en actividades deportivas, se comporta todo el tiempo y en toda circunstancia como uno más? ¿Podemos protegernos de eso? No tenemos respuesta. Y la necesitamos, como demuestra la tozuda, dramática, realidad.

lunes, 15 de abril de 2013

Quién nos lo iba a decir


Toda la vida creyendo que podrían venir los comunistas a destruir la propiedad y quitarnos lo que creíamos que por derecho natural nos corresponde y ahora resulta que son los bancos, con el permiso de los Estados y el visto bueno de las instituciones europeas, quienes se dedican a esquilmar a sus ciudadanos. Qué cosas.

Depósitos: si usted tiene la desgracia de ser chipriota y, con su esfuerzo y/o el de su empresa ha conseguido ahorrar un poco más de 100.000 euros, su gobierno le va robar una parte sustancial siguiendo los consejos de la UE, a fin  de remediar el desaguisado provocado por la banca y el capital financiero en curso de defraudar al fisco que, por lo demás, ya le robaban a base de comisiones, intereses de demora y demás triquiñuelas y lo seguirán haciendo en el futuro. Si usted es portugués, español y puede que hasta austriaco o belga, tiéntese la ropa…
Preferentes y subordinadas: Si le hizo caso a su banco o caja de toda la vida (incluso si era usted titular de una cartilla que le abrieron sus abuelos cuando hizo la Primera Comunión, caso que hemos conocido estos dias) en la esperanza de sacar un rendimiento ligeramente más ventajoso a sus ahorros que el exiguo interés de una cuenta corriente o una a plazo fijo, ahora su gobierno, de nuevo con la complicidad de la UE, le va a robar aplicando un decreto ley una parte de esos dineros que guardaba para ayudar a su familia, complementar su mierda de pensión o, tal vez, terminar el pago de la hipoteca sin sobresaltos.

Desahucios: No, no va a poder entregar su casa de vivir, con mucha pena pero con alivio, con el propósito de saldar el préstamo hipotecario cuyas cuotas pagó religiosamente mientras tuvo un trabajo que le arrebató la crisis que usted no ha provocado. No lo permite su Gobierno, aunque eso sí, obligará a sus acreedores a aflojar un poco la cuerda con la que le sujeta del pescuezo para que su sufrimiento se alargue unos años y vuelva a estar en el disparadero de nuevo en un plazo que permita a ese Gobierno vender que le está haciendo un favor.
Sanidad, educación, prestaciones y servicios sociales: usted se creyó que vivía en un mundo en el que la cobertura pública de esas necesidades elementales estaba en el fundamento mismo de su vida en sociedad. Pero, después de constituirse en propietario de esos bienes por derecho propio y a base de contribuir con su esfuerzo durante toda una vida, ahora quienes gestionan la Administración Pública, igualmente con la aquiescencia de la UE, le roban en las pensiones, en las ayudas a la dependencia…y están en trance de entregar a unos pocos para que hagan negocio aquello que era público, es decir, suyo, de todos.

En ese escenario, suceden cosas: En Portugal, los jueces encargados de imponer la norma constitucional tumban decisiones de un Gobierno que no se cansa de ceder soberanía y ponerse del lado de los especuladores, los que defraudan al fisco y los que sobrevuelan como buitres sobre todo lo que aún sea de titularidad pública.
En Chipre, su Parlamento palía en parte el atraco a los ahorros de sus ciudadanos, pero es a la postre incapaz de que el expolio se consume por cualquier otra vía.

En Andalucía ponen en marcha la primera norma con claro marchamo de izquierdas (sí, incluidos los últimos Gobiernos llamados socialistas de España) y plantean expropiaciones temporales de viviendas para frenar en seco el drama humano de los desahucios; y, encima ¡lo hacen bien! pues muchos juristas consideran la norma es irreprochable en pura ortodoxia jurídica, tanto que hasta el PP, que salió en tromba en un primer momento para negar la mayor, se muerde ahora las uñas y caya prudentemente.
Un número significativo de jueces se coordinan para superar el vacío legal y la inseguridad jurídica que deja la tibieza, cuando no la inacción, del Parlamento para dar respuesta al dictamen del Tribunal Superior de Justicia de la UE considerando contrario a la normativa europea sobre derechos de los consumidores nuestro sistema de desahucios.

Y, por poner fin al comentario con algo que estoy escuchando mientras escribo esta nota: una investigación realizada por el instituto MyWord para la Cadena Ser, muestra por ejemplo que para los encuestados, el Gobierno sí tiene margen de actuación y no tiene las manos atadas como a menudo se dice; un porcentaje elevado ha participado en protestas de algún tipo; organizaciones como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca o Caritas gozan del favor de una buena mayoría, algo que no le sucede a los sindicatos, etc, etc. Un dato que tal vez mida el grado de crispación de la parroquia: a Cospedal le parecerá que los escraches son “nazismo puro” pero el 59 por ciento de quienes fueron preguntados en esta investigación están de acuerdo en que es una buena forma de presión, incluso hay un 8% que cree que lo es aunque en alguna ocasión la gente se pueda extralimitar.
http://www.cadenaser.com/csermedia/cadenaser/media/201304/15/espana/20130415csrcsrnac_1_Pes_PDF.pdf

No creo que haya que felicitarse por lo que muestra la referida encuesta. Como no me parece que recurrir a las expropiaciones deba ser otra cosa que una medida excepcional que trate de responder de forma radical a dramas que precisan de urgente y radical solución. Como no creo que deba ser, en condiciones normales, función de los jueces tener que concertarse para enmendar la plana a gobiernos que se han acabado creyendo el Estado mismo, o ser agentes involuntarios en el ejercicio escrupuloso de su función, de una quiebra del Estado de Derecho al confrontarse al Ejecutivo en asuntos de fondo. Como no me parece que el descreimiento creciente (cuando no la animadversión) de los europeos a esta Europa que la ideología dominante impone como una apisonadora, sea una buena noticia en este mundo global.
Si a todo eso se añade la corrupción rampante, el desprestigio mismo de instituciones claves hasta ahora como la monarquía o el sistema de partidos políticos como muestra cualquier indicador que uno quiera observar, uno tiene. la tentación de pensar que si esto revientará o no, es solo cuestión de tiempo.

Podremos dar más o menos credibilidad a la encuesta que vengo mencionando. Pero permítanme que mencione un solo un dato más. Un 39% de encuestados muestra su acuerdo con la siguiente proposición: “Últimamente, pienso que la democracia tiene demasiados fallos y que no es mejor que otros sistemas políticos” No sé a ustedes, pero a mí me pone los pelos de punta.

lunes, 8 de abril de 2013

La quiebra del Estado de Derecho como paradoja


Desde luego, el intento de hacer pagar a los ahorradores chipriotas con sus cuatro cuartos, la situación a la que han llevado a su país los corsarios de las finanzas con el consentimiento doloso de sus autoridades y de Europa, amén de las incendiarias declaraciones del presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, en aquellos días, da idea de hasta dónde está dispuesto a llegar el neoliberalismo suicida con el acompañamiento de las instituciones de la Unión Europea, esa cosa a medio hacer que cada día le sirve menos para algo práctico a los europeos, incluidos alemanes, belgas, austriacos, holandeses, etc, como observamos cada vez con más claridad.

En Chipre paró el proceso el Parlamento. En Portugal lo ha hecho el Tribunal Constitucional. En España, está al caer un acontecimiento similar y será también el Constitucional quien saque las patas por alto.
En nuestro país, la Audiencia Nacional a instancias del personal laboral de la empresa pública Cetarsa, determinó a principios de marzo pasado consultar al Tribunal Constitucional si la supresión de la paga extraordinaria de diciembre de 2012 supone una vulneración del derecho a la no retroactividad de las normas restrictivas de derechos individuales: todo el título I, y en particular el Artículo 9 están dedicados a este asunto en nuestra Carta Magna.

Si el TC falla en contra, como cabe esperar, tal fallo se extenderá a todos los casos en los que se han planteado reclamaciones por la misma razón (por lo general en vía contencioso administrativa) y nuestra situación será idéntica a la de Portugal en donde, recordemos, su Tribunal Constitucional ha determinado que deberán abonarse las pagas extra a funcionarios y jubilados  a quienes en su día se les negó.
Más allá de la peripecia concreta, lo que me llama la atención es que esta crisis empieza a serlo también institucional: ¿cómo calificar si no una situación en la que se produce un choque frontal entre el ejecutivo y el legislativo (en Chipre) o entre el ejecutivo y el judicial (en Portugal) sobre la base de los derechos fundamentales de sus ciudadanos, con la perplejidad de Europa como telón de fondo? ¿No son éstos, síntomas de una quiebra en el Estado de Derecho?

Las declaraciones del primer ministro luso, el conservador Passos Coelho, son meridianas: “El Tribunal debía haber observado el contexto económico y financiero del país. Y déjenme que les diga que este no es un problema para el Gobierno: este es un problema para el país”
Es decir, que para este fino estadista la separación de poderes y los derechos individuales no son absolutos como ingenuamente habíamos creído; dependen de la coyuntura o, más aún,  son incompatibles con el orden económico vigente, con eso que llamamos el sistema. Seguramente Passos Coelho aplaude la ya famosa frase atribuida a Warren Buffet (uno de los tipos más ricos del mundo) “Estamos ganando la lucha de clases”

A algunos puede parecer demagogia que lo mencione en este contexto, pero es que en estos días la prensa ha difundido los datos del estudio publicado hace poco por la Tax Justice Network, una institución que se ha desarrollado a partir del Foro Social Europeo de Florencia, a fines del 2002 y del Foro Social Mundial en Porto Alegre, a comienzos del 2003. Unos perroflautas, vaya, que no obstante manejan información fidedigna y del mayor interés. Por ejemplo: la riqueza oculta al las Haciendas en los paraísos fiscales se acerca a los 30 billones de dólares, por referenciarlo a algo más o menos comprensible, más del 10% del PIB mundial.
Ni soy especialista en el tema ni es cuestión de alargarse sobre la materia, pero permitan que mencione solo un par de cosas ¿sabían que en Portugal, sí ese país cuya viabilidad preocupa tanto al patriota Passos, los jubilados suecos que fijan su residencia en busca de sol, se benefician de una exención total de impuestos en el cobro de sus pensiones? ¿una mera anécdota o un ejemplo más de cuáles son las prioridades? Sobre las dificultades que han de arrostrar los ciudadanos chipriotas por viajar sin comerlo ni beberlo a bordo de un portaviones en medio del Mediterráneo, buque insignia de los paraísos fiscales consentidos por la UE en el seno de Europa, no hace falta extenderse a estas alturas por ser de sobra conocidas.

Y, en cuanto a España, es sabido que el fraude fiscal se sitúa entre el 20 y el 25% del PIB, o sea no menos de 200.000 millones de euros. Esto genera al Estado un agujero que podría llegar a los 80.000 millones. Hagan sus números y se lo cuentan a Montoro en un amable escrache: ya saben, comparen con el montante de los recortes en Sanidad, Educación…establezcan relaciones con el índice del déficit mismamente, etc.
Hace unos días el genial Forges publicaba una viñeta en la que dos personajes de aspecto atribulado caminan juntos y uno le dice al otro “Tengo la sensación de que no solo estamos en la III Guerra Mundial sino que, además, la estamos perdiendo” y su compañero le responde “Sagerados sois los del Athletic”

Es todo un resumen de lo que nos pasa. Buffet puede proclamar su victoria y a nosotros, la gente, nos correspondería en esa tragedia y ante lo inevitable, el papel de interpretar el pesimismo paralizante como filosofía de vida.
Passos en Portugal o Rajoy en España, por poner solo dos ejemplos, son los sacerdotes locales de una gran mentira que se oficina en el templo del Eurogrupo y tiene por monaguillos a Van Rompuy y a Durao Barroso. ¿Por qué Europa no suprime de un papirotazo los paraísos fiscales en nuestro suelo? ¿Por qué no acuerdan algo parecido en el G-20 para toda esa gusanera? ¿Por qué los gobernantes no hacen aflorar esa ingente cantidad de recursos que solucionaría la mayor parte de nuestros problemas? Porque no hacerlo está en la naturaleza misma del sistema.

Pero mira tú por donde, un Tribunal Constitucional, el portugués, se toma en serio su tarea y se pone díscolo, y cree que en lo tocante a derechos individuales y colectivos fundamentales no hay coyuntura ni conveniencia que valga. Como pasará con toda probabilidad con el nuestro (ya me estoy imaginando al insufrible Floriano diciendo sandeces, precio que desde luego pagaré gustoso)
A ver si va a resultar que esta profunda brecha que toca los fundamentos mismos del Estado y que solo puede ensanchase en tantos y tantos frentes que conciernen a la vida cotidiana de la gente, es en realidad un portillo, una ventana a la esperanza. A ver si va a ser verdad que la grandeza de la democracia consiste sobre todo en que es capaz de dotarse de instrumentos que la protegen de quienes, por codicia o por mesianismo, creen que pueden forzar las reglas de juego hasta el infinito.