lunes, 18 de marzo de 2019

Juan A. Cabrera entrevista a Teresa Castro, demógrafa del CSIC: Deshaciendo falacias; demografía y posverdad

El pasado miércoles publique en La Pajarera Magazine la entrevista que ahora transcribo aquí:

Teresa Castro: “Cuando se habla del envejecimiento de la población como algo catastrófico se está construyendo un discurso muy sesgado porque en realidad poco importa cuantos seamos, sino cuantos coticen a la hucha común y cuantos perciban prestaciones”



Cuando el sentido común se apoya en la observación de la realidad, en la investigación, en los meros datos y en la reflexión serena y exenta de apriorismos o intenciones, la argumentación resulta, de simple, demoledora. Y entonces el relato nos pone a salvo de manipulaciones y posverdades.

Teresa Castro es doctora en Sociología por la Universidad de Wisconsin-Madison. Ha trabajado en la División de Población de Naciones Unidas y actualmente es profesora de Investigación en el CSIC. Participa en el proyecto Europeo www.familiesandsocieties.eu


Juan A. Cabrera (JC): Hay un cierto malestar entre los demógrafos por el uso que se hace del resultado de sus investigaciones y pesquisas, por parte sobre todo y en general de los políticos y de los medios de comunicación. Siendo benévolos se diría que eso sucede por simple ignorancia o quizás por pura pereza intelectual, pero en la sinopsis de la obra colectiva “Demografía y posverdad” (Icaria Editorial, 2018) que ha coordinado el profesor Andreu Domingo y en la que usted colabora, se asegura que “Los clichés sobre la evolución de la población, las distorsiones y falsedades que se aplican a los fenómenos que la componen como riesgos globales, y su proyección en futuros distópicos, se han convertido en parte de una narrativa orientada a azuzar nuestros temores más profundos y cambiar el estatuto de la verdad” ¿Participa de este criterio?

Teresa Castro (TC): Lo primero que hay que decir es que somos pocos, muy especializados y, en muchos casos, hemos tenido que formarnos y ejercer un tiempo fuera de España. Y sufrimos un evidente intrusismo que aún nos invisibiliza más. En nuestro país la Demografía es una disciplina bastante marginal con poco apoyo oficial o privado y esto es algo que no nos proporciona notoriedad precisamente. Por lo demás, nuestro objeto de estudio son asuntos sobre los que todo el mundo opina: la fecundidad, la natalidad, la esperanza de vida, la salud, etc son temas de gran impronta social. Y no digo que seamos los únicos legitimados para expresar criterios y opiniones. Eso sería una bobada. Pero debe tenerse en cuenta que son temas muy susceptibles de manipulación y para tratar de evitarla son necesarias las aportaciones que se apoyan en criterios técnicos y científicos.

JC: Ponga un ejemplo

TC: Cada vez que el Instituto Nacional de Estadística presenta datos relativos a fallecimientos hay gente a la que le cuesta casi una depresión. Porque en España son ya más que los nacimientos y eso se percibe como una catástrofe...¡y se presenta así!. Pero no es sino algo normal en una sociedad demográficamente avanzada. En Alemania viene ocurriendo desde los años setenta y no se han extinguido que yo sepa. Parece pueril tener que recordarlo, pero que haya más nacimientos que muertes es lo que está pasando en África y no nos vamos a extender ahora sobre las consecuencias que eso tiene en el interior del continente y para los movimientos migratorios.

JC: ¿Estas expresiones con las que nos desayunamos a menudo en los medios de comunicación como “invierno demogrático” “bomba demográfica” “crisis o envejecimiento demográfico” son cuentos asusta niños? El doctor Julio Pérez Díaz (http://apuntesdedemografia.com/) ha escrito que “Podría parecer que las alarmas se activan hoy por una dinámica poblacional que provoca la degradación de la pirámide de edades y perjudica a los propios ciudadanos. En realidad solo camuflan las alarmas de siempre, el miedo ancestral de los gobernantes y patriotas al declive nacional...” ¿Está de acuerdo?

TC: Sí, son ganas de asustar. Los que nos dedicamos a esto nunca utilizamos expresiones como las que menciona; y las he oído peores, como “suicidio demográfico” o la insuperable “autogenocidio demográfico” Y Claro que hay muchas implicaciones de naturaleza política pero lo que nos dice la investigación no se puede encuadrar en un relato catastrofista, no desde luego en rigor. Ciertamente la población envejece pero como ya he apuntado se trata de un proceso ineludible por el que toda la sociedad pasará. Y es irreversible además. Quien se empeñe en que podemos revertir ese proceso es que no ha entendido nada porque sería como pretender que podemos cambiar el sentido como se mueven las mareas. ¡Pero para nada es el anuncio del fin del mundo!

Quienes suspiran por una pirámide de población que tenga verdaderamente forma de pirámide lo que están evocando es una sociedad en la que muere mucha gente y de todas la edades y en la que muy pocas personas alcanzan los ochenta años de edad. Esa es la pirámide de Nigeria, por ejemplo.

JC: No debemos pues estar preocupados o perdir perdón si nuestro anhelo (en contra de lo que piensa un conocido ministro japonés o la presidenta del FMI) es no morirnos pronto y vivir muchos años con buena salud y unos razonables niveles de bienestar.

TC: El proceso de envejecimiento es gradual pero predecible. Y conviene adaptarse. El mensaje es que el envejecimiento es normal cuando la sociedad se moderniza y eso es el fruto de dos conquistas, no dos desastres: una la mejora de la salud y su democratización, es decir antes pocos llegaban a viejos y además lo que hoy se define como tal ha cambiado y ya no se es viejo a los 65 años. El otro factor es la disminución de la fecundidad, lo que significa que las mujeres, las parejas, pueden controlar el número de hijos que quieren tener. Yo digo que ambas cosas son positivas.

Cuando se habla del envejecimiento de la población como algo catastrófico se está construyendo un discurso muy sesgado porque en realidad poco importa cuantos seamos sino cuantos coticen a la hucha común y cuantos perciban prestaciones. Mire que curioso: en este momento tenemos en España y en términos históricos, la mayor población en el mercado de trabajo que jamás hemos tenido, así es que podríamos tener incluso superavit para atender las pensiones del futuro. Y, como sabemos, no es así en vista de las bajas cotizaciones derivadas de la precariedad laboral.

JC: El trabajo con el que la profesora Castro participa en la obra colectiva a la que se hace referencia al principio de esta entrevista se titula “Cigüeñas en standby. Tópicos y medias verdades sobre la baja fecundidad en España” Dejamos pues las cuestiones más generales para centrarnos en este asunto específico.

Sin calificar nada: en estos días volvemos a escuchar insinuaciones sobre la conveniencia de implementar políticas de fomento de la natalidad y al hilo de eso, en “Cigüeñas en standby” se hace usted a sí misma la siguiente pregunta cuya respuesta quizás quiera completar ahora “¿las decisiones reproductivas son un asunto privado o está legitimada la intervención pública?” En todo caso, En España la tasa de fecundidad es desde 2011 de aproximadamente 1,3 hijos por mujer (de las más bajas de Europa) cuando el promedio de hijos deseados es de 2,1, que es un índice muy en la línea de lo que convencionalmente -aunque en discusión- se considera nivel de reemplazo, normal por así decir. ¿Qué consecuencias tiene esto?

TC: Es una decisión estrictamente privada, todo individuo tiene derecho a decidir si quiere tener hijos, cuantos, cuando y cómo. Eso, por si alguien tiene dudas, no creo que sea algo que pueda ser revertido. Me hago esa pregunta de un modo un poco retórico porque no creo que la intervención del estado este justificada en ningún sentido; y, sin embargo, recordemos el caso de China por ejemplo: primero solo se podía tener un hijo, ahora dos y ya veremos qué viene después. Pero es que eso, además de las consideraciones éticas o morales que se quieran aducir, no funciona y la historia nos muestra muchos ejemplos. Para lo que sí está legitimado el Estado es para diseñar políticas que favorezcan la natalidad de manera indirecta. Ni siquiera le compete tratar de persuadir a la población. Sí puede, en cambio, aplicar políticas sociales para que quien quiera tener hijos pueda tenerlos. No es que las personas no deseen tener hijos; si eso fuera así el Estado no podría hacer nada para evitarlo.

JC: ¿Y aunque así fuera? Es decir, ¿Qué problema hay si alguien decide conscientemente no tener hijos? ¿Qué hay de cierto en que hay parejas que prefieren no ser padres porque suponen que eso mermará su calidad de vida?

TC: Pues si es así, están en su derecho, naturalmente. Pero es que lo que nos dice la investigación es que en España tal cosa sucede poco. Sí, incluso hay quien afirma con cierto desdén que no aumenta la natalidad porque se adopta una actitud muy hedonista ante la vida. Si hay casos, son irrelevantes. No, el problema es que los jóvenes no son autosuficientes; no hay nada de hedonismo ni de egoísmo y ni tan siquiera el hecho de la falta de recursos puramente económicos es la razón de la baja natalidad. Es más bien el sentido de la responsabilidad y la conciencia de que no se dan las condiciones para atender y cuidar a los hijos y proporcionarles cuanto necesitan en el presente y en el futuro inmediato.

JC: ¿Cuáles son pues los principales obstáculos que desincentivan la fecundidad en España?

TC: El primero de ellos es sin lugar a dudas el desempleo y la precariedad laboral. Solo un dato: la tasa de fecundidad de las mujeres con empleo es aproximadamente el doble que la de las mujeres que no lo tienen. Este dato (y no solo este) hace pedazos un tópico que sorprendentemente se mantiene y según el cual la masiva incorporación de la mujer al mercado de trabajo es la responsable de la baja fecundidad. Simplemente, eso es falso. Lo que, en cambio, demuestra la investigación sin lugar a dudas es que son el desempleo y la precariedad laboral de las mujeres (y de los hombres también, ciertamente) los factores decisivos que inhiben la decisión de tener un hijo.

JC: ¿Tiene algún sentido una cierta nostalgia de lo que algunos llaman la familia tradicional?

TC: Ninguno. No se puede volver a la familia tradicional que, por otra parte, tiene mucho de mito en lo que respecta a la natalidad aunque existiera durante cierto tiempo. Y, además, no es deseable. No tiene sentido alguno. El peso específico de la mujer en la fuerza laboral es imprescindible para el mantenimiento de toda clase de equilibrios. Las mujeres están más y mejor preparadas (en las generaciones más jóvenes hay bastantes más mujeres que hombres con titulación universitaria) ¿quien se atreve a proponer que prescindiamos de la mitad de la población que, además, es la más cualificada?

Y sobre la estructura familiar y esa apelación a las tradiciones que francamente no termino de entender, decir que en este momento en España un tercio de los nacimientos se producen en parejas no casadas y entre un 12 y un 14 por ciento en mujeres que han decidido quedarse embarazadas por reproducción asistida y criar a sus hijos solas, sin la intervención de la figura del padre. No hay modo de revertir eso. Las mujeres no vamos a permitir ninguna involución al respecto porque sería abrir más la brecha de la desigualdad.

JC: ¿Influye el desequilibrio entre padres y madres respecto a la corresponsabilidad en la baja natalidad?

TC: Decisivamente. Y ésta es una asignatura pendiente en España desde el punto de vista de la investigación -y no sólo- porque tenemos pocos datos. No obstante, sí sabemos que aunque las actitudes en la práctica han mejorado, hay aún mucha distancia entre lo que se declara y lo que ocurre en realidad. Vemos con claridad que aunque cuando una pareja empieza su proyecto en común el reparto de tareas y responsabilidades es igualitario, todo cambia cuando llega el primer hijo y ya nunca vuelve a ser como fue; más aún, si alguien deja su trabajo es la mujer. Y un dato curioso que queda constatado empíricamente: las parejas en las que el hombre tiene una mayor corresponsabilidad tienen más probabilidades en términos estadísticos de tener un segundo hijo.

JC: Es un lugar común decir que es fundamental el incremento de la natalidad para asegurar la sostenibilidad del sistema de pensiones ¿Se deduce de esto de las investigaciones que ustedes hacen?

TC: La economía, mucho más que la demografía, es lo determinante en el mantenimiento del estado del bienestar. La tasa de empleo, el nivel de salarios, el peso real de la economía informal, la participación de las mujeres, la productividad de la masa laboral... ese conjunto de factores es lo que nos va a pagar las pensiones mucho más que si nacen más o menos niños o la migración.

Con todo y para deshacer algunos estereotipos interesa comentar que en Europa y desde hace mucho tiempo, la sociedad ya no crece por nacimientos; en un 90 por ciento (según Eurostat) lo hace por las migraciones y, a la inversa, cuando decrece es porque la gente se va, no porque baje la natalidad. Es sorprendente que a estas alturas haya quien no quiere enterarse de que es así. En Hungría, por ejemplo, se han puesto en marcha algunas políticas de fomento de la natalidad que no conseguirán nada. Es fácil de entender: imagine que en un planteamiento absolutamente distópico se obligue a la gente a tener pongamos tres hijos; a los 18 años se marcharán si no hay trabajo. Pero es que la migración tampoco es la panacea: ciertamente, los emigrantes que recibimos en Europa, por decirlo de manera muy coloquial, gastan poco y aportan mucho: han hecho una travesía que les ha endurecido, son gente joven y saludable y con muchas ganas de hacerse un lugar en la tierra; pero también envejecerán, es decir, el proceso se ralentiza pero no se detiene ni mucho menos se invierte.

Repito, es la economía, el modelo, las estrategias y las decisiones económicas que se tomen. En Europa y en España más, coincide el pico reproductivo con del pico laboral, esto es, que con frecuencia cuando se alcanza una cierta estabilidad laboral, la capacidad reproductiva ya está a la baja y eso ocurre pasados de largo los 30 años. Y sucede por ejemplo que, con los recortes, el acceso a la posibilidad de la reproducción asistida se ha reducido en la sanidad publica y en la privada resulta muy caro.

Tradicionalmente se decía que las mujeres con menos estudios y mas pobres tenían más hijos. Sigue pasando en gran medida, pero sobre todo en los países del norte de Europa apreciamos ya una cierta inversión, y eso nos pone delante otro problema que de nuevo es económico, aparece la desigualdad. Y no tendría ninguna gracia que tener hijos se convierta en cosa de ricos.

JC: Como ocurre con la gestación subrogada.

TC: Así es. En España no tenemos datos porque no hay registros dado que esta práctica es ilegal. Pero en Estados Unidos desde hace dos o tres años la maternidad subrogada supera las adopciones que ya de por sí son muchas en ese país en términos absolutos. . Una fuente más de desigualdad que en este caso abre la brecha afectando a las madres gestantes y a quienes tienen o no acceso a tener hijos de este modo. Y es algo emergente, va en aumento.

JC: ¿Porqué va en aumento?

TC: Porque la adopción es cada vez mas difícil. Si no nacen niños, dificilmente podrá adoptar quien lo desee, y en el ámbito internacional la tendencia es a favorecer el proceso dentro del territorio pero no hacia fuera porque eso da muy mala imagen como país.

JC: Empezamos esta entrevista aludiendo a las quejas sobre intrusismo y banalización, pero ustedes a veces también fallan en sus proyecciones. En “Demografía y posverdad” en doctor Amand Blanes refiere con humor esta anécdota: las proyecciones sobre población realizadas a principios de los noventa, que sirvieron de base al Pacto de Toledo, daban para España un total nunca superior a los 42 millones de habitantes para finales de la primera década de este siglo. Solo se equivocaron en unos 5 millones. ¿porqué hemos de creerles a ustedes los demógrafos?

TC: Se pueden proyectar los fallecimientos o los nacimientos, pero los movimientos migratorios son más difíciles de prever. Sencillamente, no esperábamos los 6 millones de emigrantes. Comprendo la broma, pero fíjese qué paradoja: recibimos aquella cantidad de personas y no hubo ningún discurso xenófobo ¿la razón es que, muchos realizaban trabajos relacionados con los cuidados a nuestras familias, a nuestros niños, a nuestros ancianos y no se maltrata a quien nos cuida? Pues seguramente es una de las razones, pero es que nos iba bien como país, había bonanza económica. Y la paradoja se pervierte cuando, siendo menor la afluencia de emigrantes que entonces, el rechazo que ahora detectamos, no solo en España sino en toda Europa, se basa en mentiras. 

Juan A. Cabrera

martes, 26 de febrero de 2019

Ese muerto es mío


 
Pues con el asunto en manos del Supremo, poco puede hacer ya el Gobierno. Pero se ha equivocado de pe a pa. Está mal que lo repita, pero es que lo vengo diciendo desde julio. Y no porque abriera la caja de los truenos; desde ese punto de vista lo vergonzante es que otros gobiernos del PSOE con mayor poder no lo hicieran hace mucho tiempo. Ahora el Ejecutivo, en estos pocos días que le quedan, es la risión del facherío. Ahora resulta que un juez fascistóide se apoya en el informe de dos arquitectos patibularios de la Fundación Franco para tumbar una licencia de obra menor -ya saben, eso que se pide para cambiar las ventanas o el azulejo del baño- y argumentar que no se puede levantar la losa no vaya a ser que se hunda la basílica toda.

Lo dicho, hasta el más tonto hace relojes y a base de dilaciones no hay quien saque a la momia del Valle.

El Gobierno de mi país va remolque de lo que se le ocurra al franquismo. Sinceramente, no me puedo creer que no se haya podido hacer de otra forma con toda esa corte de abogados del estado y asesores varios, de manera tal que sean los demás los que tengan reaccionar a la acción del Ejecutivo.

En tono de humor, o no: ese muerto es mío y hago con él lo que quiero. ¿No lo enterraron en un mausoleo de estado? Pues mientras esté allí es mío, o sea del estado y el Gobierno tendría que haber sido menos garantista y más efectivo. Fuera el fiambre y que la familia haga lo que quiera con él, naturalmente menos llevarlo a la Almudena ni a ningún otro lugar con el único fin de seguir tocándonos las gónadas a todos.

Y que reclamen ellos. A ver quien tiene agallas de volverlo a llevar a Cuelgamuros.

sábado, 23 de febrero de 2019

23F


 
Vivimos tiempos raros.

En un remoto lugar artistas millonarios colaboran a la construcción del caballo de Troya de Trump y quienes le mandan, participando en un concierto que llaman solidario y es, en realidad, la trompetería que precede a la intervención -en formato, por ejemplo, fuerza internacional de protección al pueblo venezolano o mandangas de parecida jaez- para derribar un gobierno, quizás corrupto, que se niega a entregarles el petróleo, el oro y el Moro. Todo más viejo que la tos.

Un tal Guaidó aparece entre la multitud y se marca unos bailes. Chévere.

Esto de los conciertos es invento más bien de la izquierda (ya recordarán por ejemplo aquel Live Aid de Bob Geldfof del 85 en favor de las gentes de Etiopía y Somalía) pero, como todo se vuelve reciclable -o, más bien manoseable- a lo de la frontera Venezuela-Colombia también le han llamado Live Aid. La diferencia es que en lo de Geldof había rockeros de postín y en Cúcuta la musiquilla es tirando a hortera y, comandados por el sinvergüenza de Richard Branson que hace negocios con lo que sea incluida la miseria, prestan su entusiasta colaboración, entre otros, un tal Carlos Baute, bocachancla que ya hizo pareja aquí con nuestra patriotica Marta Sánchez, la llorona del himno infumable recordarán sin duda, y otros como Miguel Bosé o Alejandro Sanz que residen allende los mares no sea que el fisco español les trinque; seguro que ya están pensando en un Live Aid en Melgrar de Fernamental o por ahí contra la violencia machista o tal vez contra los desahucios y los fondos buitres, no les quepa duda.

Mientras, aquí nos entretenemos con encuentros en la tercera fase (léase Colón) de unos alienígenas -ya saben “hay otros mundos pero están en este” que decía Éluard- para denunciar felonías y eso. Y, siguiendo la moda, reeditamos la épica y, si cuando entonces Rosa María Mateo, periodista honesta, se convirtió en la musa de la democracia leyendo un manifiesto de condena del 23F ante cientos de miles de madrileños, ahora es una nueva Ángela Davis pero con el culo blanco, María Clavel por bonito y españolísimo nombre que arrastra de tertulia en tertulia, quien reedita aquéllo henchida de ardor patrio y lee en presencia de unos cuantos una cosa llena de mentiras que después repetirá el coro hasta la náusea.

Lo dicho, vivimos tiempos raros.
 
 

lunes, 11 de febrero de 2019

Muchos o pocos, mentiras.


En el muro de Faceboock de Eduardo Sotillos, periodista por lo general moderado y ecuánime, que en su día ocupó un cargo relevante en los gobiernos de Felipe González, pudo leerse lo siguiente ayer: "Intentaré ser objetivo... El número de manifestantes ha sido alto, pero no excepcional. 50.000 personas es una cota elevada, que no suele superarse aunque los organizadores hablen de cientos de miles. El dato que dan, 200.000" Y unas horas más tarde recomendaba: "Consejo para dormir o despertarse a gusto. Leed El País y El Periódico si preferís que lo de Colón haya sido un fracaso...o ABC y La Razón si pensáis que ha sido un éxito.. Ojo con no equivocarse en la elección. Para los simplemente curiosos recomiendo Le Figaro, Te Guardian o La Repubblica"

El jueguecito como de un Dios menor un punto pretencioso, como corresponde, de apriorismos, atinados en todo caso, esconde una falsedad: para que la aproximación al suceso de ayer en Colón tenga una mínima pretensión sincera de objetividad, no puede quedarse en consideraciones sobre el número de asistentes. Ya lo remarca un habitual de este muro, un tal José Zaragoza un tipo que dice ser socialista (no confundir con el diputado del mismo nombre)  "¿Qué más da 50.000 que 200.000? Yo sé que esta última es la cifra real, y aún así me parecen pocos. Debió haber millones; este gobierno no se puede aguantar ni cinco minutos más..."

El huevo de la serpiente se incubaba ayer en la Plaza de Colón de Madrid, pero también pasa cada día en la redes sociales al calorcito de la libertad de expresión y de la generosidad de gentes que tal vez consienten demasiado.

¿No importa en términos de objetividad qué dice el manifiesto leído por tres presuntos periodistas que si alguna vez lo fueron, ayer dejaron de serlo? Si, claro que importa. Más aún, a mi juico, semejante sarta de medias verdades y mentiras flagrantes, vuelve irrelevante el número de asistentes. Por decir algo positivo: resulta algo reconfortante, aunque desde luego un punto ingenuo, pensar que no fueron muchos en términos comparativos quienes se expusieron a semejante ejercicio de cinismo, manipulación y ataque frontal a la Constitución que dicen defender estos patriotas de todo a cien.

martes, 25 de diciembre de 2018

Demografía y posverdad


Desciende la natalidad por debajo del denominado índice de reemplazo de las generaciones (2,1 hijos por mujer, es lo que, teóricamente, permite mantener las poblaciones estables) en todo el mundo salvo en África, y aumenta la esperanza de vida, en este caso para todos. ¿El Apocalípsis demográfico? ¿destino fatal de la humanidad? Pues no, pero tal como nos cuentan las cosas, a veces lo parece.

El pasado 4 de diciembre el diario El País publicaba un editorial titulado “Menos hijos” que arrancaba con esta frase “España sigue precipitándose hacia una grave crisis demográfica” Y un poco más adelante insistía en hablar de “tormenta demográfica” Las razones en nuestro caso son un índice de natalidad de 1,3 hijos por mujer y una esperanza de vida de 85,8 años en la proyección a 2040. En esa pieza, el periódico menciona elementos que están en el origen de este estado de cosas pero, a mi juicio, olvida insistir en que detrás de todo esto hay razones ideológicas y políticas y, en vista de la hipérbole de los enunciados, se rebaja el peso de tales razones y se transmite la impresión de que la catástrofe se nos viene encima inexorablemente, como las siete plagas de Egipto. Y para nada es así, y menos cuando quienes nos lo explican son esas think tank poderosas de inequívoca o disimulada vitola neoliberal.

Sobre la esperanza de vida, salvo aquel ministro japonés molesto con que la gente no se muera y la directora del FMI quejosa de que tardemos en palmarla, no creo que haya nadie en sus cabales dispuesto a sostener que su alargamiento (el de la esperanza de vida) no es una buena noticia y, seguramente, el mayor logro de la humanidad, vivir más y mejor, no puede ser una aspiración perversa o una excentricidad, digo yo. En todo caso, al que no le guste durar, pues que se quite de en medio y ya está; el ministro japonés y la señora Lagarde se lo agradecerán sin duda a título póstumo.

Pero, si nacen menos niños y no se muere la gente ¿como pagaremos, por ejemplo, las pensiones?

Reconozco que a mi esta pregunta a veces me deja perplejo y otras me irrita. ¿Cómo atender las necesidades de los mayores, particularmente de quienes cotizaron toda su vida? ¿De verdad es esa una pregunta pertinente? Pues la respuesta es, COMO SEA, habrá que hacerlo como sea porque lo que no debería ser ni tan siquiera imaginable es no hacerlo, por cierto vía pensiones o mediante otras prestaciones o con una combinación de ambas. Y en ese “como sea” está la madre del cordero. Solo una idea, por lo demás bien simple: a mi me daría igual cobrar una pensión de 1.000 euros, siempre que vivir (ya saben, el IBI o el alquiler, la luz, el agua, etc) no me cueste 2.000 pongamos por caso; no se si me explico.

En España oímos constantemente que el sistema de pensiones no es sostenible y uno, en su candidez, piensa: pues cambiemos el sistema en lugar de empobrecer a los pensionistas ¿no? ¿Cómo? Como sea, y de nuevo el “cómo sea” es el quid de la cuestión.

Hoy sabemos que si las españolas tienen 1,3 hijos tan solo no es porque les guste la vida muelle (algo que se ha insinuado muchas veces en los últimos años desde plataformas de comunicación más bien casposillas y algo comesantos) sino porque la precariedad laboral y la ausencia de un horizonte de vida personal estable, aconseja tener menos hijos y más tarde. Y, en todo caso, ¿en donde está escrito que el incremento de la natalidad sea la solución a parte de en algunos pseudo catecismos? Una cosa es que a las parejas españolas les gustaría tener más hijos (lo cual es una verdad estadística) y otra muy distinta es que eso sea la panacea o poco más que una opción entre varias.

En todo caso, si la natalidad es baja es porque la gente no se puede permitir otra cosa.

Pero supongamos que ni siquiera fuera por eso, sino porque las parejas han decidido que se vive mejor con pocos hijos (lo cual, dicho sea de paso, es verdad) ¿si hemos llegado -o nos han traído más bien- hasta aquí, no tendrían derecho a decidir que quieren vivir así? ¿Por qué hemos de creer a pies juntillas que todo se reduce a que si la gente muere más tarde no hay otra opción para mantener el equilibrio que políticas de natalidad.

Oh, apareció de nuevo la palabra “política” A ver si va a ser eso. A ver si va a ser que aquí no hay amenaza bíblica que valga y aceptar sin más las verdades del barquero es hacerle el juego a las ideologías más reaccionarias, las responsables de que se haya roto el pacto tácito entre las clases más pudientes y las menos...eso que a la socialdemocracia tradicional se le ha atragantado, ya se hacen cargo ustedes.

La inmigración, claro que es la inmigración lo que está llamada a jugar un papel clave no ya en el mantenimiento del estado del bienestar tome la forma que tome en el porvenir, sino de modo mucho más general, en la configuración de las sociedades del futuro desde todos los puntos de vista. ¿Cómo? Otra vez, “como sea” o más precisamente, como queramos que sea. Pero lo primero que habría que tener en cuenta es que hay fuerzas que trabajan para que no sea en modo alguno, sobre todo difundiendo falsedades. Veamos algunas: se dice constantemente que es gente que llega a nuestro solar para aprovecharse de las ventajas que nosotros hemos logrado con el sudor de nuestra frente. Todo mentira. Según uno de los estudios mas prestigiosos entre los demógrafos, el de los profesores Morenos Fuentes y Bruquetas Callejo realizado en 2011 para La Caixa, lo que recibimos en España son personas jóvenes y, por tanto, poco onerosas en términos de salud, cuya formación no nos ha costado nada; son sus aportaciones las responsables de al menos la mitad de superávit fiscal de los años de mayor crecimiento; sus exigencias a los servicios sociales representan apenas un 7 por ciento del total de las prestaciones realizadas en 2010. Todo ello entre otras falacias (uso de las urgencias de los hospitales, prestaciones por desempleo…) sobre las que no me extenderé para no alargar este artículo.

Nos conviene ocuparnos en serio de la inmigración y en absoluto sólo por razones humanitarias; también, como se ha dicho, por la cuenta que nos tiene: los migrantes serán, son, imprescindibles para sostener nuestro modo de vida y además es importante adelantarnos a lo que va a venir en una doble perspectiva: la de la acogida e integración propiamente dichas y la de la ordenación de los flujos en origen moderándolos (seguirán viniendo nos guste o no porque ya hemos perdido demasiado tiempo; lean a Sami Nair que lo explica muy bien; Y vendrán...Ed. Planeta 2006) a base de políticas de desarrollo en los países de procedencia. ¿Quieren datos que sí ponen los pelos de punta, que convierten en una broma ese eufemismo que conocemos como crecimiento negativo de la población europea y española? Pues ahí van: según estimaciones de Naciones Unidas del año pasado, África (ya saben ese continente que los europeos del sur tenemos a tiro de piedra) habrá pasado de los 1.194 millones de habitantes en 2015 a 2.571 millones en 2050; Europa, en cambio, reducirá su población en más de 25 millones para el mismo periodo. ¿De verdad cree alguien que la presión que este extraordinario crecimiento superior al 110 por ciento en menos de cuarenta años, poco más que dos generaciones, podría provocar se puede parar con concertinas, levantando muros o armando campos de retención en el Magreb?

Claro que podría ser que no pasara como acabo de explicar en vista de que las predicciones económicas, sociales y naturalmente demográficas, como la experiencia demuestra, no siempre se cumplen, especialmente porque se tiende a fotografiar una realidad estática. Una curiosidad española a propósito de esa herramienta a la que todos aluden para perder el tiempo a continuación, el Pacto de Toledo: en los años ochenta y primeros noventa se realizaron muchos estudios a fin de sustentar los debates y las conclusiones y en ninguna proyección se superaban los 42 millones de habitantes para el 2010; en ese año éramos 46 millones, solo se equivocaron en unos 5 millones de nada. Así es que nada está escrito, pero a mi desde luego las perspectivas me inquietan y no porque las cosas no tengan solución sino más bien porque observo poca voluntad política por resolverlas.

En todo caso, si les dicen que vamos derechos al Armagedon demográfico no les crean, solo quieren venderles planes de pensiones privados, como sea. 


Nota: He robado -mis disculpas- el título de este artículo del muy recomendable trabajo coordinado por el profesor Andreu Domingo “Demografía y posverdad. Estereotipos, distorsiones y falsedades sobre la evolución de la población” Ed. Icaria. 2018

domingo, 16 de diciembre de 2018

No aprenden. Y el tiempo se acaba


Hoy presto mi espacio a Ecologistas en Acción; lo explican perfectamente:

Katowice debilita el Acuerdo de París y convierte las obligaciones de frenar el cambio climático en meras sugerencias
- La Cumbre del Clima de Katowice (COP24) ha terminado con sabor agridulce: mientras las grandes potencias se felicitan por haber llegado a un acuerdo, la sociedad civil reprocha su falta de ambición en la lucha contra el cambio climático.
- Ecologistas en Acción denuncia que la falta de compromiso de la comunidad internacional convertirá en el medio plazo a una gran parte del territorio español en un desierto.
- La COP24 ha pospuesto el mandato principal del Acuerdo de París que debiera haber concluido en Katowice, una ruta clara para el aumento de la ambición en línea con las indicaciones científicas.
La 24 Cumbre de las Partes de Cambio Climático (COP24) en la ciudad carbonera de Katowice ha concluido con un acuerdo de última hora que logra salvar los muebles a través de un texto que evita cualquier compromiso real. Los artículos contenidos en la decisión final no establecen con claridad el proceso necesario para incrementar la ambición que garantice el cumplimiento del Acuerdo de París.
Ecologistas en Acción ha denunciado que, a pesar de las señales de alarma, se pierde otro año más para iniciar un descenso urgente de las emisiones que permitan mantener el incremento de la temperatura global en 1,5 ºC. Esta es la única forma de proteger los Derechos Humanos y cumplir con el propósito fundamental de las Naciones Unidas.
A pesar de los intentos del Secretario General de las Naciones Unidas, el portugués António Guterres, y de la designación de algunos ministros para liderar distintos marcos de negociación, la cumbre de Katowice no ha logrado solventar una mala gestión de la presidencia polaca que ha llevado al bloqueo algunas decisiones.
El plenario final de la cumbre se ha retrasado más de un día debido a las objeciones de países como Brasil que no estaban conformes con parte de los artículos. Asimismo, la ausencia de representantes políticos durante los últimos días ha dejado sin capacidad de alcanzar acuerdos ambiciosos en el plenario final. La presidencia ha reconocido con claridad que esta es una decisión que no satisface a nadie.
Ecologistas en Acción ha manifestado que en el texto final se han incluído tímidos avances de última hora sobre financiación, y se han cerrado los aspectos más técnicos del libro de reglas. Sin embargo, la falta de acuerdo en torno al incremento de la ambición y un texto que reduce el lenguaje más contundente y vinculante por otro orientado más a sugerir a los países hacen muy difícil cumplir con el Acuerdo de París.
El foco de la cumbre ha girado nuevamente en torno a las potencias petroleras (Arabia Saudi o EEUU) que osan cuestionar informes científicos fuera de toda duda, mientras los estados más vulnerables al cambio climático son nuevamente ignorados. Por su parte, el pretendido papel de liderazgo de la Unión Europea ha ocultado una evidente división de los países entre aquellos que presionan para reducir aún más los insuficientes compromisos de la lucha climática y los que obvian que los efectos del cambio climático situarán una gran parte de los ecosistemas europeos en riesgo de desaparición.
Javier Andaluz Prieto, responsable de Clima de Ecologistas en Acción, ha afirmado que “el informe del IPCC sobre 1,5 ºC es claro cuando indica que apenas quedan doce años para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero y señala a la región mediterránea, incluida España, como uno de los países más vulnerables”.
El informe del IPCC ha sido objeto de un enorme debate dentro de la COP24 debido al empeño de las naciones petroleras de eliminar cualquier mención dentro del acuerdo a sus conclusiones. “La formulación final del texto simplemente anima a los países a tener en consideración los resultados del informe y elimina del texto anterior que hacía una referencia numérica en torno a las reducciones necesarias”, ha matizado Andaluz.
El mandato principal del Acuerdo de París que debiera haber concluido en Katowice era una ruta clara para el aumento de la ambición en línea con las indicaciones científicas. Para ello, la comunidad internacional abrió en las cumbres anteriores espacios de debate, como el Diálogo de Talanoa, que no han servido para encontrar cómo se debe ajustar los compromisos a la realidad científica. Así, esta revisión se pospone nuevamente a la próxima cumbre, mientras sigue avanzando el escaso margen de tiempo disponible para la actuación.
La falta de mención de los procesos de pérdidas y daños dentro del Acuerdo de París, así como la falta de claridad respecto a cómo se culminará la provisión del Fondo Verde para el Clima, ha dejado en desamparo a muchos países, entre ellos España. “Estos territorios sufrirán enormes consecuencia por la incapacidad de alcanzar herramientas lo suficientemente contundentes para frenar el cambio climático”, ha explicado Andaluz.
Ecologistas en Acción se sumó el pasado viernes a la manifestación de la sociedad civil que ocupó las escaleras de la COP24 demandando justicia climática. Para la organización ecologista la solidaridad con las pequeñas islas con los países más vulnerables y con los cientos de activistas que son perseguidos, no deja más posibilidad que incrementar la contestación social y el impulso de alternativas como única forma de paliar la incompetencia de la comunidad internacional.

jueves, 11 de octubre de 2018

¿Hay que hacer algo con el Valle de los Caídos?


 

España comenzó a ser una democracia homologable a partir de 1978, así es que debimos hacer con el Valle de los Caídos lo que cualquier democracia digna de ser tenida por tal ha hecho con los símbolos de un pasado de oprobio: derribarlos o vaciarlos de sentido. De modo que llevamos cuarenta años de retraso; y no me apetece ahora hablar de cuanto tuvo de ejemplar la Transición y cuanto de mirar para otro lado con la cabeza gacha.

Naturalmente que a mi me gustaría alzar la vista un día hacia el noroeste de Madrid, hacia la Sierra, y ver solo el cielo limpio de Cuelgamuros allí donde ahora se recorta esa cruz que es como una espada infame; que desapareciera, vaya, y con ella el recuerdo negro de la Guerra Civil y la Dictadura, pero la historia no se borra; ni falta que hace por lo demás, mala cosa sería la desmemoria.

¿Qué hacemos con el Valle?

Pues, después de mucho discutir, luego de mucho reaccionar con las vísceras a las expectativas, a la resistencia fascistóide y sobre todo a todos esos falsos y blandengues a los que lo mismo les da ocho que ochenta, creo que sólo hay dos condiciones que deben cumplirse inexcusablemente: que salga de allí la momia de Franco y que la basílica se desacralice.

Que salga de allí el saco de huesos por elemental decencia y dignidad como país. Sí, ya se que del mismo modo que siempre hay flores frescas sobre la tumba, hay quien visita el lugar tan solo para, de modo más o menos disimulado, pisar la losa o escupir sobre ella. Incluso hay quien no ha ido jamás y nunca irá, por pura indiferencia. Pero, sencillamente, no puede haber una tumba de estado para el dictador y, mientras estén allí sus restos, eso es exactamente lo que es.

Que se desacralice la basílica porque de otro modo no se podrá dar al Valle un uso distinto del que ahora tiene. La Iglesia debería de colaborar, si tiene al menos remotamente la intención de purgar su pecado como cómplice.

Yo llevaría a los muertos a otro lugar, a un memorial lejos de ese osario triste e injusto. Pero también y como se ha dicho pueden convertirse las criptas en cementerio civil, siempre que cuando sea posible la exhumación, el Estado la facilite a los familiares que la pidan.

¿Y luego qué?

No, no dinamitaría nada.

Si se quedan los muertos, que a su lado se explique porqué están allí, porqué existe ese lugar. Que se sepa, que lo sepan nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Tal vez en el caso de que se sacaran todos los restos siga teniendo sentido a pesar de todo hacer de aquel lugar un espacio para la memoria, al cabo aquellas piedras también son lo que somos porque son lo que fuimos; pero dudo al respecto porque creo que sin ellos, sin los que allí reposan, el vacío sería tan grande que quizás solo podría llenarlo el frio y el viento del Guadarrama.