lunes, 1 de julio de 2019

Brenda Chávez:“Consumir no es en absoluto un acto banal. Es un acto económico y político de primer orden”

Brenda Chávez estudió derecho y periodismo. Es colaboradora en medios como Carne Cruda y Consuma Crudeza, también en El País, El Salto y Opcions y en las revistas Cuerpo Mente, The Ecologist y Ethic, entre otras, así como en diversos proyectos de cultura y sostenibilidad. Desde mayo de 2018 forma parte del colectivo femenino de periodistas de investigación sobre consumo Carro de Combate. Fué redactora jefe de Vogue y subdirectora de la publicación mainstream Cosmopolitan. Es autora del libro “Tu consumo puede cambiar el mundo (el poder de tus elecciones responsables, conscientes y críticas)” que se publicó en abril del 2017.
En esta entrevista se comentan a vuelapluma muchos de los aspectos que se analizan detalladamente en el libro de Brenda Chávez. Me permito recomendarles su lectura; ya es un referente en la materia.
Juan A. Cabrera (J.C) Hay una prensa que se mueve en la frontera entre el periodismo y el márketing (político, comercial, etc) ¿Cómo puede el publico corriente distinguir una cosa de la otra en los mensajes que recibe?
Brenda Chávez (B.Ch.) Centrándonos en el ámbito de consumo: Los datos veraces están, por ejemplo, en las etiquetas y en la información que proveen por canales diversos las empresas sobre sus productos y servicios. Es verdad que el conocimiento de la trazabilidad sigue siendo una asignatura pendiente en muchos sectores. Por ejemplo una camiseta: debería ser fácil disponer de datos fidedignos desde las condiciones de cultivo del algodón con que está confeccionada hasta que llega a nuestras manos, o en el caso de cualquier alimento desde su origen hasta que es un producto listo para el consumo. Ciertamente, a veces no es fácil, pero el consumo responsable implica que nosotros los consumidores hagamos también un cierto esfuerzo a la hora de no conformarnos y buscar la información en lugar de limitarnos a coger del estante un producto sin preguntarnos nada más por la mera fuerza de la marca y la confianza que a priori nos merece, o dejándonos llevar por los mensajes publicitarios.
Por fortuna en nuestro entorno sociocultural disponemos de legislación que regula, por ejemplo, los datos que deben ofrecer las etiquetas, hay asociaciones de consumidores que realizan estudios, comparativas, etc, tenemos a nuestra disposición herramientas como Carro de Combate https://www.carrodecombate.com, una plataforma con la que colaboro y a cuyo conocimiento invito a sus lectores. Podemos ser objeto de fraude, claro, pero los consumidores no estamos hoy tan inermes como podría parecer a veces.
J.C.Esto que dice exige un cierto grado de madurez en el consumidor. Plantearlo así puede ser frívolo, pero para que nos entendamos ¿en una escala de 0 a 10 cual sería el grado de madurez del consumidor español?
B.Ch. Un cinco. Pero vamos mejorando.
J.C. Usted utiliza para ilustrar la ideología dominante una expresión acuñada por Kennett Boulding “economía cowboy” ¿Puede explicar en qué consiste? ¿Es lo contrario de la llamada economía circular? Y, por aclarar algunos conceptos -tal vez deshacer falacias- que han hecho fortuna ¿qué opinión le merece la economía colaborativa?
B.Ch. La “economía cowboy” es, por así decir, lineal: produce, consume y tira. Es lo contrario de la economía circular que produce, consume y reintegra, y no genera apenas residuos, no desde luego de tipo técnico porque se reutilizan y tampoco biológicos porque los reconvierte por ejemplo para fertilizar mediante humus o compost, o incluso para fabricar los llamados bioplásticos. 
La llamada economía colaborativa es interesante siempre y cuando no incurra en impactos sociales y medioambientales indeseables. Que no precarice el empleo, no haga dumping o competencia desleal y sea fiscalmente responsable. Muchas de las plataformas que dicen operar con ese marchamo de economía colaborativa hacen todo lo contrario, incurriendo en abusos. Un ejemplo ilustrativo de lo que digo es la conocida plataforma Airbnb y su alternativa Fairbnb (https://elpais.com/elpais/2019/01/24/alterconsumismo/1548336481_341884.html) Uber o Cabify son ejemplos muy conocidos de este tipo de empresas que tienen grandes inversores detrás y operan de forma más que dudosa desde el punto de vista de la responsabilidad social.
J.C (Los bioplásticos a los que se refiere Brenda Chávez son polímeros naturales obtenidos a partir de residuos agrícolas, celulosa o almidón de patata o maíz. Algunas estimaciones aseguran que este producto podría suponer el 10 por ciento del mercado europeo del plástico dentro de 10 años)

Usted sostiene que consumir es un acto político. ¿Por qué? 

B.Ch. Cada vez que compramos algo estamos premiando una cadena de producción; estamos “votando” a un producto, una marca, etc. Con nuestro dinero primamos a marcas, empresas, que quizás no lo merezcan. Por lo demás, detrás de cualquier bien de consumo hay decisiones políticas, las hay cuando elegimos entre banca convencional o banca ética; las hay si las administraciones favorecen o no el desarrollo de las fuentes de energías renovables; los precios tienen un componente político cuando están sometidos a regulación...Consumir no es en absoluto un acto banal, es un acto económico y político de primer orden porque recompensamos conductas positivas o no desde el punto de vista del desarrollo sostenible. Si Amancio Ortega decidiera dilapidar su fortuna a razón de un millón de euros al año, necesitaría 172 años para acabar con ella; al tiempo, sucede que una persona que confecciona ropa en los talleres remotos que trabajan para Inditex u otras empresas y marcas gana entre 30 y 60 euros al mes; es obvio que con nuestro comportamiento como consumidores podemos estar favoreciendo esta situación; tan obvio como que hay una actitud ideológica y un impulso político detrás. 


J.C. Quizás pueda sorprender todavía más otra afirmación suya: que, por activa o por pasiva, los políticos conservadores y progresistas ejercen o han ejercido como correa de transmisión del neoliberalismo. ¿No hay distinción?
B. Ch. A mi juicio no hay una diferencia sustancial, con contadas excepciones materializadas en corrientes o formaciones políticas de escasa influencia. Hay matices pero, en general, vemos que la economía neoliberal es la que impera en los gobiernos y poca diferencia hay por el hecho de que esté al frente un partido u otro. Es así desde la década de los setenta. El telón de fondo es una doctrina radical de libre mercado cuyo resultado es que en estas cuatro décadas se ha cuadruplicado la producción de bienes y servicios hasta producir y consumir por encima de la capacidad del planeta para renovarse. Hay que reflexionar sobre los límites a la libertad de mercado y armonizar los diversos intereses que hay en la economía. Hoy hay demasiado desequilibrio entre el poder corporativo y las iniciativas más humanizadas, más a escala de la gente corriente y desde luego más razonables en términos de sostenibilidad.
J.C. Es un clásico que la deriva radical del capitalismo a la que usted se refiere es su naturaleza y que el intento histórico de la socialdemocracia por embridarlo ha fracasado. En “Esto lo cambia todo” Naomí Kleim sugiere que, en la medida en que luchar contra el cambio climático implica modificar nuestra manera de relacionarnos con el planeta y entre nosotros en todos los ordenes, cultural, económico, político, social, y por supuesto en nuestra forma de consumir, el capitalismo y su criatura más reciente, el neoliberalismo, no lo hará sencillamente porque eso va contra sí mismo (como en la fábula del escorpión y la rana) y, por tanto, solo la izquierda (por usar un término tradicional) podría ofrecer sustrato ideológico a un cambio que o es global o no será. ¿Va por ahí la reflexión a la que usted se refiere?
B.Ch. Respeto mucho a Naomí Kleim, pero prefiero quedarme con lo que acabo de decir.
J.C ¿Que juicio le merece la llamada Responsabilidad Social Corporativa?
B.Ch. Muchas veces solo es un conjunto de estrategias y acciones de comunicación que sirve para tratar de evitar daños reputacionales derivados de informaciones no favorables, para maquillar en definitiva. Las empresas que nacieron con vocación de sostenibilidad y han conseguido cumplir con ese objetivo, no suelen necesitar estas estructuras corporativas. Pero, naturalmente, si el esfuerzo por enmendarse es sincero y la herramienta para hacerlo es la RSC, pues estupendo.
J.C. Sobre el consumo responsable. Definirlo es sencillo si lo hacemos genéricamente: es el que se ajusta a las necesidades reales de las personas y a las condiciones del planeta. Pero a la hora de realizar un consumo responsable entran en juego al menos estos elementos: el impacto ambiental de los productos que compramos, sus procesos de producción, transporte, distribución, consumo y residuos que deja el producto; la huella ecológica que determinados estilos de vida y el consumismo producen; el conocimiento de las empresas, productos y servicios, que respetan el medio ambiente y los derechos humanos. ¿Cómo puede la gente corriente hacer este ejercicio complejo antes de decidir qué consumir y cómo? ¿cómo puede el consumidor procesar tanta información?
B.Ch. Más sencillo aún: consumo responsable es aquel que además de tener en cuenta las variables de calidad y precio, considera también condicionantes sobre el impacto social y medioambiental. Cada cual debe intentar hacer lo que pueda a la hora de aplicar a su vida esos elementos. Es que no se trata solo de que sea difícil procesar esa información; por desgracia, a menudo no hay tal información que procesar, o no es fácilmente accesible al consumidor corriente. Pero debo insistir porque no hay otra: hay que buscar y atenerse al sentido común; por ejemplo: hacer caso de los sellos de certificación de calidad en los envases, localizar productos agroecológicos, dar por hecho que en alimentación cuanto más procesados son los productos más huella ecológica, más efectos perniciosos sobre la salud, etc.
J.C Si hemos llegado a una situación tal en la que el consumo responsable es más caro y de más difícil acceso (los llamados productos ecológicos lo son, los de comercio justo a menudo también…) ¿como pedir a las poblaciones empobrecidas -las más numerosas- que lo hagan? ¿cómo salir del círculo vicioso?
B.Ch. Bueno en esa creencia hay una cierta falacia ciertamente muy extendida. No tiene porque ser más caro el consumo responsable. Vale, me puedo gastar más en alimentación pero igual puedo ahorrar usando menos productos cosméticos. No necesitamos en absoluto un producto diferente para limpiar cada rincón de la casa, del baño, cocina, etc; con un jabón vegetal ecológico se limpia el 80 por ciento del hogar. Podemos contratar seguros éticos que en muchos casos son más baratos. Pudiera ser que el presupuesto general no varíe o incluso que se reduzca; lo que cambia es la forma de consumir. ¿De verdad necesitamos cuatro tejanos de Primark que estaba en los talleres de Rana Plaza o es suficiente con dos de una firma sostenible como Capitan Denim que ni siquiera los vende más caros?
El consumo responsable debería estar premiado por el Estado; eso podría abaratar los costes como es obvio. Las empresas genuinamente sostenibles hacen economías de escala: menor consumo, más precio; eso es normal pero, por ejemplo, en Alemania los productos ecológicos son más baratos porque hay más demanda . Las autoridades, en cambio, deberían perseguir prácticas fraudulentas como son que algunas multinacionales pongan en circulación productos ecológicos a un precio elevado que no se justifica por razones de mercado dado que precisamente ellas podrían abaratarlos porque tienen capacidad económica para ello.
Claro que si una persona ingresa 400 euros al mes tiene dificultades graves a la hora del consumo, pero ese es un asunto diferente; eso obedece a razones de carácter estructural que trasciende lo que nos ocupa. Un mileurista puede perfectamente ser un consumidor responsable, si organiza bien sus prioridades. Es que está extendida la especie de que hay algo de elitista en todo esto y no es así; es una idea que algunos círculos difunden interesadamente; es lo contrario: el consumo responsable es también una fuente de equilibrio social.
J.C. Bien, parece que cuando hablamos de consumo responsable es un lugar común entender que nos estamos refiriendo a la alimentación, a no usar bolsas de plástico, a reciclar la basura, a no derrochar el agua, a poco más...pero ¿estamos hablando, supongo, de un nuevo paradigma que abarca todas las áreas de consumo: desde la energía al vestir, pasando por los productos farmacéuticos o ciertos servicios?
B. Ch. Sí, hablamos de un nuevo paradigma. Ese podría ser un resumen. Lo he ido diciendo. Se trata de otro tipo de consumo; y hay alternativas en todos los sectores aunque a veces no se visibilicen porque las empresas sostenibles no cuentan con los presupuestos de publicidad y marketing que emplean las grandes multinacionales. Los Objetivos de Desarrollo sostenible de la ONU para 2030 conciernen a todos los ámbitos y también a los hábitos y costumbres, desde grandes asuntos como pueda ser la política energética general hasta cosas muy cercanas a cada uno de nosotros como llenar la lavadora cuando hacemos la colada y usar agua fría.
J.C. Cualquiera que mire con alguna atención a su alrededor se da cuenta de que algo está cambiando. Pero ¿es significativo el cambio? ¿es una tarea de largo plazo? ¿qué actores cree usted que tienen asumida más claramente la necesidad del cambio, los gobiernos, las empresas, la sociedad civil, los individuos?
B. Ch. Los cambios siempre son lentos tanto individual como colectivamente. Pero el proceso es irreversible. Y ciertamente hay movilización. La evolución sin embargo no es regular y es cierto que en alimentación la gente ha empezado a tomar decisiones responsables antes que en otros ámbitos. Pienso por ejemplo en el movimiento vegano, muy activo con cierta capacidad económica y relacionado también con quienes buscan el bienestar animal general. Hay firmas de moda que están dejando de utilizar pieles. Sí, hay un cambio de tendencia y hay auténticos héroes anónimos que están produciendo sin explotación social, respetando el medio ambiente, con modelos democráticos, justos, horizontales; insisto, necesitan apoyo de las administraciones públicas y que los consumidores nos informemos y tomemos esa decisión política de la que hemos hablado en su favor.
J.C. ¿Qué sectores, por contra, ofrecen más resistencia.
B.Ch. El cambio no le gusta a la industria en general. La de las energías fósiles lleva 40 años negando el cambio climático. Lo sabían hace décadas y han estado ocultándolo y mintiendo. En particular, las industrias derivadas del petróleo son muy renuentes y hay que pensar que del petróleo, a parte de los combustibles propiamente dichos derivan pesticidas y herbicidas; en la cosmética, en la limpieza del hogar hay muchos productos que tienen la misma procedencia y en el vestir intervienen también porque están en el origen de muchas fibras sintéticas.
Y quizás pueda sorprender, pero debe saberse: la banca es responsable en gran medida de que no avancemos al ritmo adecuado. Después de los Acuerdos de París (2016) han venido invirtiendo de forma creciente en energías fósiles y en industrias no sostenibles.
J.C. Me gustaría, si es posible, que explicara algún ejemplo que invite al optimismo, algún ejemplo de empresa que haya cambiado sus prácticas, que se haya rehabilitado sinceramente.
B.Ch. Las que ya nacieron con esa vocación de sostenibilidad son ejemplos todas ellas. Por destacar un sector, quizás el de la agroecología como alternativa a la agricultura industrial; trabaja en cultivos sostenibles pero también aplica modelos justos de comercialización y distribución y consumo, no usa pesticidas, no contamina, etc. Me gusta destacar también los llamados grupos de consumo, cada vez más extendidos como las cooperativas de compra directa al productor o más recientemente los supermercados cooperativos. Hoy podemos encontrar moda sostenible que usa tejidos que lo son y emplea mano de obra contratada en condiciones dignas, recupera artesanías y saberes ancestrales y contribuye al desarrollo de las comunidades locales. Aunque el comercio justo sea hoy solo el uno por ciento del total, sin duda invita al optimismo. .
No existe una multinacional que se haya reciclado; en ese terreno podemos encontrar solo parches y, como referí antes, fraude. Que no les engañen; hoy no existe. Sí hay empresas que hacen un esfuerzo muy loable y se reinventan. Y, como me pide un ejemplo, se lo daré: Patagonia, es una empresa de equipación deportiva que fundaron unos montañeros y en su origen no será en absoluto sostenible; hoy ha corregido todos sus procesos y aplica modelos de comercio justo, de reutilización y reventa de materiales, etc. Tiene un buen tamaño y hoy se atreven a enseñar a Nike cómo hacer las cosas bien.
Hay, evidentemente mucho qué hacer y estamos en cierto modo en una carrera contra el tiempo y a veces de obstáculos. Pero quiero acabar diciendo, porque es verdad, que motivos para el optimismo hay muchos y en muchos ámbitos. 

jueves, 27 de junio de 2019

Croniquilla veraniega desde soplapollilandia

Se aleja uno un par de días de la rabiosa actualidad y es que a la vuelta es imposible asimilar que somos un gran país. 

Resulta que el partido que quiere sanar homosexuales, silenciar la violencia machista, terminar con las Autonomías y los emigrantes, además de otras muy nobles empresas, hace público un acuerdo secreto con otros dos partidos, PP y Ciudadanos, que se erigen en adalides de las libertades y de la Constitución, según el cual los filonazis tendrán poder en las instituciones y, por tanto, pueden dedicarse con toda paz a dinamitar por dentro la democracia y a perfumar de nuevo España de sovaquina y repollo rancio. Curioso: cómo son esos tipos y tipas de Vox que, ofendidos y cabreados como mandriles porque se les ha engañado, aparecen envueltos en un halo de honestidad: es que ellos no se esconden y van por la vida por derecho, no como esos mierdecillas; total que sea secreto el acuerdo es una bobadita de nada. Tiene pelotas la cosa. Esos piernas con Casado y Rivera a la cabeza, son liberales mentirosos y tratan de llevar al huerto a los españoles de bien de toda la vida, gente inocente, sana y noble que por fin ha despertado impasible el ademán. Que hayan embaucado también a sus votantes es cosa menor pues que los tales votantes no los sacan de las poltronas que han logrado trampeando a hostia limpia.

En esto que Sánchez se larga a Japón a codearse con la flor y nata de la élite mundial y nos deja en un pasmo: irá a la investidura tenga o no tenga los apoyos necesarios; con un par el tío. Bueno, nos deja más: nos deja el eco, eco, ecoooooo de 2015 que propalan sus vocerillos, Lastra, Ábalos y esa impagable Carmen Calvo: ya está otra vez Iglesias con que si la abuela fuma para acabar votando con el PP e impidiendo que haya un gobierno progresista con 123 diputados y mucho cariño que dar a diestra y a siniestra y al puritito centro, sea lo que sea un el centro. Es que esos comunistas no se enteran que en Dinamarca por ejemplo ya hay un gobierno “cooperativo” y en Portugal uno de colaboraçao, que no es que a los estrategas de Ferraz les ponga la semántica, sino que la socialdemocracia se reinventa cuando hace falta. Tiene sentido: 123 y un cheque en blanco es mejor que 165 y una mosca cojonera, donde va a parar. ¿Que las urnas han interpretado otra música y que eso de marear la perdiz, evitando la investidura a sabiendas y retrasándola dos meses con tal de tener a quién echar la culpa de unas nuevas elecciones, es una estafa al pueblo soberano? Qué va, qué exageración.

Y entonces, TVE entrevista a Otegui. ¿Interés informativo? ¿libertad de expresión? Bah, para nada: el acabose, las columnas basales de la democracia se vienen abajo y Fraga desciende sobre nuestras cabeza a bordo de una flamígera nave-gaita y nos fulmina a todos por consentirlo con fuego de queimada ¡dracaris!. Lo de “entrevista” es una forma de llamarle al pim pam pum de unas gentes, periodistas por mejor nombre, que se dedicaron a preguntar al ínclito insistentemente si pedía perdón a las victimas del terrorismo. Otegui es un sujeto que fue juzgado y estuvo en la cárcel y aún cumple condena inhabilitado para ocupar cargos públicos. Es también el líder de EH Bildu, partido político legal, es decir, que cumple la ley y hay gente que le vota; cuatro escaños tiene en el Congreso de los Diputados, oiga. Pues no, no hubo tal entrevista, pero al decir de los más y mejor informados y nada delirantes analistas, esta aparición en la televisión pública es un blanqueo del ex-etarra (o etarra a secas para que nos vamos a andar con sutilezas) por parte de Sánchez que se debe estar desternillando de la risa tumbado panza arriba en el tatami: le va a necesitar para la investidura, vocifera la iracunda parroquia.

Joder, y la ola de calor no ha hecho más que empezar.


domingo, 23 de junio de 2019

Kikiriquí

La verdad es que no deja de sorprenderme esta especie de maniputontá o intoxichorrá consistente en decir que Iglesias, Pablo, está empeñado en pedir para sí vicepresidencias de esto o de lo otro o ministerios de aquello y de lo de más allá. Ni lo ha hecho ni lo hará.

Es que, por ejemplo, El País lleva tal cosa a los espacios editoriales y suelta las fieras de sus mejores plumas -lean a Vallespín hoy mismo- que también editorializan pero dicen que es cosa suya. La Vanguardia agita sus páginas de opinión como quien mueve la campanilla para que despertemos, que no nos enteramos de nada; léanse hoy también las bonitas elucubraciones de Pedro Vallín. Y ni te cuento los analistas que pululan por las redes y las tertulias. Uff.  

A parte de ese mantra que repiten cada día, eso de que no suman, como si en el caso de que sumaran de verdad, no se lo harían encima directamente los estrategas del PSOE con UP echándoles el aliento en la nuca; como si eso no hubiera pasado ya, recuerden, en 2015. A parte de esa matraca digo, lo más chuli que he leído ultimamente es que en el PSOE estarían preocupados porque, caso de tener a Iglesias en el Consejo de Ministros, se puede meter el dedo en la nariz en cualquier momento, tirarles pelotillas a los colegas o pasarse las sesiones blandiendo una bandera republicana o quien sabe si del Manresa o el Eibar.

Vamos a ver mendas, Iglesias es lo más listo que se vende en el mercado de verano. Sabe de sobra que jamás estará en el Consejo de Ministros como no sea presidiéndolo, y no parece. Ni quiere estar de otro modo. Es más, ni ha pedido tal cosa ni lo hará porque  además sabe que en las presentes circunstancias es imposible que eso lo acepte el PSOE. Hombre, que todo el mundo sabe que no puede haber dos gallos en el gallinero y menos si uno de ellos tiene los espolones como alfanjes sarracenos.

Yo no se que pasa en mi país que hay tanta gente empeñada en llamarnos idiotas a los demás todos los días. 


miércoles, 19 de junio de 2019

Negociaciones

Sale Carmen Calvo y dice ante la prensa que el PSOE ofrece a Unidas Podemos lo del gobierno chimpón y tal, que consiste en unas jefaturas de negociado y mucho amor.

Hace estos anuncios, imagino, en calidad de Secretaria de Igualdad que es lo que es en el PSOE y, por lo visto aunque -qué cosas, creíamos que eran Ábalos, Lastra y el propio aspirante a presidente- destacada negociadora de un eventual pacto con su “socio preferente” signifique lo que demonios signifique “socio preferente”; sí, es vicepresidenta en funciones del Gobierno, pero no es el Gobierno que yo sepa quien negocia con UP; igual se han creído que sí, que no sería raro; en el partido de los tropecientos años de historia se vienen arriba enseguida. Porque por libre no va ¿no?

Debe de ser la idea que tienen en Ferraz de una negociación discreta. O tal vez se trata de lo que viene siendo una tocada de pelotas para poner de los nervios al “socio preferente” sea lo que rayos sea “socio preferente” Sí, debe de ser eso, porque Calvo suelta lo de los carguitos de gran importancia y fundamento y dice, hala, ahora que decida Iglesias qué quiere hacer con la gobernabilidad de España.

No me harán ni caso, pero si yo pintara algo en UP diría: a ver prendas, se acabó la negociación o esa cosa de yo gobierno y tu cooperas. No preocuparse, no bloquearemos nada, votaremos que sí, que vale, que bueno, a la investidura de Pánchez. Pero a partir de ese momento ni “socio preferente” ni mandangas. En la oposición y cuando queráis algo lo decís, contáis los diputados que seguirán siendo 123 y ya si eso, Carmen Calvo, listilla. 

La derechita cobarde, la derechona machorra y el centroderechaliberalprogresistadaigualtocontaldepillar se frotan las manos.



Pactos secretos

O sea, usted es votante del PP o de Ciudadanos.

En campaña a usted le cuentan a grandes rasgos el programa electoral de unos y otros. Con eso y con sus emociones va usted a las urnas y pone dentro su papeleta. Usted es gente honrada y se ha creído la democracia.

Vox no es un partido como los demás. Es liberticida y homófobo, entre otras lindezas, y los partidos equivalentes a PP y Ciudadanos en Europa jamás le darían carta de naturaleza como han dicho repetidamente.

Cuando se van a formar gobiernos municipales y autonómicos, usted se entera de que el PP ha firmado pactos secretos con Vox y de que Ciudadanos lo sabe o lo intuye pero se hace el loco insultando permanentemente la inteligencia de la parroquia y acepta en todo caso las consecuencias de la intervención de Vox con tal de pillar.

Hay una Ley de Transparencia: firmar pactos secretos es ilegal, es decir los dirigentes del PP, Vox y Ciudadanos son presuntos delincuentes los dos primeros y cómplice el tercero. Y si es ilegal, como se ha cometido un fraude al estado de derecho, el resultado de esos pactos es ilegítimo.

Pero eso es cosa de expertos. Lo que tal vez le debería preocupar a usted, votante del PP y de Ciudadanos, es que sus representantes le han puesto mirando pa Cuenca sin su permiso. Usted mismo: puede relajarse y pedirles disculpas por darles la espalda, o echarlos a patadas llegado el caso; usted decide qué hacer para seguir siendo una persona honrada que se ha creído la democracia. 

De las cosillas del PSOE ya si eso otro día.

P.D. cuando termino de escuchar en la SER una entrevista a Iñigo Errejón. ¡Cuanto perdemos con que él e Iglesias no estén en el mismo proyecto!


martes, 18 de junio de 2019

Mareando la perdiz para variar

Sánchez calla y manda que hablen Ábalos y Lastra que juegan con todos nosotros poniendo caritas.

La última es que para esta gente elegir entre un gobierno con Unidas Podemos y nuevas elecciones es hacerlo entre susto o muerte. Y entonces se ponen dignos y dicen que irán a la investidura pase lo que pase y aunque no la tengan asegurada. Oye, si llegado el momento y tras las votaciones pertinentes, la investidura no sale, la culpa será de todo el mundo menos del PSOE y de Sánchez. A ver si nos vamos enterando.

Dicen los susodichos voceros que si PSOE y UP sumaran mayoría absoluta entonces sí sería posible un gobierno con ministros de los de Iglesias –a la valenciana, vamos- pero que, como no es así, tener 165 escaños a disposición no es mejor que tener 123, puede que hasta fuera peor en vista de que quizás habría quien dejaría de prestar apoyo llegado el caso que aún no ha llegado e igual nunca llega y tal y cual y pascual. La primera parte de la proposición es falaz, claro; les daría la misma grima, o más, tener que compartir con una UP con mayor representación y, por tanto, más cargada de razones. La segunda parte es, sencillamente, una bonita pirueta aritmética y una notable soplapollez pues, se pongan como se pongan los estrategas de medio pelo, 165 es más que 123.

Obsérvese que todo esto sucede con Vox comiéndonos por los pies una vez naturalizados como si fueran uno más; a ver Ábalos: eso sí que da susto; solo por precisar: igual se lo podía ir diciendo a quienes en su partido y en algunos municipios no le hacen muchos ascos si se trata de tocar poder.

La derecha se concierta, miente, engaña, oculta, pacta contra lo que dicen las urnas...es decir, lo habitual. El PSOE pide primero un imposible, que parecen nuevos a pesar de los tropecientos años de historia, y exige responsabilidad al partido del inepto Casado y el megalómano Rivera mientras marea la perdiz con el único aliado posible; luego se pone creativo con la semántica con tal de no tener a Pepito Grillo sentado en el Consejo de Ministros; y finalmente, hincha la pechuga y dice que pase lo que pase, palantecomolosdealicante

Sigo pidiendo ayuda: a ver si alguien me puede explicar para qué votamos. ¿Qué tal Sánchez mismamente? Es el Presidente ¿no?


domingo, 16 de junio de 2019

...a la espera



Si quieren hacer algo útil, pinchen en este enlace 




y vayan al minuto 30. El resto se lo pueden ahorrar. Oigan las cosas que dice Manuela Carmena y las que luego dice José Luis Martínez Almeida. Sí, ese que aspira a estar a la altura de Manzano el de la corrupción en Ifema, Gallardón, el de la deuda mil millonaria y Botella, la de los de los fondos buitre...y traten en encontrar en qué se diferencian unos y otra.

Y si quieren, lean luego este cuento tontorrón:

Erase una vez un país en el que gentes decentes sabían que en modo alguno se puede dar carta de naturaleza a la extrema derecha e interpretaron bien lo que habían dicho las urnas; hicieron gobiernos honestos y jamás consintieron ni siquiera que algún día se les pudiera reprochar que gobernaron una comunidad autónoma, una ciudad, un pequeño y remoto pueblo por la concurrencia por activa, por pasiva o por perifrástica de los herederos de nuestra historia negra. 

Pero también hubo quien se envolvió en una maloliente capa de pragmatismo, manchó la palabra responsabilidad, comerció con las voluntades y las ilusiones e hizo mucho daño a la democracia olvidando pronto si es que alguna vez lo supieron, gobernantes y voceros, que alimentando el descreimiento se incuba el huevo de la serpiente; así dándole calorcito como si fuera uno de los nuestros, uno más. 

En ambos casos los había de todos los partidos, de derecha y de izquierda. En realidad no eran muy distintos aunque dijeran que sí. 

Y en aquel reino todos quedaron a la espera, con esperanza o con temor, de saber si quien habría de gobernarlos sería o no un príncipe valiente.