domingo, 25 de octubre de 2020

Sindemia

 


En la edición de 6 de julio de este año de la revista Nature, hay un artículo de los profesores Roben Naidoo y Brendan Fisher ( https://www.nature.com/articles/d41586-020-01999-x) en el que alertan de que la COVID19 amenaza el cumplimiento de los dos tercios de los 169 metas de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) El doctor Fernando Valladares de la Universidad Rey Juan Carlos (El éxito ante la Covid19, edición del 29 de septiembre último de la revista de elDiario.es) que es quien los referencia, pone el acento en que, como advierten asimismo Naidoo y Fisher, el 10 por ciento de los Objetivos -recuerden: se establecieron en 2015 y su grado de cumplimiento cinco años después es desalentador- pueden amplificar los impactos de futuras pandemias, básicamente aquellos que, como por ejemplo la gestión de las emisiones de CO2 y otros agentes, se concilian mal con el desarrollo económico. En cristiano: que el crecimiento deseado-esperado hará imposible la reducción, en tiempo y dimensión necesarios, de los agentes responsables del calentamiento causante del cambio climático que, además de una amenaza directa y a corto plazo perfectamente identificable a estas alturas, tiene implicaciones indirectas como es favorecer la extensión de patógenos de cuya existencia tiene noticia cierta la ciencia desde hace tiempo, aunque no hayan saltado al género humano...aún.

Hace unos días escribí en este mismo espacio un artículo en el que hacía referencia al llamado decoupling, esto es, la posibilidad de un desarrollo económico que tenga escaso impacto negativo en el medio ambiente. Naidoo y Fisher insisten en ello y creen que los ODS debieran revisarse precisamente en vista de que tal desacoplamiento es en gran medida una falacia. Bueno, en realidad, ellos lo dicen de manera más eufemística; soy yo el que sostiene que la expresión “desarrollo sostenible” es un oxímoron y, por tanto, cuanto se derive de ella es falaz.

Sea como fuere, Valladares cree que a la hora de pensar en esa revisión de los ODS nos enfrentamos precisamente, “cara a cara, con la esencia de nuestro sistema socioeconómico” Y la pandemia nos está poniendo frente al espejo con terrible crudeza, exigiendo que actuemos de forma perentoria, urgente. ¿Muy urgente? Cada vez hay más sectores sociales que creen que sí; es muy urgente.

No me refiero, por ejemplo, al FMI por mencionar una institución que últimamente viene manifestándose con una sensibilidad social poco habitual (https://www.imf.org/es/Topics/imf-and-covid19): su sobrevenida preocupación es la misma de quien teme que la desigualdad creciente y la ruptura del pacto social acaben poniendo en riesgo el sistema mismo. "Se ha dicho que la pandemia ha escenificado un conflicto entre la economía y la vida. Pero este enunciado, esta forma ficticia de contraposición, oculta el conflicto real entre derechos y privilegios" escribe en La sobrevida, misma edición de la revista de elDiario.es, la periodista y escritora Belén Gopegui.

El FMI como otros actores domésticos y transnacionales no desean en absoluto una reconversión económica profunda, no en el sentido que la sindemia exige. Sindemia digo; sí, es hora de llamarla por su nombre real, en tanto que epidemia sinérgica, esto es un fenómeno que resulta de una enfermedad de origen vírico, de sus interacciones con otras afecciones y de sus secuelas, y de las consecuencias sociales y económicas de diverso tipo a que da lugar.

¿O será, como escribe Valladares, que “...el principal obstáculo para una reconversión socioeconómica profunda es que no queremos hacerla”? ¿quiénes “no queremos”?

Se ha escrito muchas veces: cuando cayó el Muro de Berlín desapareció toda alternativa al neoliberalismo; eso es al menos lo que nos dice el relato dominante ¿No hay pues hoy modelos económicos diferentes al actual a los que pudiéramos acudir? ¿Disponemos de conocimientos empíricos y recursos tecnológicos para plantear una alternativa? Tengo al respecto algo más que intuiciones, pero como no soy especialista, no intentaré siquiera responder a esas preguntas. Al contrario, haré otra: ¿Realmente no queremos, o es que el diagnóstico y, por tanto, el enfoque de la salida de la crisis que padecemos es equivocado?

¿Cuáles son las diferencias entre la crisis de 2008 y ésta? Muchas desde luego. En 2009 la caída del PIB mundial fue del 0,1 por ciento y en 2020 estará entorno al 3 por ciento. Esto ya es un dato frio pero que nos sitúa en una realidad muy dura ciertamente. Asusta. Enrique Marazuela, director de Inversiones de BBVA dice (y su opinión es ampliamente compartida) https://www.bbva.com/es/de-la-gran-recesion-a-la-gran-pandemia-diferencias-entre-la-crisis-de-2008-y-la-de-2020/ que “El paquete de garantías públicas conseguirá que esta crisis no derive en otra sistémica” ¿De modo que no es “sistémica”? No lo es, en efecto, si aplicamos las referencias habituales: no la ha provocado una quiebra del conglomerado financiero como consecuencia de la ruptura de alguna clase de equilibrio, sino un acontecimiento inesperado (menos inesperado para la ciencia que venía advirtiendo desde hace mucho tiempo y que, a lo que parece, no forma parte del sistema) y no actúa directamente sobre sector económico alguno sino sobre la salud (que, en cuanto tal, tampoco fes un concepto sistémico) y, como pasa con las fichas del dominó puestas en fila, actúa sobre todo lo que de verdad importa: sobre toda nuestra vida, lo cual, en puridad, será que tampoco forma parte del sistema. Ha puesto todo patas arriba, revelando las insuficiencias del estado del bienestar y poniendo al descubierto que hay detentadores del poder democráticamente otorgado dispuestos a poner en riesgo a las poblaciones vulnerables y, más allá, sacrificar al 1 por ciento de la población en favor -creen ellos- del 99 por ciento restante. ¿Y el asunto no es sistémico? Vale.

¿Porqué tengo la sensación de que para no pocos economistas, esta sindemia puede destruirnos, pero es un asunto que enfrentan con una especie de desdén intelectual?

Dejen que añada a este desordenado comentario un par de cosas. Hay un libro que nunca me cansaré de recomendar; se titula Pluriverso (Icaria 2019) y es una recopilación de artículos breves y, a mi juicio, del mayor interés: José María Tortosa, catedrático de Sociología de la Universidad de Alicante, rescata en “Europa” el concepto de Maldesarrollo que ya utilizó en 1968 Sugata Dasgupta (“Peacelessness and Maldevelopment”) y más a fondo Samir Amín (“Maldevelopment: Anatomy of a Global Failure) y dice lo siguiente: “Los seres vivos... sufren maldesarrollo cuando sus órganos no siguen su código, se desequilibran entre sí, se malforman” lo cual es una metáfora -dice Tortosa- que como otras metáforas “suele contener ideología y más si se centra en el objetivo a conseguir, el del crecimiento, normalmente del PIB...”.

Por su parte, el economista ecuatoriano Alberto Acosta escribe en “Posteconomía”: “Nunca antes afloraron tantas cuestiones críticas de manera simultánea que no se circunscriben sólo a lo económico y social. Los graves problemas problemas ambientales son ya inocultables. Las manifestaciones de esta crisis civilizatoria, influenciadas por una especie de virus mutante (Acosta, naturalmente, no sabía nada en 2019 del SARS-Cov-2) aparecen en muchos otros campos: político, ético, social, energético, alimentario y, por supuesto, cultural”

No me voy a extender sobre los comentarios de Tortosa y Acosta; eso excedería las pretensiones de este artículo. No se a ustedes, pero a mi me resultan muy sugerentes.

Una última cosa. Terminando estas líneas se hace pública la decisión del Gobierno de España de decretar un nuevo estado de alarma con la pretensión de extenderlo hasta finales de abril del año que viene. Eso implica que los gobiernos de las comunidades autónomas dispondrán de un instrumento jurídico para poder restringir derechos fundamentales, es decir, quienes no han sido capaces de controlar la extensión de la enfermedad desde el final del anterior estado de alarma, tal era y es su competencia, disponen ahora de más poder para hacer ni ellos saben qué. Malos tiempos, muy malos pero, contra lo que suele ser habitual (que la inoperancia y la estupidez me provoquen una insufrible acidez estomacal) me ha dado por recordar otra aportación de Pluriverso, la de Michelle Boulous que dirige un singular Grupo Europeo de Investigación Filosófica en la Universidad de Queensland, Australia. En “Movimiento Slow” escribe “la ecuación de la velocidad y la precipitación con la eficiencia, está arraigada en la modalidad europea clásica de pensamiento instrumental racional en donde el cuidado da paso al cálculo y el pensamiento, por lo general, se reduce a una hueca manipulación y ampliación técnica de los hechos” ¿Unos friquis estos del “Movimiento Slow”? Seguramente, pero igual no es mala idea tomarse las cosas con calma, con nuestra mascarilla, nuestra distancia social y nuestro lavado de manos frecuente, porque esto va para largo y a estas alturas ya sabemos que lo que no hagamos por nosotros mismos y los nuestros, nadie lo hará. 

Mucha suerte.

miércoles, 3 de junio de 2020

Los de cuarenta

La nómina de agradecimientos, todos muy merecidos, por su comportamiento durante estos días difíciles es extensísima, empezando por los sanitarios y acabando por cualquiera que tenga alguna labor de servicio público que desempeñar.

Pero yo quiero hacer hoy un reconocimiento que, a mi juicio, no se hace porque sus protagonistas no se identifican en particular por su pertenencia a gremio alguno; pueden ser médicos o enfermeros, pero tal vez informáticos, periodistas, artistas, ingenieros, quizás estudiaron mecánica del automóvil o cocina... No son sus estudios o su profesión lo que les define.

Como soy ya mayor, he conocido varias generaciones de españoles: la de mis abuelos y padres que vivieron dos guerras, el hambre de los años cuarenta y un desierto cultural y de libertades. La mía es sobre todo la de la Transición, mucho más liviana que la anterior por más que algunos coetáneos se empeñen en creerse el ombligo de la historia. Y está la de los hijos e hijas de quienes tenemos mi edad. A ellos me quiero referir.

Es un lugar común afirmar desde hace tiempo ya que la de los que hoy están en la cuarentena o cerca, es la generación más preparada de la historia; estoy hablando de habilidades profesionales y sociales, solo de eso; sin duda no se saben de corrido la lista de los reyes godos o la tabla del cuatro pero, dado que no se ha demostrado la necesidad imperiosa de sabérselas, se puede constatar solo como ver sus curricula que, efectivamente, nunca hubo en España tanta gente con tanta preparación...y tan mal aprovechada, tanto que a veces creo que España no los merece.  

Pero se dice también que han crecido entre algodones y no saben enfrentarse a las dificultades de la vida; eso es, simplemente, falso. Insisto, si la anterior afirmación pudiera ser puesta a la consideración de nuestros abuelos y nuestros padres (no es posible porque están muertos) quizás tendrían algo que decir al respecto dado que su peripecia vital les facultaría para comparar; sospecho, en todo caso, que no se sentirían especialmente satisfechos con ganar de calle en tan absurda competición. Mi generación, por mucho que se empeñe en dar lecciones (y se empeña) pues no está en condiciones de juzgar.

Quienes hoy tienen, más o menos, cuarenta años se enfrentan -como todos- a una crisis económica jamás conocida, la que se deriva de la pandemia. Hay consecuencias inmediatas: se han quedado sin trabajo o rezan para que su ERTE no acabe mal; si tenían alguna aspiración de salir de la precariedad pierden ahora la esperanza. ¿Como todos?

El tiempo vuela. Ellos también lo saben muy bien porque en 2008 no habían cumplido los treinta y ya entonces, cuando empezaban a sacar la cabeza, su proyecto vital quedó truncado por una crisis económica que algunos se empeñan en llamar estafa. Esta de ahora no es una estafa, pero para los efectos da igual; es peor porque es más dura y porque les pilla entrando en la madurez y, como los viejos sabemos, es ese momento en que uno empieza a darse cuenta de que no es superman o superwoman...y menos después de ver lo que un simple virus, un insignificante no-vivo, es capaz de hacer con la gente y el mundo en general.

Así es que estas personas llevan ya dos golpes muy duros. ¿Alguien se sorprende de que haya quien no esté interesado en reproducir el modelo de vida de sus padres? ¿comprar una vivienda? ¿casarse y formar una familia? ¿confiar en que cuando lleguen a mi edad tendrán una pensión? ¿para qué planteárselo siquiera? ¿para añadir a la impotencia la frustración?

¿A qué nueva normalidad tienen que volver? Como yo no tengo la respuesta, al menos diré que merecen mi admiración y todo mi respeto hagan lo que hagan con su vida, porque como les pasó a nuestros abuelos o nuestros padres hay que echarle agallas. 

Lo que yo diga o sienta al respecto no les sirve de mucho y lo lamento; pero a mi sí. Sin duda a mi sí.

viernes, 22 de mayo de 2020

La Reforma laboral, Bildu, Podemos

Espero que los historiadores estén tomando notas. Tal vez dentro de unos años alguno explique que en España hubo una especie de caza de brujas para tratar de laminar a un partido político que nació al calor de las protestas ciudadanas. Tal vez puedan, incluso, explicar porqué. Tendrán tajo. El último episodio es una ofensiva que en estos días se intensifica a cuenta de un incidente de menor cuantía con el fin de extender, una vez más y en plena pandemia del covid19, la especie de que el Gobierno de coalición está a punto de saltar en pedazos por sus peleas internas entre los ministros -militantes o no- cercanos al PSOE y los de Unidas Podemos. No es el objeto de este artículo extenderme sobre tal incidente, pero conviene explicarlo apenas porque, siendo como digo, menor, sí da idea de cual es el clima que se vive mientras tememos seriamente por la salud de todos y por nuestro futuro y el de nuestros hijos y nietos. El anterior Gobierno, de Mariano Rajoy, PP, puso en marcha una reforma laboral que no calificaré; lo hizo apoyándose en su mayoría absoluta en el Parlamento y sin contar con los llamados interlocutores sociales. En el acuerdo PSOE-Unidas Podemos que alumbró en enero de 2020 el Gobierno de coalición que tenemos, se acordó la derogación de esa reforma, aunque se ha explicado muchas veces que eso no es posible hacerlo de modo que se provoque un vacío legal que sería muy perjudicial para empresas y trabajadores; de manera que cómo hacerlo y con el mayor alcance posible a la hora de superar sus efectos lesivos es asunto de detalle, de matiz...no de brocha gorda. Hace apenas 48 horas y a fin de renovar el Estado de Alarma en vigor en España, el PSOE negoció el apoyo de Bildu (5 diputados) y la contrapartida fue un acuerdo que es exactamente el mismo al que me acabo de referir entre PSOE-UP solo que ahora también firma Bildu. A la hora de la votación, finalmente, no fueron necesarios los votos -abstención- del partido vasco, pero eso no lo sabía el PSOE y en todo caso es irrelevante. Ambos textos hablan de "reforma integral" pero ya he explicado qué quiere decir eso. Una palabra no innecesaria sobre quién es Bildu: para la derecha -los partidos y otros actores sociales- son los herederos de ETA; para la gente sensata, un partido perfectamente legal que procede de una agrupación de partidos tales como Sortu (este sí, heredero de Herri Batasuna) y de otros cuyo compromiso con la democracia y la no violencia es inequívoco desde su nacimiento, como es el caso de Aralar o Amaiur. En este enlace puede verse el texto del acuerdo y el de la nota publicada en la madrugada de ayer rectificando el primer punto de dicho acuerdo: https://elpais.com/espana/2020-05-21/el-documento-del-acuerdo-y-la-nota-de-rectificacion-del-pacto-entre-psoe-podemos-y-eh-bildu.html Vistas las explicaciones sobre en qué términos y como se pretende desactivar la Reforma que acabo de ofrecer (Bildu las suscribe tal como han declarado) lo sucedido a continuación es, en mi opinión, algo extraño que seguramente procede de las dudas de alguien (de Calviño y de Lastra se dice) pero que en todo caso tiene poca relevancia. En el siguiente acto, Calviño declara que no es momento de abrir ese debate y el profesor Iglesias (ambos vicepresidentes como sabemos) se pone estupendo y asegura que pacta sunt servanda que lo que se pacta se cumple, vamos. Que la derecha, la Patronal y gentes como Page lo hayan leído como un enfrentamiento entre Iglesias-Díaz y Calviño, no es más que un delirio a mi juicio. Un cometario nada racional: si contemplamos un episodio algo equívoco en cualquier asunto y aparecen relacionadas las palabras Bildu y Podemos, estadistas como Espinosa de los Monteros, Teodoro García Egea, Cayetana Álvarez de Toledo y otras luminarias del Moncayo o de la estepa manchega, caerán sobre nuestras entendederas y afanes de ciudadanos como rapaces, bien como águilas imperiales o como milanos comunes. Podemos no tiene un solo caso de corrupción en sus filas; ni siquiera se financia con otra cosa que no sean las aportaciones de la gente y de lo que entregan los dirigentes que tienen limitados sus salarios públicos; no parece que haya críticas concretas a su gestión allí en donde tiene algún poder puesto que cuando las hay son genéricas y siempre ridículas acusaciones de dependencia de oscuros intereses caribeños. Yo confieso que no lo termino de entender; Podemos jamás ha nacionalizado nada, nunca ha expropiado cosa alguna, pero se le ataca como si hubiera gobernado una república bolivariana o un gulag llamado España, dejándola en la raspa hasta que fuera finalmente rescatada por las fuerzas de la libertad. Lo que pasa con Podemos, la persecución a la que se le somete desde que nació, no se parece en nada a lo que pasa o ha pasado con el PSOE, con el PP, con Ciudadanos, ni siquiera con Vox; pero tampoco es un fenómeno comparable a ninguno de los partidos políticos de la Segunda República, ni hay parangón en Europa ni en parte alguna. Su breve historia es la de ser víctima de una guerra sucia constante y su acción de gobierno de apenas cinco meses en el seno de la coalición, alcanza a la mejora del salario mínimo interprofesional y poco más, dado que el resto de las medidas de protección social en cuya implementación ha participado están relacionadas con la situación de excepcionalidad que padecemos. De modo que no encuentro razones de peso para esa especie de odio africano a Podemos, como no sea que su líder máximo es algo listillo, un poco faltón y nada simpático. Pero eso los historiadores lo descartarán enseguida porque, además de ser una tontería, si admitieran tal argumento les crecerían los enanos en la realidad política más contemporánea. Créanme los historiadores del futuro, esta gilipollez del acuerdo con Bildu y sus correcciones (que pasará rápido) es el enésimo episodio de un intento de romper ese Gobierno que por lo visto padecemos. Y si no, lean el editorial de El País, la gran Biblia de la democracia española, de ayer, que lleva el bonito título de "La intemperie" y dice, por ejemplo: "Un Ejecutivo de coalición no puede ser el cuadrilátero político donde dirimir mediante golpes de efecto las disputas entre socios"
https://elpais.com/opinion/2020-05-21/a-la-intemperie.html

miércoles, 20 de mayo de 2020

El Gobierno debe parar ya a los provocadores


El Gobierno se equivoca. En las caceroladas no se respetan las medidas de prevención, ni antes ni ahora; eso debió haber sido, debería ser, razón suficiente para impedirlas. No se hizo desde el principio y esto empieza a ponerse feo: ahora, esas gentes animadas por dirigentes del PP y de Vox aunque luego lo nieguen porque ni para eso tienen agallas esos matones de pacotilla, manipuladores de tres al cuarto, se dedican además a otras cosas. 

Un Gobierno digno y democrático no puede consentir que se acose (esa es la palabra) a un vicepresidente y a varios ministros, dirigentes a los que los perolos consideran usurpadores de lo que por derecho divino les corresponde, autoridades a las que desprecian ("el coletas", "chepas", la mujer el macho alfa, etc) y por eso creen que pueden faltarle el respeto impunemente a una magistratura del Estado. 

Gentes que llevan muchos días aguantando el confinamiento, que sufren este problema sanitario y económico mucho más que los de las cacerolas, que leen o escuchan a conspicuos comentaristas llamarles poco menos que cabestros conformes de su condición, resignados a su destino de habitantes de un Gulag caribeño pero en el Mediterráneo, han empezado a salir a la calle para enfrentarse a los de las cacerolas. El siguiente paso es que aparezcan los encapuchados. 

Es natural que un Gobierno modere su actuación en materia de orden público y trate de mantener el equilibrio, esa es su obligación; pero llega un momento en que, si se mantiene en la inacción, en una especie de absurda neutralidad, esa actitud se convierte en dejación de su responsabilidad. Las caceroladas son una forma de protesta legítima, salvo cuando se pone en riesgo la salud pública o derivan en provocaciones; y eso es lo que ya está pasando. 

El momento de que el Gobierno pare esta escalada es ahora, cuando aún se puede identificar con facilidad quienes son los provocadores, quienes incumplen las normas del Estado de Alarma, quienes nos ponen a todos en riesgo, quiénes se creen con derecho a acosar. Es que después de los políticos -además de a miembros del Gobierno, ya lo han hecho con la sede del PSOE en Madrid; "rojos maricones" les gritaron a quienes en la calle Ferraz les pedían que mantuvieran la distancia de seguridad- vendrán los periodistas -ya ha pasado en Zaragoza con un cámara de tv o en Madrid con una redactora de "Público"- los miembros de algunas ONGs -el Padre Ángel ha sido insultado- los homosexuales -también ha pasado ya en el barrio de Lavapiés con un muchacho que salió a la calle envuelto en una bandera arco iris- las feministas etc; el fascio siempre actúa igual. El Gobierno debería de saberlo; esto empieza a írsele de las manos.

domingo, 10 de mayo de 2020

Hacia la "nueva normalidad" en medio de un atasco


Las organizaciones ecologistas exigen que el dinero público no se use para apuntalar una movilidad insostenible.

Las principales organizaciones ecologistas rechazan las ayudas que se prevé que conceda el Ministerio de Industria a la compra de coches y demandan que no se utilice el dinero público para planes de renovación de flota con vehículos contaminantes, ni para rescates de líneas aéreas.

El Estado debe apoyar los servicios esenciales, como la sanidad, la educación o el transporte público, pero también medidas para la emergencia ecológica que necesitarán un importante refuerzo tras la crisis.

Mientras la terrible crisis sanitaria de la COVID–19 va entrando poco a poco en vías de solución se atisba una crisis económica sin precedentes, que afectará particularmente al Estado español, debido tanto a la severidad de la crisis sanitaria, como a la dependencia del turismo en España. De hecho, ya son numerosas las empresas que han solicitado o incluso se han asegurado ayudas del Estado.
En este sentido se sitúan los planes solicitados por el conjunto del sector de la industria del automóvil que, según distintas fuentes, parece que pueden tener comprometidos hasta 800 millones de euros en estímulos para la compra de vehículos, en un nuevo plan Renove que puede destinarse a la compra de cualquier tipo de vehículos, incluso diésel y gasolina.

Ante esta situación, las principales organizaciones ecologistas, Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF, demandan al Gobierno que no dedique fondos públicos a rescates y planes de ayuda a las actividades que más contribuyen al cambio climático y la destrucción de la biodiversidad. Insisten en que cualquier medida de apoyo a empresas esté condicionada a criterios de sostenibilidad ambiental y social.

Las organizaciones ambientales solicitan que los fondos públicos sean utilizados ahora más que nunca para proteger a las personas, mejorar el sistema sanitario y el resto de los servicios públicos y para prepararnos para afrontar la emergencia climática y de biodiversidad a la que nos enfrentamos.

España debe priorizar sus apoyos económicos a los sectores esenciales más vulnerables y condicionarlos a criterios de sostenibilidad. Las ayudas siempre deben atender y formar parte de una estrategia de descarbonización y transición justa. En este sentido, las organizaciones ecologistas reclaman más transparencia y debate en el diseño de las ayudas, así como su presencia en las mesas de negociación donde se aborden.
El transporte supone un 27 por ciento del total de las emisiones de gases de efecto invernadero en España y el 60 de las emisiones las producen los automóviles. Aunque la industria argumenta que la renovación de la flota ayudaría a reducir emisiones, lo cierto es que su propensión a vender vehículos cada vez más grandes y pesados (como los SUV) está provocando que aumenten las emisiones del parque automovilístico. Las ayudas han sido anunciadas por Industria tan solo un día después de que la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, se reuniese con la patronal Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac), lo que ha indignado a las asociaciones ecologistas.

Por otro lado, la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), de la que Anfac es parte, ha solicitado a la Comisión Europea que se relajen los objetivos de reducción de emisiones medias de CO2 en los coches nuevos vendidos este año, que deberían lograr una media de 95 gCO2/km. Una petición que, de cumplirse, pondría en serio peligro el objetivo de descarbonización del transporte en 2050. Lejos de proponer condicionantes ambientales a un rescate, la industria del automóvil demanda una rebaja de sus compromisos ambientales.

Algo similar ha sucedido con la industria de la aviación. Desde que el pasado mes de marzo la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA) reclamara ayudas por valor de 200.000 millones de dólares para el sector, numerosas aerolíneas han recibido cuantiosos apoyos públicos valorados en unos 26.000 millones de euros solo en la UE.

En el Estado español Iberia y Vueling han recibido 1.010 millones de euros en préstamos avalados por el Estado, mientras que Aena ha obtenido casi 2.000 millones de euros (300 directamente del ICO). Importantes cifras a las que se sumará otra inyección millonaria del Gobierno en el marco del instrumento de ayudas estatales que se está negociando en la Comisión Europea.

A día de hoy, la aviación es el único sector de la UE cuyas emisiones de CO2 siguen creciendo, con un aumento del 26 por ciento desde 2013. Al mismo tiempo, las aerolíneas disfrutan de importantes exenciones fiscales que, por ejemplo, les permiten ahorrar 27.000 millones de euros anuales, solo en impuestos, al combustible en la UE. Además, al contrario que el resto de sectores, no tienen un compromiso de descarbonización.

A pesar de ello, la industria insiste en exigir ingentes rescates públicos sin ninguna obligación ambiental o de cualquier otro tipo para compañías cuyos beneficios se realizan a costa de aumentar sus impactos sobre el planeta y las personas. Las organizaciones ecologistas reclaman que, si se llegan a producir estos rescates, se haga con compromisos ambientales, entre los que tienen que estar la adopción de una senda de descarbonización antes de 2050 sin créditos de carbono, la aceptación de un impuesto al queroseno y de los billetes aéreos, y la introducción de un porcentaje obligatorio de combustibles derivados de energías renovables.

En cualquier caso, las demandas ecologistas enfatizan que se debe priorizar el apoyo a los servicios públicos. En lo que respecta al transporte, el servicio esencial que se debe apoyar es el transporte público. Estos operadores están haciendo frente a pérdidas millonarias y no han podido acogerse a ninguna de las ayudas ofrecidas por el Gobierno.

La ayuda estatal es absolutamente necesaria para mantener este servicio público, ya que el transporte público es la columna vertebral de la movilidad urbana y metropolitana, y pieza imprescindible para garantizar la movilidad de todas las personas. Ninguna ciudad puede dejar caer su transporte público y apoyarse únicamente en el automóvil, sería un error fatal que dispararía los niveles de congestión y contaminación que afectarían a millones de personas.

Para Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF, ahora es el momento de atender, junto a la social, la emergencia ambiental a la que nos enfrentamos. La lucha contra la pérdida de biodiversidad y el cambio climático deberían ser los destinos prioritarios de los fondos públicos, a través de varias acciones, medidas y planes: fomentar e instalar energías renovables (con medidas especiales para impulsar la participación ciudadana), mejorar la eficiencia energética de los edificios, apostar por la agroecología, etc.

Estos sectores son fuente muy importante de empleo y nos ayudarán a afrontar la crisis ecológica. Seguir apoyando a las empresas más contaminantes (mayoritariamente de capital extranjero) nos hará aún más difícil afrontar la emergencia climática y ecológica, frenará la transición energética y contribuirá a agravar los riesgos de crisis sanitaria.

miércoles, 6 de mayo de 2020

El esbirriato

Hay dos cosas que debiéramos dejar de hacer ya: una es distinguir el PP de Vox; son lo mismo. La otra es admitirlos como interlocutores honestos en la conversación sobre la pandemia y sobre sus consecuencias sanitarias y económicas.

Ambos partidos están ahí y no desaparecerán, tienen peso específico notable en el Parlamento y responsabilidades de gobierno en Autonomías, Diputaciones y Ayuntamientos y, por tanto, seguirán haciendo daño de un modo u otro. Pero debemos tener presente en las relaciones políticas que cuanto puedan decir sobre estos asuntos tan graves en los que ahora está España ocupada y preocupada, no es porque les importemos nada los españoles, sino porque tales asuntos son un pretexto más, como tantos otros, para intentar derribar un Gobierno que ostenta una legitimidad democrática que a ellos, a pesar de sus mentiras y su constante manipulación, nadie les niega.

Trataron de desautorizar al Gobierno de Zapatero mientras duró la legislatura y lo están haciendo con el de Coalición desde que arrancó su mandato; viene de lejos y nada que ver tiene eso con la Covid19 que, a tales efectos insisto, es coyuntural.

Lo primero es contener la epidemia; parece que eso es una obviedad. ¿El Estado de Alarma ha servido para ello hasta ahora? Es evidente que sí. ¿Hemos conseguido vencer a la enfermedad y minimizar las posibilidades de un rebrote? En absoluto; esa es otra verdad palmaria. ¿Hay alternativa a mantener la Alarma? Si la hay, ni PP ni Vox la tienen puesto que no la han expuesto en ningún momento.

La negativa y la abstención son la misma cosa porque tienen la misma intención: negar el mantenimiento del Estado de Alarma; es solo que la segunda de estas opciones es falsa en sí misma; solo se distingue de la primera en que es más cobarde.

El PP hubiera querido oponerse desde el primer día, pero hasta ellos se daban cuenta de que hacerlo el 14 de marzo y en las sucesivas prórrogas habría sido muy mal visto por una parte de su electorado. Es ahora, el momento en que estamos empezando a ver que las cosas mejoran cuando Casado, el esbirro, ha dudado. 

Puede ocurrir que no haya rebrote o que sí, así es que -habrán pensado los estrategas del PP y quienes les mandan- es preferible ni carne ni pescado que es la mejor forma, creen ellos, de negar el éxito al Gobierno o seguir atribuyéndole todos los males llegado el momento y según por donde vayan los acontecimientos. ¿Que eso es una especie de pragmatismo criminal dado que hay muertos? Se arregla con corbatas negras, banderas a media asta, lágrimas negras de rimmel, funerales y homenajes varios. Es la derecha, amigo.

Por eso Casado, el esbirro, se ha pasado la semana diciendo que el PP votaría no, para finalmente acabar absteniéndose en una pirueta infantil que no le diferencia de Vox y, sobre todo, no le hace mejor que Ciudadanos, un partido de derechas a la expectativa que ayer en el Congreso ganó puntos y le mojó la oreja a modo; no crean, hay quienes observan en silencio y toman nota; Rivera salió mal, pero quien sabe.  

jueves, 16 de abril de 2020

¡A ver esos liberales!


Dicen los especialistas en psicología social que un efecto de las pandemias y catástrofes es una suerte de paralización; uno entra en una especie de depresión, se amohina en un rincón del cuarto de estar y ahí me las den todas. Los más levantiscos se apuntan a la doctrina del shock que consiste básicamente -lean a Naomí Klein- en que te la meten doblada aprovechando que estás en un pasmo. Y luego están los que, incapaces de pensar soluciones, buscan culpables todo el tiempo, eso sí, sin moverse del sofá.

Vale, cuando todo esto pase, organizamos un Núrember de andar por casa y los metemos a todos en la cárcel (si caben que, llegado el caso, son muchos y de diferentes responsabilidades y rangos) pero ahora mejor no vamos a reclamar al piloto, al copiloto, al sobrecargo y a los auxiliares de vuelo por la bazofia de comida que dan en el avión no sea que se distraigan en plena turbulencia; mayormente porque no tenemos otra tripulación.

También podemos desde eso que (a veces de un modo algo pomposo) llamamos sociedad civil, dejar de pedir: que si nos avisan tarde, que si los niños, que si qué hay de lo mío, que si la abuela fuma...Bastaría con una exigencia inmediata y otra para pasado mañana: que se proteja a los sanitarios y a los viejos; obviamente, los primeros porque son los que nos pueden salvar y los segundos porque están cayendo como moscas y no hay razón (¡no la hay, hostias!) para que sea así. La de pasado mañana es dejarse de mandangas y acordar ya la Renta Básica Universal, no esa pantomima del Ingreso Mínimo Vital en la que anda el Gobierno y los interlocutores sociales sea lo que diablos sea “los interlocutores sociales” No me pidan que explique la diferencia, tengan la bondad: hay mucha literatura accesible al respecto y yo mismo lo he comentado en este blog; si no lo copio es porque está muy feo citarse a uno mismo.

Desde el inicio del estado de Alarma ha pasado un mes. A parte de la respuesta a la evolución de la enfermedad, el Gobierno ha puesto en marcha muchas medidas cuya operatividad y eficacia está aún por ver. La que sí está muy clara es la intención: en su mayoría pretenden proteger o ayudar a quienes tienen pocas capacidades de salir adelante por sus propios medios.

Hecho en falta a esos liberales, apóstoles del emprendimiento y campeones del ERTE, proponiendo cosas: por donde reorientar algunas industrias; de qué modo desmontar el oligopolio de la energía a fin de adaptar ese sector estratégico a la realidad social y dejar de trincar; cómo optimizar unas formidables infraestructuras turísticas en el futuro inmediato con fórmulas creativas, tan dinámico como es ese sector; de qué manera mejorar nuestras exportaciones. No veo la ingeniería financiera que tanto ayudó a robar a todo dios, poniéndose al servicio de quienes, habiéndoles salvado a ellos en su día de la ruina, en algún momento volverán a necesitar una línea de descuento o un préstamo al consumo. Cómo, en definitiva, hacer de la necesidad virtud, hacer que, en efecto, toda crisis sea una oportunidad y otros mantras que tanto le gustan al capitalismo. Ya tardan ¿A qué esperan? ¿A que el Estado, el maldito estado, el inútil e ineficiente Estado, les saque las castañas del fuego? ¿A que escampe?