Hace
escasos días se presentó públicamente “Vulneraciones
de derechos en la Frontera Sur: Canarias y Melilla” un
prolijo y crítico informe elaborado por el instituto Iridia,
Centro
por la Defensa de los Derechos Humanos
y apoyado por 50 organizaciones sociales, que será presentado
proximamente
ante el Relator Especial de Naciones Unidas para los Derechos Humanos
de las Personas Migrantes así como al Comité Europeo para la
Prevención de la Tortura del Consejo de Europa. El
Informe, que contiene recomendaciones al Relator de Naciones Unidas,
así como al
Defensor del Pueblo, el Gobierno de España, los Grupos Políticos
con representación en el Congreso, al Ministerio Fiscal y a la
Comisión Europea,
puede ser consultado
completo aquí: INFORME-DDHH-FRONTERA-SUR-2021.pdf
(iridia.cat)
Estas
son sus conclusiones:
“Las
políticas de la Unión Europea y de sus Estados miembros han creado
zonas donde las personas quedan prácticamente inmovilizadas. La
contención se realiza a través del desarrollo de trabas
burocráticas, limitaciones en la libertad de movimiento, vallas,
fosas, controles, procedimientos interminables, detenciones y
deportaciones junto a un amplio abanico de diferentes obstáculos que
van construyendo una tela de araña de la que es difícil escapar.
Durante los últimos 20 años estos espacios se han visibilizado
principalmente en algunas islas del continente europeo, debido a que
su geografía favorece la contención. Ejemplo de ello son Lampedusa,
las islas griegas y las islas Canarias, pero también las regiones
del sur de Italia, los Balcanes, las ciudades de Ceuta y Melilla,
Marruecos, Egipto o el Líbano. En estos momentos se está
produciendo un proceso de intensificación de las políticas de
contención en la Frontera Sur de España. El bloqueo tiene un fuerte
impacto en la salud mental de las personas migrantes que se
enfrentan, incluso durante años, a condiciones indignas y a altos
niveles de incertidumbre. Además, estos espacios de contención
facilitan la proliferación de discursos racistas y xenófobos, tal y
como se ha podido observar en los últimos años en los territorios
contiguos a las fronteras europeas. La situación de pandemia
producida por la COVID-19 ha intensificado y legitimado los
mecanismos más represivos del control de fronteras. La dificultad en
la gestión de la movilidad durante la situación de emergencia
sanitaria ha favorecido la improvisación de medidas que, en
ocasiones, han tenido graves consecuencias en la afectación de los
derechos fundamentales de las personas.
El Nuevo Pacto sobre
Migración y Asilo aprobado por la Comisión Europea en septiembre de
2020 no plantea soluciones nuevas a las dificultades derivadas de la
recepción de personas, sino que acentúa los aspectos que ya eran
parte de la estructura de la Unión. El nuevo pacto pretende
intensificar la cooperación con terceros países sobre todo en lo
referente a la facilitación del retorno y de la readmisión. Esta
cooperación queda negativamente condicionada a la obtención de
visas y a acuerdos de readmisión. Además, plantea la solidaridad
entre Estados en materia de retorno y de externalización de
fronteras y deja de lado la solidaridad en la acogida y la defensa de
los derechos fundamentales.
Dos
factores recientes han influido en el contexto migratorio actual en
los países de origen, ambos derivados de la pandemia de la COVID-19:
la crisis económica y el cierre de fronteras. Con respecto al
primero, se estima que la contracción de la actividad económica
supondrá un incremento de entre 40 y 60 millones en el número de
personas viviendo en el umbral de la pobreza extrema, el primer
aumento de pobreza a nivel global desde 1998. África subsahariana
emerge como la región mundial más afectada por esta problemática.
Según un informe reciente de la Agencia Nacional de Estadística y
Demografía de Senegal (ANSD en sus siglas en inglés), un 85 por
ciento de los hogares consultados ha sufrido una disminución de los
ingresos como consecuencia de la pandemia. El impacto ha sido
especialmente grave en el sector informal, muy extendido en la región
y que emplea al 80,3 por ciento de trabajadores mayores de 25 años y
al 93,4 de trabajadores de entre 15 y 24 años. Por lo que se refiere
al cierre de fronteras, las políticas de restricción de la
movilidad llevadas a cabo por los diferentes Estados han afectado al
90 por cien de la población mundial. Las rutas migratorias africanas
convergentes en el Mediterráneo se han visto fuertemente afectadas y
la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) estima que
entre enero y abril de 2020 se ha producido un descenso del 48 por
ciento en los movimientos en algunas de estas rutas, como las que
atraviesan Camerún, Malí, Níger y Nigeria.
El
cierre de las fronteras ha reactivado el tránsito de rutas más
peligrosas, como es la ruta hacia las islas Canarias, en la que ACNUR
estima que las salidas de personas migrantes desde el Sáhara
Occidental, Mauritania, Senegal y Gambia se han multiplicado por
seis. Al contexto actual en los países de origen cabe sumarle la
situación en España como país receptor, donde se vive una
radicalización del discurso racista que forma parte de un proceso
global con consecuencias directas en los discursos políticos, en los
medios de comunicación y entre la población. Las personas llegadas
por vía terrestre a los enclaves de Ceuta y Melilla durante 2020
(1.755 llegadas) han descendido más del 70 por ciento en comparación
con el mismo período de 2019 (6.346 llegadas). Según el Balance de
la Inmigración Ilegal del Ministerio del Interior, también se ha
observado un decrecimiento en las llegadas por vía marítima a estos
dos enclaves: ha habido un 95 por ciento menos de llegadas a Melilla
(898 personas en 2019 y 43 en 2020) y casi un 35 por ciento menos a
Ceuta (655 llegadas en 2019 en comparación con las 430 llegadas en
2020). Por lo que se refiere a las llegadas a la Península y
Baleares por vía marítima, estas también se han reducido, aunque
no tan drásticamente: en 2020 llegaron 16.610 personas, un 25 por
cien menos que en 2019. Según el informe “Derecho a la Vida 2020”
de la ONG Caminando Fronteras, el total de víctimas mortales de
migrantes que han intentado alcanzar las costas españolas ha
ascendido hasta 2.170 personas. La ruta canaria se ha confirmado como
la más mortífera de todas, y ha dejado un total de 45 naufragios y
1.851 víctimas mortales, de las cuales sólo 67 están confirmadas.
Esta cifra corresponde al 85 por ciento del total de víctimas y,
según los datos que ofrece el colectivo, esta ruta presenta una tasa
de mortalidad del 32,1 por cien, es decir, tres de cada diez personas
que cruzan la ruta atlántica mueren. Al contexto actual en los
países de origen cabe sumarle la situación en España como país
receptor, donde se vive una radicalización del discurso racista que
forma parte de un proceso global con consecuencias directas en los
discursos políticos, en los medios de comunicación y entre la
población. Desde el momento en que las personas rescatadas por
Salvamento Marítimo desembarcan, quedan detenidas por efectivos del
Cuerpo Nacional de Policía para su identificación, chequeo
sanitario e iniciación del procedimiento de devolución.
Aunque durante el primer momento de llegada intervienen actores
sociosanitarios como Cruz Roja, este proceso se produce en un marco
de privación de la libertad de movimiento. Por otro lado, cualquier
actividad que las personas desembarcadas realizan debe ser autorizada
por los agentes custodios. Tras haber superado una travesía de entre
2 y 8 días potencialmente traumática al no producirse en
condiciones de seguridad, en las que se pone en riesgo la vida y, en
la cual, han podido fallecer personas de la misma embarcación o se
han podido enfrentar a una avería o un naufragio, se prioriza la
actuación policial frente a la atención humanitaria. Dicho proceso
de detención se ha llevado a cabo en Gran Canaria en diferentes
espacios en los últimos años, normalmente en calabozos de
dependencias policiales que no estaban preparadas para asumir dicha
función.
A
pesar de ser un lugar de llegada habitual de entrada de personas
migrantes por vías marítimas informales e inseguras, el Ministerio
del Interior no ha priorizado generar un espacio estable y digno para
llevar a cabo dicha detención a lo largo de estos años. En la
segunda mitad del año 2020 se han utilizado dos espacios como
centros de detención para este procedimiento por parte del CNP en
Gran Canaria: el muelle de Arguineguín y el CATE de Barranco Seco.
Aunque nos encontremos en el contexto de emergencia sanitaria
producida por la COVID-19, los derechos fundamentales de las personas
en el marco de una detención están plenamente vigentes así como
también lo debe estar la normativa en la materia. No obstante, hemos
visto que el Ministerio del Interior y el CNP han generado
situaciones en las que se han flexibilizado, sin amparo legal, tanto
las condiciones como los tiempos de la detención. Este hecho ha
generado espacios y situaciones excepcionales en los que entendemos
que no sólo existen vulneraciones de los derechos de las personas
migrantes sino también podría entenderse que existen indicios de
delito que deben ser investigados en profundidad. Cabe destacar que
la creación y mantenimiento durante 4 meses de un espacio de
detención como es el muelle de Arguineguín supone una grave
violación de los derechos humanos que contraviene de manera
flagrante la normativa internacional relativa a derechos de las
personas detenidas.
Las condiciones de detención que se produjeron
(hacinamiento, estancia a la intemperie, condiciones higiénicas y
sanitarias, así como la deficiente alimentación y la falta de
espacios para el descanso) podrían considerarse contrarias al Art. 3
del Convenio Europeo de Derechos Humanos, al constituir un trato
cruel, inhumano o degradante. También se han producido diferentes
irregularidades en lo referente al acceso a la información y a la
asistencia letrada durante la utilización del muelle de Arguineguín.
Muchas de las personas migrantes que habían llegado hasta el 11 de
noviembre de 2020 no habían tenido entrevista con sus abogados/as
debido a la falta de condiciones en el muelle: los abogados eran
citados en comisaría, a kilómetros de donde se encontraba la
persona detenida ya que las instalaciones del muelle no cumplían la
normativa referente a la COVID-19. La detención no puede superar el
plazo de 72 horas. Sin embargo y, a pesar de la negativa del Ministro
del Interior, diferentes organizaciones como Human Rights Watch o
CEAR, cargos políticos locales e incluso el Juez de vigilancia del
CIE de Las Palmas aseguran que en el muelle de Arguineguín se
produjeron irregularidades en este sentido. Se habrían detectado
casos de personas que han superado los 10 e incluso los 20 días
detenidas. En el caso de confirmarse dichas situaciones, no hay duda
de que nos encontraríamos ante una grave vulneración de derechos
humanos. Sin lugar a dudas, el muelle de Arguineguín era un centro
de detención y las personas que se hallaban en su interior estaban
privadas de libertad. El acceso al muelle era controlado en todo
momento por agentes del CNP y los movimientos en el interior del
muelle tenían que ser autorizados o supervisados por agentes del
CNP. Si las autoridades hubieran necesitado crear espacios de no
privación de libertad con carácter excepcional para la atención
temporal de las personas migrantes con carácter anterior al traslado
a plazas de acogida, se podrían haber generado dos zonas
diferenciadas en el muelle. Por un lado, una zona custodiada como
centro de detención y, por otro lado, otro espacio de emergencia
previo a la derivación a otros recursos en el que las personas no se
encontrasen restringidas de su libertad deambulatoria.
El Ministerio
del Interior y el CNP han tenido alternativas para que la legalidad
fuera respetada en todo momento. Sin embargo, no se han generado
dichas alternativas y se ha entendido el muelle de Arguineguín como
un centro de detención. Es por eso que se considera imprescindible
la depuración de responsabilidades tanto dentro del Gobierno y del
CNP como en el seno de los órganos jurisdiccionales. Las condiciones
de vida en el CATE de Barranco Seco no respetan los derechos de las
personas detenidas, tanto en referencia a las condiciones de
alojamiento en tiendas de campaña (que no aíslan del frío ni de la
humedad) como a las medidas higiénicas y sanitarias. Asimismo, se
han detectado situaciones de personas que han superado las 72 horas
de detención y no se garantiza una asistencia letrada
individualizada en un espacio adecuado. También se ha detectado la
presencia durante más de 72 horas de menores de edad. Exigimos
también la depuración de responsabilidades tanto dentro del
Gobierno y del CNP como en el seno de los órganos jurisdiccionales.
El Gobierno de España, tras el aumento de llegadas a las islas
Canarias durante la segunda mitad de 2020 ha implementado una
política de contención de personas migrantes. Esta práctica
continúa a pesar de que distintas organizaciones de derechos humanos
(como CEAR o Amnistía Internacional) han solicitado que se lleve a
cabo el traslado de las personas migrantes desde las islas a la
península a partir de un reparto proporcional y planificado entre
las plazas de acogida de diferentes territorios, tanto para personas
solicitantes de protección internacional como para personas que no
sean solicitantes.
Desde
el mes de septiembre de 2020, el Ministerio de Inclusión, Seguridad
Social y Migraciones habilitó hoteles afectados por la crisis
económica derivada de la crisis sanitaria en la zona de Maspalomas y
Mogán para el traslado y la acogida de las personas que se
encontraban en el muelle de Arguineguín. En todo caso, es importante
remarcar que, si bien esta fue una actuación improvisada debido a
que no se contaba con soluciones estables en las islas, cabe valorar
la firma de acuerdos con empresarios hoteleros que han ofrecido una
solución temporal en este contexto excepcional. Ante la
implementación del Plan Canarias y tras la aprobación de 7.000
plazas de estancia en condiciones precarias para las personas
migrantes, se ha perdido la oportunidad de realizar una transición y
traslado amplios y efectivos desde los hoteles hacia plazas de
acogida menos precarias en la península, a través de un reparto
equitativo entre comunidades. Sorprende el carácter pretendidamente
estable de las plazas de acogida cuando cerca del 50 por ciento de
las plazas de nueva creación están previstas en tiendas exteriores.
La ubicación de tiendas de campaña en estos espacios supone una
infraestructura provisional y, por lo tanto, cabe preguntarse cuánto
tiempo se utilizarán y se mantendrá a las personas en estos
espacios a la espera del acceso a una plaza de acogida digna.
Según
varias organizaciones locales, cabe destacar que hasta julio de 2020
las personas solicitantes de protección internacional no tenían
problema para viajar a la península con su documentación. Sin
embargo, en el marco actual de readaptación hacia el desarrollo de
una política de bloqueo en las islas Canarias y a pesar de la
sentencia mencionada del Tribunal Supremo (que reafirma la libertad
deambulatoria de las personas solicitantes de asilo) han aumentado
los casos de personas a las que se les impide viajar con dicha
documentación. Estas negaciones se llevan a cabo a través de
controles realizados por el CNP en los aeropuertos canarios. Las
denuncias emitidas por parte de algunos medios de comunicación y
partidos políticos en referencia a que el Gobierno podría estar
realizando traslados masivos a península, generó una reacción en
el Ministerio del Interior que consistió en la extensión de los
controles en los aeropuertos impidiendo, de una manera completamente
discriminatoria, el viaje de personas migrantes sin permiso de
residencia y trabajo. El nuevo sistema de vallado fronterizo en
Melilla aumenta, en muchos puntos, la altura de la valla hasta los 10
metros. La estructura se corona con un cilindro anti trepado y con
peines invertidos que puede suponer un aumento en la lesividad en los
saltos y cruces, a pesar de la retirada de las concertinas en el lado
español de la frontera.
Desde
el año 2018 se han producido decenas de devoluciones sumarias de
personas que han accedido a Melilla por vías no regularizadas, ya
sea tras saltar la valla o habiendo llegado a las islas Chafarinas.
También ha aumentado la práctica de las devoluciones exprés, que
supone el retorno de las personas hacia Marruecos en menos de 72
horas, tras llevarlas a comisaría y notificarles un procedimiento de
devolución con asistencia letrada. La situación provocada por la
pandemia ha sido aprovechada para intensificar la política de
bloqueo de personas migrantes en Melilla, a pesar del alto grado de
hacinamiento en el que se ha encontrado el CETI durante todo el año,
así como otros recursos complementarios que se han abierto y
activado excepcionalmente. Tanto las personas que sufren el bloqueo
en Melilla como las organizaciones entrevistadas realizan
declaraciones sobre el fuerte impacto y la incertidumbre que provoca
la contención y la posible salida de Melilla. La preocupación por
el futuro, la percepción de falta de empatía por parte del entorno,
la desconfianza hacia los cauces administrativos así como hacia las
instituciones (que no facilitan una respuesta ni una solución), la
depresión y la desesperación son algunas de las principales
consecuencias que manifiestan. Referencian haber detectado casos de
personas con pensamientos autolíticos en relación a esta situación.
El
CETI de Melilla cuenta con una capacidad para 780 personas. Sin
embargo, a lo largo del año 2020 ha estado habitado por más de
1.600 personas, y 200 de ellas fueron niños, niñas y adolescentes
menores de edad que realizaron el recorrido migratorio junto a sus
familias. Dada la situación de hacinamiento, era imposible cumplir
las medidas de distancia social planteadas al resto de la población
en el marco del confinamiento domiciliario. El complejo del V Pino ha
albergado a unos 200 hombres y a una mujer, sin ventilación ni
climatización. Con las lluvias de abril y mayo, las carpas se
llenaron de goteras que caían directamente en las literas.
Especialmente destacable era la situación de los aseos: tres váteres
y una ducha en mal estado para unas 200 personas. Frente a estas
malas condiciones, muchas de ellas preferían orinar en botellas.
Además, las camas, tipo literas, carecían de colchón, sábanas o
almohadas. Tampoco había servicio de lavandería, las personas
referían escasez de comida y agua –1,5 litros por persona y día
antes de ramadán- y no había conexión a internet o teléfono para
comunicarse con el exterior. Preocupaba especialmente la atención
sanitaria, ya que los equipos médicos no acudían con regularidad.
Las personas que estaban en el espacio de la Plaza de Toros se
hallaban en condiciones muy poco dignas e higiénicamente muy
deficientes. Asimismo, afirman que existía un alto grado de
hacinamiento y no había un espacio destinado para que las personas
recién llegadas pudieran hacer cuarentena separadas del resto del
grupo. Una persona que estuvo residiendo tanto en el V Pino como en
Plaza de Toros nos indicaba que tan sólo había un baño para todas
las personas que se encontraban allí e indicaba que el acceso al
agua era muy limitado. Asimismo, manifestó que no se garantizaba que
cada persona tuviera un vaso individual para beber agua, y que el
agua se entregaba junto a las comidas en grandes garrafas. En España,
las llegadas de personas de nacionalidad tunecina aumentaron a partir
del 2018. En 2019, 1.238 personas tunecinas (4 por ciento) llegaron a
España por mar y por tierra. Sin embargo, este porcentaje aumenta si
nos fijamos en las entradas a Melilla. En 2018, las llegadas de
tunecinos sólo constituían el 9 por cien del total. En el año
2019, el número de llegadas de personas tunecinas a Melilla es la
más numerosas, constituyendo el 22 por cien del total. Desde el
verano de 2019, el bloqueo en Melilla ha afectado de manera
específica y devastadora al menos a unas 760 personas de
nacionalidad tunecina que se encuentran retenidas en Melilla,
concretamente en el CETI , a quienes se ha impuesto una orden de
expulsión. Entre estas personas bloqueadas se encuentran niños,
niñas, adolescentes que están sufriendo una situación
especialmente dura. 30. 31. Los niños, niñas y adolescentes menores
de edad no acompañados que llegan a Melilla también sufren desde
hace años una política de bloqueo en una ciudad que, para la gran
mayoría, es una etapa más dentro de un proyecto migratorio de más
largo alcance. La situación se agrava cuando al cumplir la mayoría
de edad muchos de ellos no cuentan con la situación regularizada o
la pierden antes de poderse trasladar a la península.
Aunque la
opacidad, la informalidad y la falta de transparencia son
características fundamentales del proceso de deportación, España
continúa con su política de alcanzar y ampliar acuerdos para la
deportación y readmisión de personas migrantes, siguiendo el modelo
de implementación del Plan África con el que, en 2006, respondió
ante la llamada crisis de los cayucos y que sirvió de modelo para el
resto de países comunitarios. En este contexto, el Gobierno español
ha reforzado sus acuerdos con Senegal, Mauritania y Marruecos con el
objetivo de reactivar las deportaciones. Las deportaciones a países
de tránsito como Mauritania o Marruecos es una práctica habitual en
la política migratoria del Gobierno español. Estas deberían ser
una herramienta en base al principio de no devolución y no deberían
vulnerar los derechos humanos de las personas migrantes"
Juan A. Cabrera