lunes, 12 de diciembre de 2011

Confusión

 
Hay como varios mundos que no parecen tener nada que ver unos con otros.

Los llamados países emergentes nos comen por los pies, hasta el punto de que ya hay una corriente migratoria que hace cuatro días como quien dice, sería impensable: gente joven, probablemente la generación mejor preparada de la historia, hace las maletas y se larga en busca de lugares en donde haya cosas por hacer y puedan hacerse.

Aquí, en la vieja Europa, el poder repite hasta la náusea que solo el crecimiento nos salvará del desastre y, de tanto insistir, nos hemos creído que no hay nada que rascar: hay que mandar a la mierda el estado del bienestar para conservar el estado del bienestar.

Entre tanto, quienes más ensucian el planeta, China, India, y USA, no asumen compromiso alguno para evitar la porquería mientras sea posible y antes de que nos inunde para siempre. La inmensa mayoría de la comunidad científica alerta del peligro de un cambio climático irreversible, pero eso a los profetas del corto plazo se la suda y entre los felices e indocumentados sigue presente la seguridad de que “Dios proveerá”

Estoy confuso…somos tan poca cosa.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Los pobrecitos ancianos

Se bien que en estos tiempos de penuria, en los que familias enteras carecen de recursos para mantenerse, explicar lo que sigue puede ser algo sin interés; un asunto menor en el que no cabe recabar la compresión de nadie y esperar apoyo de ninguna clase.
Y sin embargo, se me antoja un paradigma: el del olvido del estado de bienestar por asuntos que las almas bien pensantes y el universo de lo políticamente correcto ignoran porque, acaso, no siquiera conciben.
¿Me estoy refiriendo a la falta de apoyo social a quienes han de ocuparse de ancianos enfermos, singularmente los que padecen demencias de algún tipo; personas que los cuidan en casa y, casi siempre, mujeres? Ese es un problema muy grave, sí. Pero no, no es a eso a lo que quiero referirme.
Imaginen que tienen en casa un anciano. Es una persona amable con las visitas y con los médicos. Su cabeza funciona, es decir, está orientado, es capaz de recordar qué medicinas ha de tomar cada día y a qué horas, opina sobre asuntos corrientes, etc. No tiene ninguna enfermedad significativa. Hay un problema, sin embargo: muerde la mano que le da de comer. Es un síndrome real aunque no incapacitante que consiste en el empeño patológico de tratar de imponer su voluntad a quienes le cuidan siempre, sea cual sea el asunto de que se trate, no respetarles no ya como familia, ni siquiera como personas, etc. Con el tiempo y en especial si como aconsejan los especialistas no se le toleran las imposiciones, la cosa deriva en insultos y hasta en intentos de agresión hacia sus cuidadores.
Pero, ya digo, si le pasan un test, dará que es una persona perfectamente capaz y, por tanto, no existe posibilidad alguna de tomar decisiones por él/ella, aunque sea, si se me permite la expresión, en defensa propia. Es decir, no hay posibilidad de que un juez determine desposeerle de la capacidad de tomar decisiones de forma autónoma. Muy al contrario, de intentarlo, podría considerarse que se pretende atentar contra sus derechos individuales.
Si las victimas del venerable anciano acuden a los servicios sociales, o comentan el caso con allegados, lo que obtendrán son elogios de la paciencia y la necesidad de comprensión y, de paso, alguna velada crítica relacionada con la falta de tolerancia hacia nuestros mayores. Es decir, lo que cabría esperar de una sociedad pacata, que no desea enfrentar conflictos que no quiere ver porque no suelen salir del ámbito del hogar, una sociedad de lo políticamente correcto y del tópico, capaz de dejar que un viejo muera solo en su mugriento piso después de años de olvido, y mirar para otro lado cuando alguien tiraniza a los demás y encima cree que ser mayor le legitima para ello. Esto no es violencia de género, pero ¿a que les suena la música?
Estos ancianos son destructivos, letales, nocivos para quienes les cuidan. Y no es cierto que se hayan vuelto así como la edad: lo fueron siempre y si quienes los conocen se detienen a recordar detalles, actitudes y comportamientos de tiempos pretéritos se darán cuenta de que eran lo que son ahora; lo único nuevo es su condición de anciano con las circunstancias que le son propias a la vejez.
Y ¿saben qué es lo peor de todo? No, no lo saben la mayoría de ustedes, aunque tal vez alguien esté padeciendo o haya padecido una situación parecida y, entonces sí, lo entenderá perfectamente: lo peor es que cuando el infierno pasa, queda un vacío, una sensación de derrota, un sentimiento de haber padecido sin propósito y sin sentido, sin ninguna razón. Desapareció la pupa insidiosa, pero no era un cuerpo extraño y se percibe un hueco en los tejidos. No es ya un asunto personal. Es el fracaso de la condición humana, de la capacidad de amar; de entender y entenderse; es un borrón sobre tu propia historia, sobre tus recuerdos, sobre tu vida entera. Y no habrá servido para nada.

lunes, 21 de noviembre de 2011

El presidente de todos los españoles

Son horas de darle vueltas a los argumentos, de las grandes y generosas declaraciones y de las excusas de mal pagador (lease, perdedor). El PP, sin embargo, ha ganado las elecciones generales con holgura y legítimamente. El PSOE, se mire como se mire, ha perdido más allá de lo asimilable y, por tanto, deberá de entrar en un proceso parecido -es excesivo el término, lo se- a una refundación. ¿Que hubieran sido preferibles unos comicios en los que, en lugar de votar contra alguien y algo (Rubalcaba ya estaba allí), los españoles nos hubieramos pronunciado sobre programas claros, nítidos y suficientemente explicados? Pues si, pero nada cambia el resultado ni su legitimidad.
Se agradece el enfoque institucional que prefirió Rajoy la noche electoral a la hora de anunciar su victoria, compareciendo ante los españoles antes de irse a celebrar con los suyos. Tal vez llamar a esa intervención "mensaje a la nación" chirríe algo por evocador.
Y se entiende el recurso retórico a quererse "presidente de todos los españoles" En puridad, como bien sabe el futuro jefe de Gobierno, eso hay que ganárselo,

jueves, 10 de noviembre de 2011

Esta casa es una ruina

Hay cosas que pueden llegar a inquietarnos mucho más que la prima de riesgo. Pero pertenecen a la esfera de lo cotidiano y, por tanto, no ocupan espacio o tiempo en los medios de comunicación.
Son, a mi modo de ver, la prueba irrefutable de que esto funciona cada vez peor, sin que los espabilados de siempre renuncien, no obstante, a sacarnos los higadillos como si no tuviéramos bastante ya con el paro, el IVA, la preocupación por los hijos sin futuro y toda clase de males atribuibles a la crisis.
Ya digo: oímos que la prima de riesgo se dispara o que Merkel anda enfadada con los meridionales en general y nos preocupamos, pero como que la cosa no nos pon de los nervios.
Ahora bien, pruebe a entenderse con diversos servicios de atención al cliente, trate de realizar gestiones con proveedores de servicios, etc y verá lo que vale un peine. Marque el número telefónico: invariablemente, una locución grabada le tendrá entretenido un buen rato y, al final, cuando usted consiga decirle a la máquina que desea entenderse con alguien e carne mortal, la voz en off le dirá que “todos nuestros agentes están ocupados y bla,bla,bla” Y será verdad, porque la crisis ha hecho que en todos estos servicios se haya reducido muy sensiblemente la plantilla. Resultado: los servicios de atención al cliente se han deteriorado, una prueba más de que este país de nuestros pecados cada vez funciona peor.
Si, finalmente consigue hablar con alguien, es probable que le deriven a distintos departamentos en donde habrá de explicar sus cuitas reiteradamente a diferentes personas. Puesto que usted habrá hecho todas estas relaciones cibernéticas y humanas a través de la línea 902, no se le ocurra pedir sin embargo que le pasen para terminar con el departamento de robar a la gente mediante líneas de pago; su interlocutor no entenderá a qué se refiere usted. Pero, no le quepa duda, el departamento existe.


lunes, 7 de noviembre de 2011

Rubalcaba, Rajoy, Rubalcaba, Rajoy, Rubalcada…¿Hay alguien ahí?

Anoche no asistimos a un debate de ideas ni a la esclarecedora confrontación de dos programas políticos; ambas cosas, ideas y programas, es lo que se somete al escrutinio de los ciudadanos dentro de unos pocos días.
Lo que vimos anoche fue una conversación animada, un punto enfática a ratos, nada comprometedora (a menos que nos lo parezcan cuatro fuegos de artificio) entre un candidato que hace de la ambigüedad el eje transversal de su oferta y otro que difícilmente podrá convencer a nadie de que hará lo que, teniendo poder, no hizo.
También percibimos las ausencias: el escenario político español incluye, como resulta obvio, a muchos más actores, alguno de ellos en franca proyección. Pero pareciera que no existen: ni siquiera estaban en las infinitas e insufribles tertulias post-debate al filo de la madrugada.
La cobertura que los medios de comunicación ofrecieron estuvo ciertamente en lo que exige la pelea por la audiencia. Es curioso, sin embargo y salvando las muchas distancias, que la vomitiva presencia de la madre del Cuco en un programa de Telecinco levantara una gran polvareda en medio de las esencias del periodismo y, en cambio, a pocos les haya parecido un puro despliegue circense lo ocurrido ayer.
Mientras duró el debate y aún después, resultaba muy interesante observar como en el plató del Palacio de Congresos y en los de las distintas cadenas de televisión, se oficiaba una liturgia antigua, mientras el verdadero debate, el debate vivo y espontáneo estaba en Twitter. Y el bipartidismo sin enterarse; o lo que es peor, creyendo que las redes sociales son un instrumento más de propaganda y solo eso: dada penita leer los comentarios de González Pons, por ejemplo.
¿Quién ganó? ¿Quién perdió? A mi me parece irrelevante; no creo que estemos para gilipolleces. Perdió la democracia por incomparecencia y no sacamos gran cosa en claro.

Juan A. Cabrera

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Indignados en Wall Strett: en el corazón del imperio.., venido a menos

"Esta es la segunda vez que lucho por mi país. Pero es la primera vez que conozco a mi enemigo" Eso es lo que podía leerse en una pancarta que exhibían dos personas en el downtown de Nueva York. Eran veteranos del cuerpo de Marines.

“Cualquier persona con ojos abiertos sabe que el comportamiento gangsteril de Wall Street –y de las instituciones financieras en general– ha causado severos daños a los ciudadanos de Estados Unidos (y del mundo). Y debería de saber que lo ha estado haciendo durante los últimos 30 años, al incrementar radicalmente su poder en la economía, y con ello, su poder político.

Esto ha instaurado un círculo vicioso que ha concentrado inmensa riqueza, y poder político de hecho en un minúsculo sector de la población, una fracción del 1%, mientras el resto intenta sobrevivir en una existencia precaria. También, realizan estas terribles actividades bajo una casi completa impunidad: no sólo son demasiado grandes para dejarlos caer como se ha dicho, también son demasiado grandes para meterlos en la cárcel.

Las valientes y honorables protestas en marcha en Wall Street deberían de servir para traer esta calamidad a la atención pública, y llevar a esfuerzos dedicados a sobreponerse a ellos y colocar a la sociedad en un camino más saludable”.

Esto es América

El anterior es el texto de una carta abierta al movimiento Occupy Wall Street, suscrita por Noam Chomsky, referente moral de la izquierda estadounidense e intelectual respetadísimo en Europa, a principios de octubre último.

Lo de los Marines puede parecer algo más o menos anecdótico; no lo es en modo alguno en un país como Estados Unidos en donde esta clase de implicaciones tocan el corazón de la gente y vienen a reflejar lo que, siendo común en todo el movimiento de protesta, constituye una de sus más claras señas de identidad: su heterogeneidad. Nueva York acaso sea el paradigma: un crisol en donde se funden distintos credos, razas, ideologías y hasta actitudes vitales en el objetivo común de mostrar el descontento.

“Plaza de la Libertad”, es el nombre con el que se ha rebautizado Zuccotti Park, en las inmediaciones de la zona cero, el lugar de Nueva York donde ha sentado sus reales el movimiento. A nadie puede sorprender que la Policía no permitiera la presencia de los manifestantes ante la Bolsa de la ciudad. Eso era de esperar.

Ha bastado sin embargo con el lema elegido, que da nombre al movimiento mismo “Occupy Wall Street”, para que la sede de la Bolsa de Nueva York, tan cargada de simbología, sea la identificación misma del enemigo, su ratonera, como hubiera dicho tal vez el redactor del afiche de los marines mencionado antes. Allí habita el espíritu de ese 1% que mencionaba Chomsky en su carta abierta; ese es el habitáculo de una maquina global empeñada en acumular en perjuicio de la gente, pues todos en Zuccotti, en la Puerta del Sol y en tantos lugares, saben a estas alturas que lo ocurrido es una forma de robar haciendas y almas, un crimen de proporciones cósmicas.

Toda clase de voces… y perplejidades

Las protestas comenzaron efectivamente en el Distrito Financiero de Manhattan a mediados del pasado mes de septiembre, pero el sábado 1 de octubre, ya se habían extendido a Albuquerque en Nuevo México, Boston, Los Ángeles, Spokane en Washington, Providence en Rhode Island… y el movimiento obtenía ya multitud de adhesiones que progresivamente van teniendo su expresión en las calles (hasta el Estado Asociado de Puerto Rico armaba su movimiento a mediados de octubre): de los intelectuales, de los estudiantes, de gentes de toda condición. Algo folclórica la presencian si se quiere en aquellos momentos iniciales de celebridades como Michel Moor y Susan Sarandon (están en todas) en más de una ocasión para dar ánimos a los manifestantes; útil, necesaria presencia en todo caso. A Zuccoti han acudido entre otros el Nobel Joseph Stieglitz que lleva tanto tiempo desgañitándose para advertirnos de que, o le paramos los pies a la bestia o esto acabará muy mal, la activista y escritora Naomi Klein, autora de No Logo y, más recientemente de La doctrina del Schock, quien en algún momento ha manifestado que lo que está sucediendo no es una respuesta al Tea Party sino, precisamente, al Partido Demócrata,  dirigentes de comunidades latinas y afroamericanas especialmente afectadas por la crisis y toda clase de colectivos y personas sin nombre. Dicen que por el Parque se ha visto a Jeffrey Sachs, el visionario economista de Harvard a quien se atribuye el éxito de haber corregido la superinflación en la Bolivia anterior a Morales…y a quien otros consideran un falso profeta de aparente bondad cuando, tras su proclamada preocupación por los pobres, lo que hay es recetas de un neoliberalismo destructivo. Como diría un castizo de por aquí: “en América hay gente pa to”

Sea como fuere, como explicaba Barbara Celis en un estupendo artículo publicado en el diario El País el 9 de octubre último “en la ‘Plaza de la Libertad’ les bendice –a la gente común- desde el primer día una escultura a la que muchos se refieren como "ese chisme rojo". La firma el expresionista abstracto Mark di Suvero y su título es Joie de Vivre (Alegría de vivir). Es el sentimiento que de momento se respira entre los indignados por haber ocupado las calles y abrazado el debate de ideas. Y es posible que eso también sea una paradoja, porque alegría e indignación nunca fueron de la mano”

Pasa, al cabo, como en nuestro país y en tantos otros: el ambiente distendido, la protesta pacífica sigue siendo la tónica general y una de las señas de identidad del movimiento de los indignados. ¿Por cuánto tiempo?

El economista –premio Nobel– Paul Krugman, otra voz que como Stieglitz   clama por lo visto en el desierto, escribió por esos días en su columna del New York Times: “Algo está sucediendo aquí. Qué es, no está muy claro, pero podríamos, por fin, estar viendo el surgir de un movimiento popular que, a diferencia del Tea Party, está furioso con la gente indicada”. El viejo Krugman hubiera querido añadir :“¡por fin!” Se le notaba.

Al día siguiente de la manifestación planetaria que hemos llamado 15-O, la periodista Amy Goodman recordaba el cambio de actitud de Barak Obama. Cuando aún era senador, parafraseó al presidente Roosevelt y le dijo a un grupo de Nueva Jersey que le planteaban ciertas exigencias: “háganme hacerlo” 

 “Mientras el presidente Obama ha hecho concesión tras concesión al movimiento conservador Tea Party, que está financiado por grandes corporaciones, y a sus donantes de Wall Street –escribía Goddman- ha entrado en escena el 99 por ciento. El apoyo a la campaña “Occupy Wall Street” continúa en aumento y ya ha inspirado más de 1.000 manifestaciones de solidaridad en todo el país y el mundo entero. Tras semanas de manifestación sostenida, y luego de uno de los mayores arrestos masivos en la historia de Estados Unidos, Obama finalmente comentó: "Creo que la gente está descontenta y los manifestantes están dando voz a un descontento más amplio con respecto al funcionamiento de nuestro sistema financiero".
Pero como recuerda la propia Goodman, el comentario de Obama refleja también una cierta perplejidad por reducción y acaso la renuencia a admitir que lo que la gente está denunciando está mucho más allá de las batallas entre demócratas y republicanos, más allá de una mera crítica al comportamiento del sistema financiero; la de Obama es, a la postre, misma perplejidad que comienza a atenazar a los dirigentes de medio mundo: a la luz de lo que está sucediendo, a los ojos de quienes en distinto grado se involucran en el movimiento, las escaramuzas de Berlusconi, la sincera perplejidad de Durao Barroso, el tradicional esquema mitinero de los prolegómenos del 20-N, etc resultan patéticos…y tan antiguos..

Al comienzo de las protestas, The New York Times llamó a los movilizados actores de “un progresismo de pantomima”. No mucho después el mismo diario editorializó: “el mensaje de este movimiento resulta evidente: desde que la economía entró en recesión, solo los ricos se ha recuperado y prosperado, pero el problema es que nadie en Washington oye el ruido ensordecedor de lo que pasa”. Y entre un comentario y otro, ¡a penas a transcurrido un mes!

Epílogo imposible

La historia es conocida:  Wall Street (literalmente, “la calle de muro”) deriva del hecho de que durante el siglo XVII, constituyó el límite norte de Nueva Ámsterdam. Allí, los colonos holandeses construyeron en 1652 una pared de madera y lodo. La pared era una defensa contra el posible ataque de los indios Lenape, colonizadores de Nueva Inglaterra. La pared contuvo a los indígenas y fue derribada por los británicos en 1699.

¿Saben qué significa “lenape”? su significado es “la gente” o también: “gente de verdad” Toda una metáfora o, talvez, la premonición de que la historia puede escribirse ahora de otro modo.

Aunque, no se, no se: singular penúltima hora: “¿Y si pudieras vivir entre los manifestantes de Occupy Wall Street, saber realmente cómo se está formando el movimiento y por qué está convirtiéndose en un fenómeno de masas?” Así es como presenta la cadena de televisión MTV el programa  que dedicará a los indignados de Nueva York.

 MTV se plantea el primer capítulo de true Life (algo parecido a un reality), que se emitirá en Estados Unidos en la primera semana de este mes de noviembre, como “una forma diferente de acercarse a la realidad del movimiento Occupy Wall Street” Si este espacio piloto funciona, la cadena está dispuesta a rodar un docu-show de larga duración.

MTV ha realizado un casting de indignados a través de un anuncio en Internet: "Si tienes entre 20 y 24 años y eres parte del movimiento Occupy Wall Street envíanos un e-mail con una breve biografía, tus datos de contacto y tres fotografías recientes".

Eso también es América




jueves, 18 de agosto de 2011

Oración

Inescrutable Dios:
Visto que no hay quien te entienda, no discutamos.
Atiende sin embargo un humilde ruego: haz uso de toda tu potencia y líbranos de la inocencia que toma no ya su parte, sino el todo y devuelve una estúpida sonrisa, un argumento pueril o el inefable espectáculo de unas monjitas cantarinas vestidas de azul cobalto y amarillo albero: bien sabes –supongo- que la estupidez humana es infinita, pero ahórranos a quienes abominamos de toda esa pompa semejantes visiones, pues ya pagaremos con creces nuestros pecados por toda la eternidad cuando nos llames a tu presencia.
Líbranos de necios gobernantes que entregan una ciudad entera para una fiesta privada.
Líbranos de quienes ponen cara de pasmarote cuando alguien se manifiesta contra lo que ellos celebran.
Líbranos de tus príncipes que celebran alborozados como si el mundo tuviera motivos.
Líbranos de quienes insultan asegurando que España no es España sin todo esto.
No es mucho pedir.
Amén.