sábado, 5 de abril de 2014

Violencias

 

El viernes pasado se celebró en Bruselas una manifestación contra la austeridad convocada por los principales sindicatos europeos. Acabó como el rosario de la aurora por la intervención de grupos violentos que llegaron a agredir a los periodistas; uno de los que lo sufrió en sus carnes, declaró que “nunca había visto tanta violencia en una manifestación en Bélgica”, que es exactamente lo mismo que se dijo respecto a los incidentes ocurridos en Madrid al final de la concentración por la dignidad del 22M…que es lo mismo que llevan asegurando un día sí y otro también quienes siguen estos acontecimientos en Atenas, por ejemplo.
Un amigo mío discurría hace poco sobre si son galgos o son podencos, esto es, si entre los encapuchados violentos hay gentes de la extrema derecha o la extrema izquierda. A lo que parece, en Madrid eran galgos, podencos y, a juzgar por las fotos que circulan en las redes sociales, también había algún sabueso disfrazado en misión especial.
Las autoridades (qué sarcasmo de palabra) y en general las gentes bienpensantes parecen sinceramente preocupadas por esta violencia creciente que dicen no haber visto nunca. Será más bien que no lo recuerdan o que son demasiado jóvenes para tenerlo en la memoria. Eso se ha visto ya en toda Europa, amigos, y no hace tanto, y sin que se pudiera echar la culpa como ahora a dorados amaneceres y otras miserias: un juego de niños esto de arrancar dos señales de tráfico y quemar cuatro contenedores de basura. Aún no han aparecido los cócteles molotov o los cohetes de los mineros, aún no hay que lamentar la muerte de nadie por el impacto de un bote de humo…muertos por ahora solo hay en esa vergüenza insufrible para cualquier europeo decente que es Ceuta, Melilla o Lampedusa… ah sí, y los que deciden quitarse de en medio por que no pueden seguir enfrentando una vida sin futuro, solo que de estos últimos casi nadie se acuerda. ¿Violencia?

Digo yo que alguien con el imprescindible sentido común y algo de poder se estará preguntando por qué esta violencia (alma de cántaro) “que nunca se había visto” ¿O nos conformaremos con decir que es gente sin principios, cafres antisociales, rabiosos perrofláutas? Cuidado, que estas cosas las carga el diablo. Por cierto, y las otras, las de la valla o el cayuco, también.

lunes, 31 de marzo de 2014

Deseando tener razones para votar en las Europeas

En los años 40 fue el estraperlo y otras excrecencias naturales de la autarquía; ciertos señorones que habían traicionado sus ideales (lo de los ideales es un decir, claro) sin quitarse la camisa azul, daban lustre ideológico (lo de lustre y lo de ideológico también son decires) a la dictadura a cambio de hacerse inmensamente ricos.

En los 50 y 60, nos cayó encima lo que fue conocido como el Desarrollismo;  sus criaturas, los llamados tecnócratas, eran tipos aburridos, grises, pero modernos a su manera. Gentes, más bien come santos que, no obstante, trincaban lo mismo que su predecesores aunque ya no hacían negocios poniendo el pistolón encima de la mesa.
De lo anterior hasta más o menos la agonía de Franco, poco de nuevo. Creánme si les digo que por entonces aún había en España pueblos sin luz, analfabetos relativos y absolutos (así se distinguía en aquellos días entre los que sabían firmar y los que ni eso) y las mujeres tenían que pedir permiso a sus maridos para casi todo. ¡Y hace de eso apenas cuarenta años!

En este repaso atropellado, a resaltar que se murió el Caudillo e hicimos la Transición, algo que se la suda a los más jóvenes y da para que lo que peinamos canas andemos discutiendo a propósito de esto y lo otro y lo de más allá sobre todo ahora que se nos ha muerto el mito. En fin…sobre la ingente y delicada obra que fue desmontar el Régimen para dar a luz una Democracia ya disertan los historiadores y los tertulianos y allá cada cual si extrae lecciones o no de lo sucedido y/o de lo que dicen que sucedió.

Yo quiero referirme aquí a la ilusión traicionada, a la estafa generacional. Es que yo soy de los que me creí que mi país y mis paisanos habíamos tomado por fin el tren de la historia como diría un cursi. Es que tengo la edad necesaria para recordar que cuando empezamos a viajar fuera de nuestras fronteras (por que las había, oiga) llevábamos la boina puesta y nos pasmábamos ante lo que veíamos, oíamos, tocábamos. Yo me creí Europa y desee con todas mis fuerzas ser europeo, porque significaba poder leer aunque fuera tarde lo que no leí cuando correspondía. Me creí a pies juntillas la ilusión colectiva y un proyecto de país en el que todos parecíamos estar embarcados. Sabía que era necesario esforzarse, nunca fue fácil, pero había que hacerlo porque ese esfuerzo significaba mi bienestar y el de los míos por varias generaciones: por fin habría igualdad de oportunidades; nunca más volveríamos al hambre y la miseria; jamás sufriríamos imposiciones sobre qué pensar o en qué creer; mis hijos y los hijos de mis hijos podrían tener un mínimo garantizado desde el que empezar y el resto dependería exclusivamente de ellos, no de su ideología, o de la suerte, o de su parentela.
Claro que hubo altibajos, claro que España y Europa pasaron en este largo periodo por situaciones difíciles, claro que hubo crisis. Claro que hubo épocas en que llegábamos a fin de mes con números rojos en la cuenta corriente. Pero bastaba mirar a las generaciones más jóvenes para darse cuenta de que estábamos –o parecía que estábamos- a años luz y de que la carrera hacia un futuro mejor era – o lo parecía- imparable.

Pero No. Resulta que hemos sido estafados; somos objeto de un fraude, los sujetos pasivos de una gran mentira.
Los Blesa, Bárcenas, Castillejo, Oliva, Correa, Roca y tantos otros son los mismos parásitos de los años 40, 50 y 60; si hasta da vergüenza percatarse de que son tan zafios y horteras como aquéllos. ¿En dónde han estado metidos? ¿En qué madriguera se escondían? ¿O será que todos estábamos ciegos?

Es que, además, aquellos que entonces eran de misa diaria, sudaban patriotismo y ponían el cazo, no eran distintos de estos que hoy agravan el desempleo con sus reformas y al tiempo piden a la Virgen del Rocío que eche una mano, los que proponen leyes mordaza y homenajean con bandas y medallas a otras vírgenes, los que pasaron por ser lo más granado de la modernidad conservadora y han resultado ser martillo inmisericorde de la libertad de la mujeres…
Los creí extinguidos, la verdad. Pensé que eran incompatibles con la España que soñábamos cada día, cada hora, la que creíamos estar construyendo.

Pero seguían ahí, esperando la ocasión, mientras los sacerdotes negros del neoliberalismo jaleaban arquetipos de triunfadores, modernos de gomina y pulserita y roían hasta con chulería los cimientos del imperio de la ley, la soberanía y la nación con su globalización criminal, incontrolada e incontrolable; mientras a los que tras el horror de las grandes guerras impulsaron un nuevo modo de ser y entenderse, realista pero transformador, solidario, el más notable hallazgo social y político de la historia, el estado del bienestar, se les caían los palos del sombrajo, perplejos, sin discurso y perdiendo credibilidad a marchas forzadas, como un boxeador sonado acertando apenas a balbucear terceras vías y otras quimeras.
Dentro de apenas un mes son las Elecciones al Parlamento Europeo. Es la octava vez que somos llamados a votar y serán las primeras elecciones tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, que introdujo cambios en la composición de la cámara y dio más poder al Parlamento Europeo; de manera que sí, hay un salto cualitativo.

Pero la Europa en la que se nos pide que nos pronunciemos es esa en la que las instituciones funcionan peor que nunca, en donde la pobreza ha crecido de forma exponencial y la brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado de forma dramática; todo ello desde que se aplican las políticas económicas dominantes (austericidio les llaman algunos) Claro, se nos dirá desde la izquierda –real o presunta- que justo por eso hay que ir a votar, para cambiar ese estado de cosas. Pero Holande decepciona, el SPD coaligado con la CDU firma en Alemania medidas que pretenden restringir la libre circulación de europeos (pobres, claro) Italia condena a la pobreza al 7% de su población; en Grecia vuelven enfermedades como la malaria o la tuberculosis, hijas de la miseria; en España la pobreza infantil es insoportable según una institución tan poco sospechosa de ser antisistema como Cáritas…Esa es la Europa de los Estados, la real, la del día a día, la de las medidas que tocan a la vida de la gente.
El sociólogo José María Maravall se preguntaba hace poco (El País, 6 de enero último) si “Hay políticos en la Europa de hoy dispuestos a dar un golpe de timón con políticas redistributivas y electorados dispuestos a apoyarles” A los primeros yo nos los conozco y, en cuanto a los segundos, hay sin duda millones de electores deseando ser seducidos, pero ya no se creen los cuentos.

domingo, 12 de enero de 2014

El polar y otros vórtices

El asesor de Ciencia y Tecnología del presidente Barack Obama, John Holdren, ha vinculado  la ola de frío que padece medio Estados Unidos y Canadá con el calentamiento global. Dice Holdren que lo que ocurre en estos días por aquellas latitudes no es ni mucho menos un episodio aislado, sino una consecuencia del calentamiento del planeta y, asegura, que en lo sucesivo, la sorprendente imagen de las cataratas del Niágara heladas se repetirá a menudo.

No discutiré yo a gente tan sesuda, sobre todo porque lo que oponen quienes niegan el calentamiento global suelen ser argumentos que más bien se aparecen a un alegre y despreocupado “Dios proveerá” y cosas así. Deben de tener razón.
Pero no puedo evitar que me de miedo. Me refiero en primer lugar a la palabra misma, “vórtice”: no me digan que no acojona. Asusta incluso sin explicar su significado; solo con oírla.

Y si hacemos analogías con lo cotidiano, entonces la cosa se pone aún más fea. Puede que un desplazamiento persistente hacia el sur de esa inmensa borrasca ártica, acabe enfriándonos hasta los tuétanos a todo el hemisferio norte; bueno, la cosa irá para largo y a lo mejor hasta nos coge confesados.
Pero las ciclogénesis en general son traicioneras: según los expertos, si uno está en el núcleo, en el ojo mismo del huracán, disfruta una calma chicha, de una bonanza hasta placentera. Pero, amigo, en los bordes la cosa está muy chunga. Y como, a menudo, la cercanía de lo que nos pasa no se puede ver en perspectiva, tal vez acabamos por confundir los motivos reales de lo que nos ocurre. Por ejemplo: en Melilla se monta un buen jari a cuenta, se supone, de la asignación por parte del Ayuntamiento de ciertos contratos de trabajo; y en un barrio de Burgos, los vecinos se encampanan porque, se dice, sus ediles han decidido hacer un bulevar contra su voluntad. Luego nos enteramos de que los dos lugares se parecen en las precarias condiciones de vida de sus habitantes en algunos casos en el borde de la desesperación y de que eso se mezcla en un cóctel explosivo con la arbitrariedad, la sordera y el despilfarro de las autoridades: vamos, que lo que parecen reacciones violentas desproporcionadas a cada caso, no lo son tanto sin consideramos que aparte el pretexto concreto, sucede que el personal está hasta la mismísima coronilla.

Nos llama la atención que lo que nos está pasando a los españoles a cuenta de las decisiones de un Gobierno que parece el enemigo, no provoque un estallido social. Pero, pudiera ser que esto no se parezca al temido vórtice, salvo en el hecho de que en su núcleo están los Blesas, Montoros, Gallardones y otras lacras tan tranquilos. Y en la periferia no se nos cae el cielo encima de golpe, sino que se originan tormentas de apariencia local (como en Melilla y Burgos) y creciente fuerza y número que acabarán provocando que se nos hielen hasta las entendederas.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Estallido social



 

Con apenas unas horas de diferencia han coincidido la muerte en Sevilla de tres miembros de una misma familia por consumir alimentos en mal estado y una enésima manifestación, esta vez contra la futura Ley de Seguridad Ciudadana. En la mejor de las estimaciones, a esta concentración en los alrededores del Congreso de los Diputados asistimos unas 5.000 personas.
 
Cuando la Ley Corcuera, aquel leño de ministro llegó a decir que poco podía importar al probo ciudadano una norma represiva como aquella: si nada tienes que ocultar, nada tienes que temer, venía a proclamar.

Ahora comanda la represión un meapilas que nunca diría cosas así, pues es persona de orden y verbo ponderado. Más aún, seguramente considerará que es pura demagogia si no cosa de Belcebú relacionar el fallecimiento de una familia obligada por la política del Gobierno en el que milita el monago a alimentarse en los contenedores de la basura, con las protestas de la gente de baja estofa, es decir, médicos, maestros, funcionarios, bauseros, empleados de lavandería, mineros, los que dan luz a los semáforos, los del metro, pensionistas, preferentistas, desahuciados…los que no forman parte de la mayoría silenciosa…y sensata que diría su jefe el mentiroso.
De acuerdo con el Ministerio del Interior, en el primer año de gobierno de Rajoy y los suyos, se celebraron más de 36.000 manifestaciones en España. La respuesta de los golpistas en diferido en forma de simulación a la voz de la gente es la Ley de Seguridad Ciudadana y la subsiguiente de Seguridad Privada, ambas aceptadas sin rechistar por los ciudadanos sensatos y mudos, que el que calla otorga como dice una máxima de aplicación en todas las dictaduras. Las dos están preñadas de preceptos inconstitucionales y las dos serán recurridas; no deberían preocuparnos por tanto pero es que, vista la celeridad y ecuánime juicio con que suele pronunciarse el Alto Tribunal, cuando estas normas sean derogadas, ya habrán hecho mucho daño.

Dice Cayo Lara que todo esto va a provocar un estallido social. Si nos atenemos a la manifestación a la que me refiero al principio, pues no parece que sea así. Si miramos el carácter y la dimensión de ese elevado número de colectivos que salen a la calle casi de continuo a protestar por lo suyo (o por lo de todos, según se mire) uno empieza a pensar que deben tener razón los que aseguran que secularmente los españoles somos un pueblo de extremos. No nos gusta el lío, aguantamos lo indecible, somos pacíficos casi siempre e incluso cuando vociferamos en la calle (sumisos dicen otros) pero cuando nos ponemos, hacemos tabla rasa y nos llevamos por delante lo que sea; no sé si se referirá a eso Lara.
O puede que no. Puede que no sea nada de eso; que nuestro Lenin de salón esté manifestando más un deseo que formulando una predicción fundada y hayamos involucionado hasta el punto de que si llamamos bruto (no salvaje, asesino o hijo de puta, no crean) a un guardia, éste estima que se trata de un insulto intolerable a la autoridad y nos ponen una multa de cuantía absurda por ello, aceptemos la ruina y la indignidad sin más pensando que debiéramos ser como la gente educada en buenos colegios que sabe moderar (modular, por mejor expresión de quienes saquean nuestras libertades) su genio y su lenguaje. O que si un vigilante del supermercado (o la cajera, qué más da) al que solemos ir barrunta que estamos delinquiendo y nos detiene, será porque algo raro hemos debido de hacer, incluso si es sin darnos cuenta, pues estamos obligados a cuidar de que no se altere el orden establecido con despistes que den a entender comportamientos ambiguos y, por tanto, sospechosos.

Al fin y al cabo, muere una familia en Sevilla a la que la vergüenza no le permitía hacer visible su miseria y prefería alimentarse de mierda en silencio y, como mucho, nos quedamos perplejos o se fijan días de luto o se ponen banderas a media asta…y hasta la próxima.
¿Saben qué? Me cuesta mucho amar a mi país.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Ni la madre que la parió

Si alguien me hubiera dicho hace apenas cuatro o cinco años que iba a ocurrir lo que voy a comentar a continuación, le hubiera observado con absoluta perplejidad, como si mi interlocutor hubiera perdido definitivamente la chaveta. Sencillamente: habría sido inconcebible. Para que se me entienda: cierta madrugada conducía yo por una desierta calle alemana y, al darme cuenta de que había equivocado la dirección de mi hotel, giré por completo sobre la marcha y traspasando la línea continua que dividía la calzada; comenté a mi acompañante: “si me llegan a ver los guardias, me llevan al calabozo” El susodicho compañero de viaje, conocedor de la idiosincrasia del pueblo germano, me respondió que no, que no hubiera pasado nada porque los agentes del orden hubieran pensado: “eso que acabamos de ver no puede haber sucedido, no en Alemania”

Pues lo mismo, o sea. Me sirve la anécdota para explicar que a los españoles nos están pasando cosas no ya injustas, socialmente catastróficas, moralmente reprobables, políticamente deleznables, etc. sino incluso inasumibles por pertenecer al ámbito de las peores pesadillas o a los tiempos de la ignorancia y la tiniebla y el reverso tenebroso y tal.  
Se atribuye con fundamento a Alfonso Guerra la frase: ”El día en que nos vayamos, a España no la va a conocer ni la madre que la parió” pronunciada en 1982 y tras arrasar en las urnas el Partido Socialista. Fue verdad. Y me apresuraré a decir que no quiero entrar en disquisiciones sobre méritos de unos o de otros. España cambió y mucho… y allá cada cual con sus filias, sus fobias y sus fantasmas…y sus explicaciones interesadas.

En una especie de ejercicio inverso ahora tampoco reconozco mi país. A ver: identifico a los trileros, los corruptos, los aprovechones, los sinvergüenzas, los salvapatrias, los tontos de baba, los depredadores de lo común…eso es fácil, esos son universales y los hay sin distinción de raza o credo. Pero este país de hoy no se parece al que al menos tres generaciones de españoles hemos construido (lo de vivir por encima de nuestras posibilidades debe ser enviado ya, sin dilación, a la galería de estupideces notables; por mero sentido del pudor) con esfuerzo, con mucho esfuerzo y al margen de la desmemoria que hoy parece tomar carta de naturaleza entre nuestra gente. Y ha ocurrido en tiempo record.
Tan rápido va que aceptamos en los telediarios como una noticia convencional no ya la última necedad de una alcaldesa o, el exabrupto criminal de algún miserable con escaño nacional o autonómico, sino la pretensión de poderosas empresas como OHL, Sacyr o FCC (ellas también son la sociedad civil, queridos) de mandar a la calle a más de 1.000 personas y bajarles el sueldo a la mitad a los que se quedan: barrenderos, gente humilde que nada sabe de los despachos impolutos en los que perpetran estas cosas los directivos de OHL, Sacyr o FCC; o los de Flisa, que tratan de ahogar hasta lo insoportable a las familias de poco más de 100 empleados que se dedican a lavar la sábanas que usted y yo usaremos caso de tener que ingresarnos en un hospital (por ahora) público.

Si tienen curiosidad, dense una vuelta por los sitios web de estas empresas: es ilustrativo y muy pedagógico a propósito de quién es quién. Estas son las direcciones:
http://www.ohl.es/

http://www.fcc.es/fccweb/index.html

Ah, esta otra es la que reventó la huelga de la limpieza de Madrid por orden de Ana Botella:

 http://www.tragsa.es/es/Paginas/Inicio.aspx

Ni les cuento lo que hubiera pasado en otros tiempos en circunstancias parecidas. ¿papeleras vaciadas en el suelo? Uy que risa.
Siento no poder facilitarles las páginas web de los barrederos o de los empleados de la lavandería general: es que no tienen.

Y ¿qué les parece que alguien sortee un puesto de trabajo? Pues lo hay; aquí lo tienen, el Centre Comercial Diagonal Mar, de Barcelona y la Asociación de Comerciantes y Empresarios de Ponte Caldelas, Pontevedra, venden papeletas y el premio es un puesto de trabajo (Hay más, que el ejemplo cunde)
http://www.diagonalmarcentre.es/

Supongo que si a los genios del marketing que se les ha ocurrido esta iniciativa les hablo de que el trabajo es un derecho y no una muñeca Chochona, me arrearán un papirotazo con la Reforma Laboral en vigor. Esos tipos no pertenecen ya a la desmemoria, son criaturas de este tiempo…e igual que el sueño de la razón produce monstruos, el de la sinrazón produce cabrones a velocidad de vértigo.

Termino con otra perla: vean esta bonita oferta de trabajo:

http://www.findablogger.net/311542/se-buscan-redactores-para-nuevo-medio-de-comunicacin
Si no quieren entrar en la página (les aseguro que no les aprovecharía gran cosa) les resumo lo que hay: buscan redactores “con seriedad y constancia para nuevo proyecto de medio de comunicación” y “Se pagará 0,0065 euros por palabra por cada artículo, siendo un máximo de 1.000 palabras por artículo…Se exige un mínimo de 2 artículos por semana, y un máximo de 7 por semana”

De modo que si uno es Francisco Umbral y es capaz de escribir artículos interesantes de 1.000 palabras todos los días, ganará 0,0065 x 1.000 x 7, esto es, 45,5 euros a la semana y se habrá exprimido la sesera hasta la extenuación. La de periodista es una profesión con muchísimo desempleo así es que, por supuesto, mejor esto que nada, como diría el mamón que dicta la política de personal de los talleres de esclavos de Bangla Desh y, por lo visto, la de Find a Blogger. Belcebú les confunda a ambos.
En fin, yo no sé si estamos saliendo del túnel, si la luz se ve o no y todos esos absurdos eccéteras. Lo que sé es que lo que les acabo de contar es la prueba del daño que los que provocaron esta crisis y quienes la utilizan como coartada están haciendo a España, tanto que, efectivamente, ya no la conoce ni la madre que la parió.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Conferencia Política: Y ahora ¿qué?

He seguido con mucha atención la Conferencia Política del PSOE. Estoy seguro de que para gran parte de los militantes y un buen número de simpatizantes, ha sido una inyección de moral.

Dicen "Hemos hecho cosas mal...” y a continuación explican en detalle las que han hecho bien a lo largo de etapas anteriores: la socialdemocracia es quien más y mejor política social ha hecho desde que vivimos en democracia. La perplejidad con la que llevan dos años, DOS AÑOS, asistiendo a su propio ostracismo, no debe parecerles nada, ni bien ni mal, ni frio ni calor, porque a eso no se han referido. Si han conseguido agotar la paciencia y la capacidad de esperanza de la gente, eso tampoco debe ser parte de sus preocupaciones.
Nos comprometemos -dicen- con la igualdad, el laicismo, la defensa de lo público, con una fiscalidad más justa, con el federalismo, etc, etc, es decir, con todo aquello con lo que cabe esperar está comprometido per se un partido de izquierdas.

No es suficiente. Ya no.
Lo que quiero saber es QUÉ, en concreto, es lo que reconocen haber hecho mal cuando gobernaban y a lo largo de estos dos años de golpe de estado encubierto del PP; de otro modo no podré saber si su autocrítica es sincera o si solo son falsos golpes de pecho, un examen de conciencia vacío y utilitarista. Ese reconocimiento global no es nada.

Y quiero saber CÓMO cumplirán esos compromisos que no hacía falta explicitar. El brillante discurso de Rubalcaba y la emocionante perorata de Díaz, solo son en este momento puro fuego de artificio, tan solo una anécdota; mi país y mi gente está pasándolo demasiado mal, llevamos demasiado tiempo sufriendo la decepción como para que nos conformemos con palabras.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

La Conferencia Política: "Ganarse el Futuro"

A pocas fechas de la celebración de la Conferencia Política del PSOE, echo a faltar un poco de fuegos de artificio, un poco de fiestuqui de la democracia; algo.
Esta mañana escuché a la gran esperanza blanca en una entrevista, en la SER; a Eduardo Madina. Parecía mi abuela. El otro día también puede atender a los razonamientos de Ramón Jáuregui en el mismo espacio radiofónico. Era mi abuela. Y, por fin, también hace unos días mis entendederas se regalaron con las palabras de Patxi López en idéntico espectro radioeléctrico. Éste no sé muy bien lo que era aparte de alguien que dice no se va a poner de perfil…
No sé. Es que se supone que este fin de semana, el gran partido que este país de nuestras penas necesita, resurgirá por fin de sus cenizas en una explosión de ideas, de propuestas, de nuevas expectativas que nos devolverán la ilusión. Si ese es el magma que bulle en el crisol de las ideas, ya deberían estar petando por ahí a base de cuñas de radio, spots televisivos, sesudos artículos de intelectuales afines, brillantes soflamas en todas las tertulias de la España toda. Ah, bueno, sí: está el juez Garzón por ahí y algunos reputados socialistas dándole al canapé en la fiesta de La Razón.

He brujuleado desde hace tiempo en las disimuladas plataformas digitales que el PSOE ha puesto a disposición del gentío a lo largo de estos meses e incluso he tenido el atrevimiento de formular alguna propuesta. Poco ambiente, la verdad, que achaqué a escasez de fondos para promoción o a la natural desidia del pueblo soberano.
Ni se me ocurría pensar que solo era una apariencia y que la susodicha Conferencia va a ser una reunión sin sobresaltos en la que la cúpula (manda narices con la palabrita) dictará por donde han de ir los tiros; o sea, como dice Madina, se trata de cambiar el partido adaptando a los tiempos actuales la ideología de siempre…o como digo yo: que lo de cambiar desde abajo…ya si eso con lo que haya.

Veremos que da de sí el fin de semana. ¡Ala, a ganarse el futuro!