lunes, 7 de julio de 2014

El debate, o lo que fuera aquello

A mi juicio, el debate (por utilizar el nombre que le dieron los organizadores de la comparecencia a tres) de ayer del PSOE fue un interesante ejercicio.

Gana la política, sí, pero sin ponerse estupendos; vale para lo que estamos acostumbrados a ver.

La solidez intelectual e ideológica de Pérez Tapias está a años luz de los otros dos. Se dice que comprometía menos y de ahí su aplomo: hilaba mejor, no sudaba ni manoteaba como Madina, ni repetía un insufrible latiguillo como Sánchez; no entiendo estos comentarios ni el que pone el acento en la edad, repetido como un mantra recién adoptado y más propio de loros que de gente con fundamento.

Pero Tapias no quiere ser candidato ¿Será Secretario General? Lo dudo: parece estar al final de la cola en las preferencias de los militantes (por lo menos lo estaba hasta ayer como sabemos según la recolecta de avales) y su propia autoexclusión como candidato no parece ser del gusto de la mayoría. Ellos -los militantes- sabrán.

¿Entonces? Pues  mucho temo que habrá un Secretario General más bien irrelevante, lo cual es un desastre porque, obviamente, se habrá perdido una oportunidad, una más y casi no quedan. El gran líder carismático, devenido en profeta, ya lo ha advertido hace poco.

¿En realidad a mi, que no tengo carné, lo que me interesaría es saber es si estaba ayer en la palestra el candidato que saldrá de las primarias? Debería de intuirlo al menos, pero no me pasa.

miércoles, 28 de mayo de 2014

¿'Podemos' o hubieramos podido?

La caverna y sus adeptos están que trinan con Podemos; normal, esa gente tira contra todo lo que se menea. Si acaso algunos tuvieran la tentación –que no creo- de echarle un vistazo al programa con el que la formación (obviamente no es un partido político al uso) ha concurrido a las elecciones europeas, pueden acudir al ABC (http://www.abc.es/espana/20140527/abci-programa-podemos-iglesias-201405271044.html) que ya lo ha cocinado convenientemente condimentado de aires castristas y maduristas (¿se dirá así?) como dicta la falacia extendida por tipos como Alfonso Rojo, cuya capacidad de respuesta a ciertos estímulos va mermando visiblemente con los años y las tertulias, en un panfleto que dice dirigir y de cuyo nombre no me acuerdo en este momento pero que incluye, para vergüenza de la profesión, la palabra periodista. Punto, y a otra cosa.
 
Lo que me llama la atención es el desconcierto de quienes son sin duda progresistas y, al tiempo, gentes de orden; a ver: Podemos es de izquierdas ¿vale?  De nuevo una recomendación: ustedes que no se conforman con interpretaciones de terceros lean sin apriorismos ni prejuicios el programa (http://www.podemos.info/sites/default/files/Programa%20Podemos%20def%202.pdf)
puede que en algún momento les recuerde a ustedes mismos cuando eran más jóvenes: ya saben, habla de suprimir las Sicav (ese instrumento de la injusticia social más flagrante) o de prohibir los despidos en empresas con beneficios; o de derogar la última reforma de las pensiones; o de auditar la deuda…en fin, ya digo, de izquierdas; ¿Que tiene un punto de utopía? Claro, es de izquierdas ¿o ya no se acuerdan?
 
Que Podemos ponga de los nervios a quienes, presuntamente de izquierdas pero sin más mimbres ideológicos que el interés de su ombligo (a estas alturas repleto de pelusas) y su extraordinaria capacidad para trepar durante años, es también muy normal. Son eso que llama Pablo Iglesias y los suyos “la casta” a mi juicio, expresión no demasiado afortunada pues no son un linaje o una clase especial que se distingue del resto ni, desde luego, destacan por su coraje. Son, más bien, la expresión del triunfo de la mediocridad sobre el talento y, por lo mismo, un elemento retardatario de las organizaciones que fagocitan. Es que eso de llamarles “casta” les pone en evidencia por más que se sepan protegidos por una especie de incomprensible corporativismo y un sentido patrimonial de las ideas y de las organizaciones en que se apoyan: vale, son como sanguijuelas, pero son nuestras sanguijuelas.
Para los más pragmáticos: observemos el panorama. Podemos da el campanazo y ahora está en todos los medios; vamos, hasta hay analistas, antes desdeñosos, que ahora les dedican sesudos análisis. ¿Flor de un día? Ya veremos.
 
¿El PP? Bah, en esto no cuenta (chorradas de Floriano,  ocurrencias cursis de González Pons, pijadas de Cospedal y exabruptos de Cañete. Nada)
 
¿IU? Pues pidiendo cariño por las esquinas.
 
¿El PSOE? Imaginen qué hubiera pasado si no pasa lo de Andalucía: pone los pelos de punta ¿a que sí? Pues a Rubalcaba, que se va pero poco, no lo pone nervioso nada ni siquiera, a lo que parece, el suicidio de la organización que pilota; digo pilota, porque liderar lo que se dice liderar ya le están diciendo dentro que no. Una lástima: la gente que no acaba de encontrar el momento de decir adiós, suele acabar muy mal; la vida es dura qué le vamos a hacer.
El 15 M fue (es, no nos equivoquemos) un movimiento de perfiles difusos e inequívoca contestación a la situación derivada de eso que damos en llamar crisis y algunos denominan farsa, que ha dado lugar en España a organizaciones muy activas entre las que destacan la PAH y que ahora alumbra Podemos. Hay más actores que no es del caso relacionar aquí; en España y en muchos otros países. Tiren de google si les interesa el tema. El 15M nació a raíz de una manifestación celebrada el 15 de mayo de 2011. El tiempo pasa rápido, pero tres años se me antoja un plazo suficiente para haber intentado comprender, canalizar y aprovechar toda esa energía por quienes, manteniendo la capacidad real de gobernar, cada día han recibido el testimonio de la desafección de la gente. Ahora, Valenciano dixit, toca llorar sobre la leche derramada.
Insisto, observen el panorama de hoy y saquen conclusiones. Ah, disculpen la insistencia: Podemos es de izquierdas, ya digo, aunque no pertenece a la aristocracia inversa y no tiene la pátina que da la historia.

lunes, 28 de abril de 2014

Echarlos al mar


Según Benedicto XVI dijo Cristo: "Los que escandalizan a los pequeños merecen que les cuelguen una piedra de molino al cuello y los tiren al mar". El Papa emérito usó a su gusto de la cita para condenar a los curas pederastas. No seré yo quien le corrija, pero conviene informar que, al menos según San Mateo, cuando Jesús dice “los pequeños” no se refiere a los niños, sino a “los sencillos”, la gente corriente vamos. Verán porqué este exordio:

A estas alturas ya sabemos que los grandes casos de corrupción no son sino la punta del iceberg, el exponente de algo mucho más grave: la podredumbre moral generalizada que hay tras la práctica del trinque y la consiguiente impunidad. Se habla de los casos conocidos, pero menos de comportamientos tenidos por normales, extendidos, cotidianos. Me refiero, por ejemplo, a cómo era (¿sigue siendo?) práctica natural el fraccionamiento de obras y servicios o la interposición de sociedades fantasma a fin de eludir la licitación pública en la contratación por parte de las administraciones estatal, regional, municipal…Recuerdo cómo hace pocos años algún constructor aseguraba que o iba untando a diestro y siniestro a alcaldes, concejales, asesores y conseguidores en general, o no trabajaba; o cómo algún regidor municipal se quejaba de lo difícil que resultaba en el ejercicio de tal cargo ser simplemente honrado. Supongo que –por poner un último ejemplo de estas cosas menores- no les sorprenderá si les digo que, dirigiendo yo un medio de comunicación, un político local pretendió venderme la lista de llamadas a teléfonos eróticos realizadas por un compañero de su mismo grupo desde un teléfono oficial, o que algún otro líder carismático de su pueblo se equivocara a la hora de abonar en efectivo el precio de una campaña publicitaria, olvidando en un sobre durante más de un mes y a pesar de los avisos, una cantidad nada despreciable de pasta en billetes de 500 euros; o que entre los principales grupos políticos consistoriales, sí, gobierno y oposición (de más de un ayuntamiento importante que me conste) pactaran el reparto de comisiones por la concesión de licencias de obra pública.

No me estoy refiriendo solo a los políticos aunque lo parezca. Todo corrompido implica la existencia de un corruptor y, a menudo, de un consentidor...en cualquier nivel, dimensión y ámbito.  Hablo de eso que conocemos como la clase dirigente en general esa que, supongo, se tienta la ropa en vista de la tozudez de la justicia en imputar gentuza y lo caro que, parece, se va a poner –porque se acaba sabiendo, claro, no porque a los gobernantes les de un ataque de honestidad- el reparto de indultos como si fueran pipas.

Con todo y por desgracia uno se hace al olor a podredumbre y se cae del guindo: aquella monserga de un país moderno que iba como un tiro era mentira. No es que hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades, esa es otra mentira con visos de coartada (ya saben: como todos somos responsables, en la práctica nadie lo es) es que hemos vivido en un espejismo, nosotros mismos como sociedad éramos un espejismo...la mayoría sin comerlo ni beberlo. 

Y siguen ahí: Blesa asegurando en un testimonio ante el tribunal que juzga al juez Elpido Silva, que se ha dañado su prestigio; Aznar repitiendo como un loro que no cobró sobresueldos aunque otro tribunal pruebe que miente; el obispo de Málaga y esa especie de monaguillo que es el magistrado Requejo asegurando que el matrimonio es entre dos personas de distinto sexo y lo demás es como la unión entre un hombre y un animal; sujetos como Eduardo Montes, presidente de la patronal de las eléctricas, asegurando que la competencia en el  sector es exquisita y ni por asomo son un oligopolio; o la presidenta del Círculo de Empresarios pidiendo perdón por que se le haya notado el desprecio que siente por la gente en general y los trabajadores en particular. Y así tantos y tantos ejemplos de una insoportable pesadez vital. Esos son los nombres –es que los tiene: nombres y apellidos- de la farsa, de la gran mentira de la que la llamada crisis es solo un elemento más.

Sinceramente, después de todos estos años creyendo, deseando, otra cosa sobre mi país, no debería esperar gran cosa; una vida no da para tanto. Sin embargo y aunque yo no lo veré seguramente, conservo la esperanza de que algún día mi gente sea capaz de echar al mar toda esa mierda; no será delito ecológico pierdan cuidado, pues no me refiero tanto a individuos (evidentemente, Cristo se lo podía permitir en calidad de hijo de Dios; yo no, ni siquiera en calidad de ciudadano estafado) que lo pondrían todo perdido, como a conductas. Y quizás entonces consigamos hacerlo mejor.
 

viernes, 11 de abril de 2014

El cambio climático...enésino asalto

La ONU ya no se cuestiona si hay cambio climático o no. Ha abandonado definitivamente (qué miedo da usar ese adverbio en estas cosas) la posibilidad de conceder algún espacio a la duda o al escepticismo. El  calentamiento global es provocado por el hombre y representa una grave amenaza para la humanidad. Lo dijo a finales de marzo el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés: http://www.ipcc.ch/ o  https://www.ipcc.ch/home_languages_main_spanish.shtml) que, además, ha decidido dar un paso al frente y plantearse verdaderamente en serio cómo enfrentarlo.

Se van a explicar en Berlín el próximo domingo día 13 de este mes pero ya se ha filtrado el contenido de un avance que fue enviado a los gobiernos en diciembre último según el cual, por ejemplo, para sostener un aumento de la temperatura por debajo (las previsiones más pesimistas, hablan de un incremento de 6 grados: una auténtica catástrofe) del orden de 2 grados para finales de siglo que es el objetivo manifestado en las conversaciones internacionales sobre el clima es necesario una reducción de entre 40 y 70% de las emisiones en el horizonte de 2050.
De manera que cabe esperar recomendaciones muy drásticas tras las reuniones del domingo; desde luego afirmarán categóricamente que el mundo necesita hacer un cambio importante en sus inversiones tanto en los combustibles fósiles (la principal fuente de las emisiones de carbono del hombre) como en las energías renovables. Más concretamente: las inversiones en combustibles fósiles, como el petróleo y el carbón, tendrían que bajar en 30 mil millones de dólares cada año, al tiempo que las empeñadas en las energías renovables tendrían que aumentar en 147 mil millones.

Como en tantas cosas, es la hora de la política…de otra política quiero decir.
¿Cómo nos concierne todo esto a España? Pues como en todas partes cuecen habas, aquí también hay (todavía) quienes desde una posición pseudocientífica niegan el cambio climático, quienes al frente de importantes industrias solo parecen interesados en conservar sus puestos directivos y sus bonus a costa de lo que sea, incluido el planeta; necios que repiten como papagayos que la culpa del precio de la luz la tienen las renovables, etc. Por fortuna todo eso es cada vez más anecdótico.

En el otoño pasado, representantes de la CEOE, InspirAction y Ecologistas en Acción, cada uno en aquello que más le concierne, ya pidieron al Gobierno que refuerce una posición de lucha frente al cambio climático en el escenario internacional, por ejemplo interviniendo decididamente en el debate sobre los derechos de emisión de gases de efecto invernadero, muy vivo en la UE; se exigió asimismo que España se tome más en serio el cumplimiento de Kyoto y abandone un cierto el rol de víctima de la crisis para abordar la elaboración de una  "legislación ejemplificadora" en materia de lucha de cambio climático y especialmente en materia de energías renovables; y se pidió, por ejemplo, la prohibición expresa del fracking (https://www.youtube.com/watch?v=Z8lTMvtON5Q), al tratarse de una de las tecnologías con la que se va a prolongar el uso de combustibles fósiles, o la elevación al 50 por ciento el descenso de emisiones para 2020.  
La política, ya digo. La global y la local. ¿Podemos ser optimistas? Claro ¿Es que hay otra opción?

Leer más:
Declaraciones del vicepresidente del Grupo II del Panel de Expertos de Cambio Climático de la ONU, José Manuel Moreno, catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha:

sábado, 5 de abril de 2014

Violencias

 

El viernes pasado se celebró en Bruselas una manifestación contra la austeridad convocada por los principales sindicatos europeos. Acabó como el rosario de la aurora por la intervención de grupos violentos que llegaron a agredir a los periodistas; uno de los que lo sufrió en sus carnes, declaró que “nunca había visto tanta violencia en una manifestación en Bélgica”, que es exactamente lo mismo que se dijo respecto a los incidentes ocurridos en Madrid al final de la concentración por la dignidad del 22M…que es lo mismo que llevan asegurando un día sí y otro también quienes siguen estos acontecimientos en Atenas, por ejemplo.
Un amigo mío discurría hace poco sobre si son galgos o son podencos, esto es, si entre los encapuchados violentos hay gentes de la extrema derecha o la extrema izquierda. A lo que parece, en Madrid eran galgos, podencos y, a juzgar por las fotos que circulan en las redes sociales, también había algún sabueso disfrazado en misión especial.
Las autoridades (qué sarcasmo de palabra) y en general las gentes bienpensantes parecen sinceramente preocupadas por esta violencia creciente que dicen no haber visto nunca. Será más bien que no lo recuerdan o que son demasiado jóvenes para tenerlo en la memoria. Eso se ha visto ya en toda Europa, amigos, y no hace tanto, y sin que se pudiera echar la culpa como ahora a dorados amaneceres y otras miserias: un juego de niños esto de arrancar dos señales de tráfico y quemar cuatro contenedores de basura. Aún no han aparecido los cócteles molotov o los cohetes de los mineros, aún no hay que lamentar la muerte de nadie por el impacto de un bote de humo…muertos por ahora solo hay en esa vergüenza insufrible para cualquier europeo decente que es Ceuta, Melilla o Lampedusa… ah sí, y los que deciden quitarse de en medio por que no pueden seguir enfrentando una vida sin futuro, solo que de estos últimos casi nadie se acuerda. ¿Violencia?

Digo yo que alguien con el imprescindible sentido común y algo de poder se estará preguntando por qué esta violencia (alma de cántaro) “que nunca se había visto” ¿O nos conformaremos con decir que es gente sin principios, cafres antisociales, rabiosos perrofláutas? Cuidado, que estas cosas las carga el diablo. Por cierto, y las otras, las de la valla o el cayuco, también.

lunes, 31 de marzo de 2014

Deseando tener razones para votar en las Europeas

En los años 40 fue el estraperlo y otras excrecencias naturales de la autarquía; ciertos señorones que habían traicionado sus ideales (lo de los ideales es un decir, claro) sin quitarse la camisa azul, daban lustre ideológico (lo de lustre y lo de ideológico también son decires) a la dictadura a cambio de hacerse inmensamente ricos.

En los 50 y 60, nos cayó encima lo que fue conocido como el Desarrollismo;  sus criaturas, los llamados tecnócratas, eran tipos aburridos, grises, pero modernos a su manera. Gentes, más bien come santos que, no obstante, trincaban lo mismo que su predecesores aunque ya no hacían negocios poniendo el pistolón encima de la mesa.
De lo anterior hasta más o menos la agonía de Franco, poco de nuevo. Creánme si les digo que por entonces aún había en España pueblos sin luz, analfabetos relativos y absolutos (así se distinguía en aquellos días entre los que sabían firmar y los que ni eso) y las mujeres tenían que pedir permiso a sus maridos para casi todo. ¡Y hace de eso apenas cuarenta años!

En este repaso atropellado, a resaltar que se murió el Caudillo e hicimos la Transición, algo que se la suda a los más jóvenes y da para que lo que peinamos canas andemos discutiendo a propósito de esto y lo otro y lo de más allá sobre todo ahora que se nos ha muerto el mito. En fin…sobre la ingente y delicada obra que fue desmontar el Régimen para dar a luz una Democracia ya disertan los historiadores y los tertulianos y allá cada cual si extrae lecciones o no de lo sucedido y/o de lo que dicen que sucedió.

Yo quiero referirme aquí a la ilusión traicionada, a la estafa generacional. Es que yo soy de los que me creí que mi país y mis paisanos habíamos tomado por fin el tren de la historia como diría un cursi. Es que tengo la edad necesaria para recordar que cuando empezamos a viajar fuera de nuestras fronteras (por que las había, oiga) llevábamos la boina puesta y nos pasmábamos ante lo que veíamos, oíamos, tocábamos. Yo me creí Europa y desee con todas mis fuerzas ser europeo, porque significaba poder leer aunque fuera tarde lo que no leí cuando correspondía. Me creí a pies juntillas la ilusión colectiva y un proyecto de país en el que todos parecíamos estar embarcados. Sabía que era necesario esforzarse, nunca fue fácil, pero había que hacerlo porque ese esfuerzo significaba mi bienestar y el de los míos por varias generaciones: por fin habría igualdad de oportunidades; nunca más volveríamos al hambre y la miseria; jamás sufriríamos imposiciones sobre qué pensar o en qué creer; mis hijos y los hijos de mis hijos podrían tener un mínimo garantizado desde el que empezar y el resto dependería exclusivamente de ellos, no de su ideología, o de la suerte, o de su parentela.
Claro que hubo altibajos, claro que España y Europa pasaron en este largo periodo por situaciones difíciles, claro que hubo crisis. Claro que hubo épocas en que llegábamos a fin de mes con números rojos en la cuenta corriente. Pero bastaba mirar a las generaciones más jóvenes para darse cuenta de que estábamos –o parecía que estábamos- a años luz y de que la carrera hacia un futuro mejor era – o lo parecía- imparable.

Pero No. Resulta que hemos sido estafados; somos objeto de un fraude, los sujetos pasivos de una gran mentira.
Los Blesa, Bárcenas, Castillejo, Oliva, Correa, Roca y tantos otros son los mismos parásitos de los años 40, 50 y 60; si hasta da vergüenza percatarse de que son tan zafios y horteras como aquéllos. ¿En dónde han estado metidos? ¿En qué madriguera se escondían? ¿O será que todos estábamos ciegos?

Es que, además, aquellos que entonces eran de misa diaria, sudaban patriotismo y ponían el cazo, no eran distintos de estos que hoy agravan el desempleo con sus reformas y al tiempo piden a la Virgen del Rocío que eche una mano, los que proponen leyes mordaza y homenajean con bandas y medallas a otras vírgenes, los que pasaron por ser lo más granado de la modernidad conservadora y han resultado ser martillo inmisericorde de la libertad de la mujeres…
Los creí extinguidos, la verdad. Pensé que eran incompatibles con la España que soñábamos cada día, cada hora, la que creíamos estar construyendo.

Pero seguían ahí, esperando la ocasión, mientras los sacerdotes negros del neoliberalismo jaleaban arquetipos de triunfadores, modernos de gomina y pulserita y roían hasta con chulería los cimientos del imperio de la ley, la soberanía y la nación con su globalización criminal, incontrolada e incontrolable; mientras a los que tras el horror de las grandes guerras impulsaron un nuevo modo de ser y entenderse, realista pero transformador, solidario, el más notable hallazgo social y político de la historia, el estado del bienestar, se les caían los palos del sombrajo, perplejos, sin discurso y perdiendo credibilidad a marchas forzadas, como un boxeador sonado acertando apenas a balbucear terceras vías y otras quimeras.
Dentro de apenas un mes son las Elecciones al Parlamento Europeo. Es la octava vez que somos llamados a votar y serán las primeras elecciones tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, que introdujo cambios en la composición de la cámara y dio más poder al Parlamento Europeo; de manera que sí, hay un salto cualitativo.

Pero la Europa en la que se nos pide que nos pronunciemos es esa en la que las instituciones funcionan peor que nunca, en donde la pobreza ha crecido de forma exponencial y la brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado de forma dramática; todo ello desde que se aplican las políticas económicas dominantes (austericidio les llaman algunos) Claro, se nos dirá desde la izquierda –real o presunta- que justo por eso hay que ir a votar, para cambiar ese estado de cosas. Pero Holande decepciona, el SPD coaligado con la CDU firma en Alemania medidas que pretenden restringir la libre circulación de europeos (pobres, claro) Italia condena a la pobreza al 7% de su población; en Grecia vuelven enfermedades como la malaria o la tuberculosis, hijas de la miseria; en España la pobreza infantil es insoportable según una institución tan poco sospechosa de ser antisistema como Cáritas…Esa es la Europa de los Estados, la real, la del día a día, la de las medidas que tocan a la vida de la gente.
El sociólogo José María Maravall se preguntaba hace poco (El País, 6 de enero último) si “Hay políticos en la Europa de hoy dispuestos a dar un golpe de timón con políticas redistributivas y electorados dispuestos a apoyarles” A los primeros yo nos los conozco y, en cuanto a los segundos, hay sin duda millones de electores deseando ser seducidos, pero ya no se creen los cuentos.

domingo, 12 de enero de 2014

El polar y otros vórtices

El asesor de Ciencia y Tecnología del presidente Barack Obama, John Holdren, ha vinculado  la ola de frío que padece medio Estados Unidos y Canadá con el calentamiento global. Dice Holdren que lo que ocurre en estos días por aquellas latitudes no es ni mucho menos un episodio aislado, sino una consecuencia del calentamiento del planeta y, asegura, que en lo sucesivo, la sorprendente imagen de las cataratas del Niágara heladas se repetirá a menudo.

No discutiré yo a gente tan sesuda, sobre todo porque lo que oponen quienes niegan el calentamiento global suelen ser argumentos que más bien se aparecen a un alegre y despreocupado “Dios proveerá” y cosas así. Deben de tener razón.
Pero no puedo evitar que me de miedo. Me refiero en primer lugar a la palabra misma, “vórtice”: no me digan que no acojona. Asusta incluso sin explicar su significado; solo con oírla.

Y si hacemos analogías con lo cotidiano, entonces la cosa se pone aún más fea. Puede que un desplazamiento persistente hacia el sur de esa inmensa borrasca ártica, acabe enfriándonos hasta los tuétanos a todo el hemisferio norte; bueno, la cosa irá para largo y a lo mejor hasta nos coge confesados.
Pero las ciclogénesis en general son traicioneras: según los expertos, si uno está en el núcleo, en el ojo mismo del huracán, disfruta una calma chicha, de una bonanza hasta placentera. Pero, amigo, en los bordes la cosa está muy chunga. Y como, a menudo, la cercanía de lo que nos pasa no se puede ver en perspectiva, tal vez acabamos por confundir los motivos reales de lo que nos ocurre. Por ejemplo: en Melilla se monta un buen jari a cuenta, se supone, de la asignación por parte del Ayuntamiento de ciertos contratos de trabajo; y en un barrio de Burgos, los vecinos se encampanan porque, se dice, sus ediles han decidido hacer un bulevar contra su voluntad. Luego nos enteramos de que los dos lugares se parecen en las precarias condiciones de vida de sus habitantes en algunos casos en el borde de la desesperación y de que eso se mezcla en un cóctel explosivo con la arbitrariedad, la sordera y el despilfarro de las autoridades: vamos, que lo que parecen reacciones violentas desproporcionadas a cada caso, no lo son tanto sin consideramos que aparte el pretexto concreto, sucede que el personal está hasta la mismísima coronilla.

Nos llama la atención que lo que nos está pasando a los españoles a cuenta de las decisiones de un Gobierno que parece el enemigo, no provoque un estallido social. Pero, pudiera ser que esto no se parezca al temido vórtice, salvo en el hecho de que en su núcleo están los Blesas, Montoros, Gallardones y otras lacras tan tranquilos. Y en la periferia no se nos cae el cielo encima de golpe, sino que se originan tormentas de apariencia local (como en Melilla y Burgos) y creciente fuerza y número que acabarán provocando que se nos hielen hasta las entendederas.