sábado, 14 de noviembre de 2015

El horror


Paso de la indignación por lo ocurrido a la infinita tristeza. Hollande dice que sabe quienes son; pues entonces no se por qué no dimite ya al no haber podido evitar esta tragedia. No, no sabe quienes son...ni sabe cómo evitar que alguien se inmole a tu lado en el metro. También a mi me emociona ver a la gente salir del estadio cantando la Marsellesa; me dan ganas de llorar. Los asesinos son los únicos responsables de lo ocurrido en París. Claro. Aunque ni siquiera será posible que caiga sobre ellos el peso de la Ley...se burlan de nuestra Ley reventándose...no queda nada que juzgar, como mucho podemos enterrar unos despojos que tal vez sea dificil distinguir de los de sus víctimas. Es el espanto. Apocalipsis Now: "el horror, el horror, dice el coronel Kurt" Solo ellos son los responsables de los muertos, pero de que esto nos esté pasando no, no solo ellos. Basta mirar a Siria, o a Boko Haran, a Irak, a Arabia Saudita, a tantos y tantos errores, a tanta inacción interesada. Hace tiempo que estamos en alerta máxima...nosotros, como siempre, la gente que muere o pierde un miembro, o un familiar, o un amigo, o la dignidad...los que cenaban en una terraza, estaban viendo un partido de fútbol o bailaban en una sala de fiestas...ninguno se llamaba Al Assad o Al Zawahir, ni Bush, ni Putin...a ellos nunca les toca.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Cataluña: ¿no es hora de hablar? Entonces ¿de qué?


 
Ya me permitirán un desahogo…y mira que no quería escribir sobre el tema, pero es que ando entre el aburrimiento y la náusea...y el miedo ¿No podríamos –la gente corriente, quiero decir- acabar con todo esto de un papirotazo? No ¿verdad? Ni siquiera el 20 de diciembre ¿no?
Vaya por delante que mi cuñado, el de San Feliú de Guixols, opina lo mismo que yo: asistimos a un circo en el que dos gobiernos apoyados en organizaciones criminales (uno en funciones; como diría Millás signifique lo que diablos signifique “en funciones” y el otro boqueando) están a tribunalazos o a parlamentazos como esos personajes siniestros y necios del cuadro de Goya que se atizan como si no hubiera un mañana; aplaude el triste espectáculo entre bambalinas un grupo de tipos y tipas que se dicen anticapitalistas –internacionalistas de su barrio por tanto- y que están dispuestos a vender su alma a Milton Friedman con tal de…de…no se muy bien de qué. En las gradas un público bien intencionado agita banderas que tienen los mismos colores pero en diferente disposición.
Y luego hay merodeando por los alrededores una fauna diversa entre la que tal vez los más pintorescos sean quienes sueñan con ver desfilar por la Diagonal a Pablo con su alegre trote cochinero mientras se fuman una faria bien repantingados en el sofá chester de casa. ¿Qué quien es Pablo?  El carnero que ha fichado este año la Legión, que no estáis al día, amiguetes. Son los mismos personajes que ahora defienden la españolidad de Cataluña a gritos y antes boicotearon el cava aunque se lo ofreciera Mercadona, Eroski o la bodega de toda la vida en el corazón de Vallekas.

Así es que en este país goyesco hubo unas elecciones y de ellas salió una mayoría (aberrante, ya digo, pero mayoría de las que llaman absolutas) Antes de eso, unos defendían el carácter plebiscitario de la cita electoral y otros sostenían que de eso nada. Ahora los segundos arrojan a la cara el resultado asegurando que han perdido el plebiscito y los primeros alegan cargados de razón que puesto que no se reconocía tal plebiscito, pues vale con la mayoría para poner en marcha lo que precisaría de un plebiscito. Y todo por no preguntar como es debido, en tiempo y forma quiero decir, oiga.
En estos últimos días no paro de oír en las tertulias a gente sesuda asegurar con la convicción de un papagayo el lugar común de que ya ha pasado el momento del diálogo; que en las presentes circunstancias ya no cabe sentarse para hablar, y ahora toca, dicen, esperar a ver cómo se deslía esta madeja. Y se quedan tan tranquilos. No sé qué quieren decir. No quiero saber qué quieren decir.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Amancio Ortega...por ejemplo


Como todo el mundo sabe (o no) Amancio Ortega, es un empresario español hecho a sí mismo. Es un patriota solidario que dona 17 millones a la sanidad pública gallega y evade 3.500 a paraísos fiscales como quien se fuma un puro.

Pero no es de eso de lo que quería escribir hoy (o sí) Quería explicar lo que me sucede de un tiempo a esta parte en tanto que clase media maltratada por esa farsa que hemos convenido en llamar crisis. No, por fortuna, no acudo a comedores sociales, no por ahora; y, como soy un tipo de gustos sencillos, digamos que mi calidad de vida sigue siendo aceptable.

Cuando voy al supermercado, aprovecho para curiosear en las tiendas del gran centro comercial en donde está instalado y me he dado cuenta de que si necesito una bufanda, un jersey, no se…un anorak…solo encuentro precios que estén a mi alcance en unas cuantas tiendas que lo son de marcas como Zara, H&M o Primak, pongamos por caso.

Zara, como es sabido, pertenece al grupo de empresas del mentado patriota Ortega que se ha hecho multimillonario pagando a niños que cosen la ropa en India y Bangladesh a razón de 0,88 euros al día. La sueca H&M tolera condiciones laborales casi esclavistas en los talleres que contrata en Camboya –siempre a través de terceros para no implicar directamente a la marca- donde los derechos laborales son casi inexistentes; en esos talleres se aplica especial presión sobre embarazadas y las horas extraordinarias no remuneradas son obligatorias en muchas de ellas. De negarse, el trabajador se expone a ser despedido, sufrir deducciones salariales o padecer un traslado punitivo; por supuesto, también se documentan frecuentemente casos de trabajo infantil. Sobre Primark, lean esta bonita anécdota: es conocido cómo una joven galesa encontró oculta en un vestido que acaba de comprar, una nota que decía “forced to work exhausting hours” (se entiende bien ¿verdad?) Primark no pudo evitar que en 2014 aparecieran más mensajes parecidos cosidos en su ropa, gritos desesperados tal vez, como mensajes en su botella; esta multinacional irlandesa, fue una de las implicadas en la tragedia de Rana Plaza en Bangladesh que costó la vida a más de 1.100 personas cuando la fábrica se vino abajo sobre sus cabezas.
Seguramente son variadas las razones que la gente tiene para comprar ropa de estas marcas, pero es muy probable que la principal sea una exitosa combinación que une lo asequible del precio a un diseño de moda. La calidad no importa tanto, al cabo si uno tiene más o menos buena percha y le da igual que a las sábanas le salgan pelotillas demasiado pronto, puede mantenerse en el estándar del estatus social (en apariencia se comprende) aunque tenga un contrato basura o una pensión menguante.

Y así, sin pensarlo apenas, que la vida son dos días y bastante tiene uno con lo que tiene, nos convertimos (los pobretones, quiero decir) en agentes activos del peor capitalismo. En una monstruosa paradoja que algunos llaman efecto mariposa, por acción y omisión permitimos que finalmente Amancio Ortega regale el 0,00026% de su fortuna para que los hospitales públicos gallegos, que sufren recortes desde hace años entre otras razones porque la evasión fiscal  de tipos como Ortega, reduce considerablemente los ingresos del Estado, puedan renovar los aparatos con los que a usted y a mi, que no somos ni de Bangladesh, ni de Camboya ni de tantos otros sitios, nos intentarán curar el cáncer, por ejemplo. Qué cosas ¿verdad?

martes, 20 de octubre de 2015

Tontos/as




Esta mañana me he levantado dándole vueltas a los significados de las distintas derivaciones de la palabra tonto/a. A los que madrugamos sin ton ni son se nos ocurren estas cosas cuando amanecemos. Luego nos enredamos en vivir y ya no tenemos tiempo para lo importante.

Es una gran palabra el genérico tonto/a porque, sin ser malsonante ni especialmente hiriente en principio, define bien a quien no llega a los estándares de la inteligencia convencional; sí, ciertamente, nadie que yo sepa ha marcado con criterios objetivos esos estándares, pero sabemos bien lo que decimos cuando nos referimos a los tontos/as y sus derivados.

Pero hay mucho más. El asunto es rico en matices cuando empezamos a detallar el concepto mismo de tonto/a con variaciones diversas. Así, tontito/a puede ser desde un calificativo especialmente cariñoso en lo muy íntimo, a la definición de quien se muestra algo altivo y al tiempo tozudo; se refiere en todo caso a quien careciendo de chispa (esto es, en realidad, común a todas las variantes) merece sin embargo una cierta condescendencia pues sus ocurrencias, pudiendo llegar a ser cargantes, no son desde luego peligrosas.

Tontorrón/a se parece a tontito/a pero, si éste tiene un algo que nos incomoda (quizás una cierta impostura) el/la tontorrón/a es un tonto/a que lo es de natural; se diría que es esencialmente bueno/a y mientras que al/a tontito/a lo/a imaginamos sonriendo de medio lado, al/a tontorrón/a lo/a pensamos riendo con la boca desmesuradamente abierta y emitiendo ruidosas carcajadas que alterna con hipidos sincopados y otros ruiditos.

Si los anteriores son vocablos que se vienen usando de antiguo, hay otros acuñados más recientemente que merecen alguna palabra. Es el caso de tontucio/a, tontarro/a, tontaco/a o tontuco/a.

Este último, se parece más a tontorrón/a que a tontito/a pero con un plus de ternura; el/la tontuco/a es amoroso/a y completamente inofensivo/a. Es tan bueno/a el/la tontuco/a que hasta puede resultar peligroso para sí mismo de despreocupado que es con los vaivenes de la vida. Uno abrazaría a los/las tontucos/as si no fuera porque se pueden encariñar demasiado y resultar entonces francamente pesados.

El/a tontucio/a es como el/a tontuco/a pero, como se diría en Andalucía, con mala follá. El tontuco/a, verbigratia, jamás te contará un chiste; es que no los comprende. Tampoco los entiende el/la tontucio/a, pero cree que sí y, además opina de sí mismo/a que es gracioso/a. Ya se entiende pues con este sencillo ejemplo, lo coñazo que pude llegar a ser la presencia cercana de un/a tontucio/a.

Finalmente, tontarro/a y tontaco/a tienen unas características comunes: su persistencia contumaz en la tontería, su insistencia en hacerla patente y una tendencia a dar por sentado que todo el mundo menos el/ella es estúpido. El/la tontarro/a, siendo como el/la tontanco/a, un/a gran tonto/a, se diferencia de éste/a en añadir a su condición la de hortera y tosco de maneras.

Si tontito/a, tontorrón/a, tontucio/a y tontuco/a suelen permanecer en la esfera de lo privado, lo cercano, lo cotidiano, etc, (busquen entre sus allegados y verán que los hay respondiendo a cualquiera de las tipologías) tontarros/as y tontacos/as son legión en el ámbito de lo público (esto es más fácil aún de constatar) Los primeros pueden incluso hacernos sonreir con sus tontadas. Los segundos a menudo tienen poder y, por tanto, maldita la gracia que hacen.

Y no me pidan nombres, que me vengo arriba.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Orgulloso de ser español


No critico a quien así se define mientras no sea (que suele serlo) la expresión de un modo excluyente de entender la identidad o la relación de pertenencia.  Naturalmente lo que acabo de decir sirve para ser español, catalá, nepalí o azerbaiyano.

Mi familia y yo somos españoles, de generaciones atrás; no consta que tengamos ADN de origen remoto como no sea el que dejaran almohades, almorávides y benimerines, que en ocho siglos da para eso y para más.

Somos más de aquí que las amapolas y, por tanto, parecería absurda por obvia esa cantinela de “¡yo soy, español, español, español…españÓL!” Quizás si alguien entonara “I am from Spain, from Spain, from Spain…from SpÁIN!” el asunto sí sería merecedor de estudio. Más aún, si alguien coreara “¡Yo soy ingeniero de caminos, ingeniero de caminos, ingeniero de caminos…ingeniEEEEEro de caminos!" lo comprendería, pues sabido es el esfuerzo personal que exige acabar una carrera como esa; es, efectivamente para sentirse orgulloso.

Pero orgulloso de ser español, pues la verdad me parece lo mismo que sentirse henchido de identidad patria cuando la patria es Móstoles, Santa Coloma de Gramanet o Tánger, pongamos por caso. Que no digo que no, pero a mí pues no me pone y me recuerda a aquellas pegatinas que hace años se colocaban en el parabrisas trasero del Seiscientos: “¡Soy andaluz y español, casi ná!” o aquello tan racial de “¡Con fabes y sidrina nun fai falta gasolina!” Caspa.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Y ya si tal


Reflexiones pedestres:
Pues gana Junt pel si, pero pierde; pierden o ganan la Cup (lo de estos es para hacérselo mirar) y Catalunya si que es pot, pero ganan o pierden; gana Ciudadanos y gana mucho y pierden PSC y PP pero pierden mucho. ¿Y ahora qué? Porque de dimisiones de Mas y Rajoy como artífices que son de esta merdé ni hablamos ¿no?
Andaba yo en disquisiciones conmigo preparándome para el eclipse de la luna gorda cuando aparecieron en pantalla los ciudadanos Arrimadas y Rivera tan contentos...y su público cantó: "No se puede" y luego "Soy español, español, español" y me entró una depresión que ni la luna, tan hermosa jugando al escondite, ha conseguido aliviar.
¿Nos esperamos a las Generales a ver si sale algo parecido o suena la flauta de Bartolo?  A ver. Esperaremos. Qué remedio. Si este fuera un país normal de dirigentes normales, ese pedazo de líder carismático de nuestras miserias nos ahorraría tertulias y análisis de todo a cien y adelantaría las elecciones. Pero no; se comenta que lleva desde anoche mirando a la pared y repitiendo para sí: un botijo es un botijo y Mas ha perdido…y ya si tal.  

martes, 25 de agosto de 2015

Sillas, sillones, sofás y descalzadoras


Hay una empresa, Rock Paper Robot, que fabrica sillas, mesas, y otros muebles. Como Ikea pero en plan tecnológico. Son objetos que, o bien se adaptan sobre la marcha a las necesidades prácticas del momento o interactúan con nuestras personillas como la cosa más natural del mundo. Un ejemplo de lo primero es el modelo de mesa Float table que está compuesto de piezas que flotan en el éter circundante, esto es, en la sala, en el dormitorio, en  el baño…y, a una orden nuestra –o quizás de otro- se organizan en un instante formando ya sea una mesa de comedor o una mesilla de noche (en este segundo caso, claro, las pieza sobrantes continúan levitando a la expectativa). En cuanto a la cosa de la interacción tenemos, por ejemplo, sillas que analizan parámetros fisiológicos y nos avisan si llevamos demasiado tiempo en posición sedentaria y por tanto corremos el riesgo de, como decía mi abuela, echar culo; no es tanto pues, verbigratia, que un dispositivo instalado en un mingitorio público, o en nuestro domicilio propiamente, avise con una potente sirena si –sin duda por distracción- no hemos levantado el rosco, sino que nos informará si padecemos alcalosis, síndrome de Alport, alguna nefropatía, o si esa molestia sorda obedece a alguna nefropatía traicionera o a una leve congestión prostática y usted estaba a por uvas.

Leo también por ahí que hay otra empresa, Machina, que ha inventado la Midi Jacket, una chaqueta que incluye un acelerómetro, un altímetro, un giroscopio y 4 magnetómetros entre otros dispositivos (eso dicen los de Machina, a mí que me registren), artilugios cuyo carácter y función específicos ignoro pero que se gobiernan con el teléfono móvil o, más precisamente, con una app en el smartphone. La chaquetica que, por ahora, es talla única, la están utilizando djs y performers en general, es decir gentes de la farándula que gustan de lucecillas, efectos sonoros e ilusiones de ese tipo para realizar su gozosa tarea. Por supuesto, Machina está trabajando ya en cómo trasladar a la vida cotidiana el invento, así es que no tardaremos en disponer de una corbata que aparece y desaparece, de gran utilidad si eres, por ejemplo, diputado o notario, o trajes sastre que mutan en escotes palabra de honor si no te dio tiempo a pasar por casa antes de ir a la cena de Navidad de la empresa. No tardaremos en encontrar piezas de Midi Jacket en los outlets: quizás no el último modelo con climatizador, pero seguro que sí el que te rasca la espalda.

Mientras nos acostumbramos a todo eso oigan esta canción de la Cromática Pistona: marquen el ritmo con el pie y sonrían.