jueves, 12 de enero de 2017

Variaciones sobre el mismo tema: el Yak 42


 

Esta es la nota emitida por el Ministerio de Defensa al término de la reunión que María Dolores de Cospedal mantuvo con los familiares de las víctimas del Yak 42 el pasado martes día 10:
 
“La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, se ha reunido esta mañana durante hora y media con la Asociación de Familias del YAK-42 y sus abogados.

En este encuentro, que ha transcurrido en un clima de cordialidad y franqueza, la ministra ha escuchado las reflexiones de los familiares y les ha transmitido personalmente su apoyo y el compromiso inquebrantable con el recuerdo y la memoria de las víctimas por parte del Ministerio de Defensa, del Gobierno, y de toda la sociedad española.
La ministra ha transmitido a las familias que seguirá el dictamen del Consejo de Estado, pese a su carácter no vinculante. Con independencia de que los tribunales de Justicia determinaron en su momento que el Ministerio de Defensa no tuvo responsabilidad civil o penal en el accidente aéreo, el Consejo de Estado establece la responsabilidad patrimonial del Estado en el accidente del YAK42 ocurrido en el año 2003.

El dictamen señala que el reconocimiento de esta responsabilidad patrimonial de la Administración Pública “no está asociado a la afirmación de la concurrencia de actuaciones subjetivas generadoras de cualquier tipo de culpa”. Dicho dictamen reconoce que las indemnizaciones resarcitorias ya fueron sufragadas.
Por último, la ministra de Defensa ha mostrado su máxima disposición a colaborar en las peticiones de los familiares”

Igual yo soy de otro planeta y no entiendo el idioma cospedaliano, pero ¿me podría explicar alguien qué es exactamente lo que asume Defensa y qué es lo que está dispuesto a hacer el Ministerio y, por tanto, el Gobierno? Sí “…seguirá el dictamen del Consejo de Estado” ¿Y eso qué quiere decir?
He tardado dos días en decir esto porque dudaba de mi propia capacidad en vista de que llevamos eso, dos días, oyendo hablar del cambio de actitud del Ministerio de Defensa y, por tanto del Gobierno, a pesar del contrapunto de uno que dice ser ministro de Justicia, o sea el Gobierno, que lleva los mismos dos días enmendando la plana a su colega de Defensa. Esto es, el Gobierno corrige al Gobierno. El único que no dice ni mu es Rajoy, presidente de ese Gobierno al tiempo contrito y chulesco, y vicepresidente que fue del Gobierno que consintió y trató por todos los medios de tapar el crimen del Yak.

Vale, Trillo no les hacía ni caso y además insultaba la dignidad de los muertos y de sus familiares en cuanto tenía ocasión. Cospedal los recibe, les da un cafelito y les dice cosas que quieren oír. Y yo comprendo ¿cómo no? que se contenten con poco, al cabo nunca pidieron mucho y cuando se ha sufrido y se sufre tanto, una palabra amable parece más de lo que es.
Pero lo que me tenía confuso hasta que he recuperado la cordura por la vía del hartazgo es esta cantinela en prácticamente todos los medios de comunicación y comentaristas varios sobre el cambio de actitud del Ministerio: A ver, que Cospedal es la del finiquito en diferido y en forma de simulación, la que hizo cuanto pudo por cargarse la sanidad pública en Castilla la Mancha, la del marido perceptor de subvenciones, la que bebe los vientos por Rajoy y no hará nada que nos pueda recordar que cuando el accidente él estaba allí. Es la misma que dicta la nota que he reproducido. No creo que un baño de disciplina castrense la haya cambiado en un pis pas.

Irá el Congreso el lunes y contará vaguedades y presuntos buenos propósitos, pero no aparecerán los documentos de las subcontratas, no se aclarará el asunto del seguro. No habrá nada nuevo, solo palmaditas en la espalda y palabrita del Niño Jesús. Al tiempo; me disculparé si no es como digo, y ojalá tenga que hacerlo
¿Alguien sabe por qué nunca se menciona en las informaciones periodísticas que Trillo fue militar de 1974 a 1989 y se retiró como comandante del Servicio Jurídico de la Armada? ¿por no añadir más vergüenza al caso?

Y por último (hoy estoy preguntón) ¿Cómo es que nadie le dice a José Bono, ministro de Defensa de 2004 a 2006, que si sabe cosas lo que tiene que hacer es contarlas todas de una vez en lugar de dosificarlas por los platós de televisión? ¿Y qué hay de José Antonio Alonso, ministro del ramo desde 2006 a 2008 y Carmen Chacón, de 2008 a 2011? A Morenés ni mencionarlo que me da un sarpullido. ¿Nadie les pregunta nada? Es que el accidente fue en 2003 y 14 años dan para mucho o, a lo que parece, para nada, de nadie.
 

Neoliberales y reformistas ante el cambio climático


En mi anterior post (El Congreso de los Diputados seguirá "estudiando" el cambio climático) mencioné la actitud que durante décadas ha tenido la llamada izquierda reformista a propósito del cambio climático. Obsérvese que no empleo el término “socialdemocracia” en vista de que a estas alturas a mi -con franqueza y sin duda por mi torpeza-  me resulta difícil comprender qué es.

No es una afirmación a humo de pajas. Bastaría con analizar al detalle cual viene siendo el posicionamiento del reformismo al respecto de los cuatro pilares de la ideología dominante que, para entendernos, llamaremos neoliberalismo: la creciente privatización, (o privatización de la gestión, como reza el eufemismo al uso) de sectores, primero estratégicos y luego de servicios, que antes fueron de propiedad pública; la desregulación creciente del sector privado especialmente en la economía global mediante la firma de acuerdos de libre comercio e inversión regionales, bilaterales, multilaterales que, merced a su carácter vinculante y coercitivo puede obligar por encima de los intereses ciudadanos de los estados incluso si se expresan en las tradicionales instituciones y estructuras legislativas y los aparatos judiciales; el posicionamiento ajeno a los problemas del clima de organizaciones transnacionales de gran influencia como el FMI, el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio; y la permisividad en materia de evasión fiscal para las grandes fortunas y las multinacionales.
El estado del bienestar es una criatura (aunque no solo) de la socialdemocracia. Esa es una verdad histórica si se me permite la broma semántica y la justicia poética. Pero su deterioro creciente es directamente proporcional al éxito de la ideología dominante: entre los muchos indicadores, bastaría con observar la evolución de los índices de desigualdad en el mundo en, por ejemplo, los últimos veinte años, un periodo que ha visto gobiernos de toda índole y condición en Occidente.

En lo que hace al cambio climático, o a la lucha contra el cambio climático, sucede exactamente lo mismo (en otro momento escribiré sobre la relación que hay, precisamente, entre la extensión de la pobreza y los daños al medio ambiente; que la hay) es decir, que la gravedad de nuestro problema global con el clima tiene que ver directamente con la salud del neoliberalismo, porque esos cuatro pilares a los que antes me referí son una especie de muro ideológico que impide de un modo u otro, directa o indirectamente, una respuesta seria y ordenada al problema global; es incompatible con las medidas que debieran tomarse con urgencia a fin de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.
Un ejemplo entre los posibles de lo que quiero decir, a sabiendas de que meramente lo enuncio porque una explicación en detalle excede las pretensiones de este breve post: la deslocalización de empresas es a menudo la respuesta a la regulación local, las exigencias sindicales, las dificultades logísticas, etc. Las consecuencias para el país de origen son, como sabemos, la destrucción de puestos de trabajo y por tanto el empobrecimiento, entre otras. Pero, además, es habitual que se trasladen industrias sucias que reciben buena acogida en países que están reclamando un lugar y un derecho en la loca carrera por el crecimiento y el desarrollo (China, India, Brasil…) al que no desean renunciar, con lo que el problema medioambiental se agrava. Eso sí, la fórmula proporciona cierta tranquilidad de conciencia a nuestro muy liberal y desarrollado establishment: nosotros creamos el problema, pero son ellos los que contaminan.

Lo mencioné de pasada: el crecimiento. Ese dios ante el que se inclinan todos, neoliberales y reformistas.
Sí, los segundos matizan y aseguran que hay que poner límites al sacrosanto mercado, que hay que regular la actividad privada y ponerle rostro humano a la globalización, es decir, que hay que embridar al capitalismo financiero, extractivo y especulativo, o sea, lo que vienen diciendo desde que se vino abajo el Muro de Berlín, a lo que parece, con escaso éxito. Y su fórmula para luchar contra el cambio climático parece ser sustituir el modelo económico por otro que en sustancia no es distinto del vigente, pero con soluciones verdes.

Pero eso ya no es suficiente. ¿Es bueno, por ejemplo, disponer de electrodomésticos más eficientes? Claro, eso está bien y, además, no va contra las reglas de mercado sino más bien todo lo contrario? Por supuesto ¿Quién en su sano juicio puede negar eso? Pero ¿Y si resulta que la industria hace eso y en paralelo aplica la obsolescencia programada de las máquinas a fin de forzar el consumo que acaba generando más residuos -muy verdes eso sí- que antes?
¿Crecer hasta el infinito en un planeta finito? ¿Basta con hacerlo limpiamente? Es un contrasentido; parece mentira, pero es un contrasentido que no opera como tal en nuestras sociedades; nos parece una obviedad pero nos comportamos como si no lo fuera. Y eso que, además, es muy estúpido. No tenemos tiempo, se nos debe de meter esto en la mollera. Aunque nos pusiéramos mañana mismo a la titánica empresa de cambiar el modelo productivo y, sobre todo, el modelo energético, el estado actual de la tecnología no nos permitiría el milagro a tiempo: el aumento de la temperatura global en 2 grados es ya inevitable. ¿Qué hacer entonces?

Pues como dice Naomí Kleim en Esto lo cambia todo (S&M 2014) “lo que podamos” Y lo que podamos no concierne a la ideología dominante: no hará nada, sencillamente porque como ya he dicho, hacerlo va contra su razón de ser. Pero no sería poca cosa que la izquierda abandonara ya esa especie de perpleja complacencia y construyera un discurso basado en cuestionar el crecimiento como paradigma, en la limitación del consumo en general y contra el despilfarro energético en particular. ¿Que eso tiene un cierto aroma utópico? Claro, por eso digo que es a la izquierda a quien le corresponde hacerlo.

viernes, 6 de enero de 2017

El Congreso de los Diputados seguirá "estudiando" el cambio climático

El 15 de diciembre pasado el Congreso de los Diputados aprobó por 337 votos a favor y dos abstenciones (ya comentaré algún día de quién y por qué) que la denominada Comisión para el Estudio del Cambio Climático pase a tener el carácter de comisión legislativa permanente.

Artículo 75.2 de la Constitución: “Las Cámaras podrán delegar en las Comisiones Legislativas Permanentes la aprobación de proyectos o proposiciones de ley. El Pleno podrá, no obstante, recabar en cualquier momento el debate y votación de cualquier proyecto o proposición de ley que haya sido objeto de esta delegación”

¿Es pues asunto de importancia? Pues sí, es un cambio significativo en la atención que el Legislativo parece otorgar a este asunto del cambio climático, básicamente porque puede impulsar la elaboración de la Ley ad hoc. Vista la iniciativa con espíritu crítico, pues que ni siquiera le hayan cambiado el nombre eliminado lo de “para estudio” (dado que el asunto está más que suficientemente estudiado, debiera haberse llamado “para marear la perdiz”) da idea de lo fino que hilan las señorías. Pero, si consideramos que a primeros de noviembre del año que acaba de terminar, la Mesa del Congreso denegó su permiso para que una representación del Congreso asistiera a la Cumbre del Clima de Marraquech pues, efectivamente, en apenas un mes hemos avanzado una barbaridad.

Si usted, querido lector, cree que lo de mantener “para estudio” es cosa baladí y lo que pasa es que yo soy muy tiquismiquis, pues tal vez tenga razón. Pero a mi me parece que el lenguaje no es nunca inocente y el uso de unas u otras expresiones podrá ser más o menos inconsciente, pero nunca es ni neutro ni inocuo.

Personalmente me dan auténtico miedo los negacionistas a ultranza porque saben perfectamente que la lucha contra el cambio climático lo es contra el sistema político y económico hoy dominante, que mantiene y acrecienta sus privilegios; y saben muy bien que solo un estado fuerte y unas instituciones transnacionales de carácter público poderosas pueden enfrentar una tarea que solo puede ser planetaria y que, inevitablemente, implica un cambio radical en la distribución de la riqueza, en la asunción de las responsabilidades en la reducción de emisiones a la atmósfera, etc. Por eso torpedearán cualquier movimiento de la sociedad civil, da igual el precio…y al fin y al cabo lo suyo no es el largo plazo.

Y no me recuerden que el modelo de desarrollo del que se llamó el socialismo real no fue precisamente cuidadoso con el medio ambiente. No hace falta y además eso no justifica cosa alguna.
Sí, hay quien tiene mucha fe en los avances de la ciencia y en el criterio de la Providencia. Ambas nos pondrán a salvo creen cuando las cosas se vuelvan verdaderamente difíciles; es lo que ha ocurrido siempre, sentencian. Es gente sin duda bien intencionada, fieles compañeros de viaje hacia el desastre de los anteriores. Me recuerdan a los vecinos de mi urbanización, empeñados en gastar el 60 por ciento del presupuesto comunitario en el agua para el riego de la pradera, simplemente porque se ha hecho así desde hace 40 años - o sea, siempre para ellos- y el césped en plena meseta da mucho fresquito.

Lo que de verdad me parece preocupante es la ausencia de equilibrio frente a estos suicidas conscientes o inconscientes. Desde la izquierda que se dice reformista llevamos décadas hablando de la necesidad de cambios graduales, amables; y tampoco es muy diferente desde posiciones políticas más radicales, véanse los programas electorales. Se trataría de casar la necesidad de un crecimiento constante con el estado del bienestar y el respeto al planeta. Y es imposible; como dice Naomí Kleim (Esto lo cambia todo, Simon &Schuster 2014) “el sofocante fundamentalismo del mercado es el mayor enemigo de la salud del planeta”.

De manera que no, el cambio climático no es un problema más, es EL PROBLEMA, tanto que seguramente los efectos del calentamiento ya son irreversibles y estamos en una carrera contra el tiempo en la que cuanto menos nos apresuremos en aplicar soluciones radicales más cerca estaremos de una catástrofe; solo un botón de muestra: si alguien cree que el problema de la inmigración actual es grave, imaginen la que se nos puede venir encima en los países del hemisferio norte si las aguas de los océanos suben un metro por la reducción del hielo ártico, o las sequías y los huracanes de fuerza creciente acaban provocando grandes desplazamientos de población…pues ya está pasando, amiguitos.
En la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático de Cancún, en 2010, se estableció un objetivo: que la temperatura del planeta no se incrementara por encima de los 2 grados centígrados. Diecisiete años después ese objetivo es inalcanzable. ¿Y por qué 2 grados? Porque se entendió que era una meta que integraba la evidencia científica, los intereses económicos y las necesidades de los que establecen las políticas climáticas. Como puede observarse el fracaso no puede ser mayor.

No, no es un problema más. Por mucho que el miedo nos impida pensar y nos paralice (que igual hay algo de eso) aquí no hay dirección en la que correr para ponerse a salvo.
Upton Sinclair, fue un periodista que escribió en 1906 La Jungla, una novela de la que Jack London dijo que era "La cabaña del Tío Tom de la esclavitud asalariada” En su obra, Sinclair ponía de manifiesto el contraste entre las condiciones de vida de muchos y trabajadores y la corrupción profundamente arraigada en las élites. La Jungla se publicó hace cien años, pero ¿a que les suena la música? Este autor escribió: “…qué difícil es conseguir que un hombre comprenda algo cuando su sueldo depende de que no lo comprenda” Claro, Upton Sinclair no estaba hablando de los efectos de cambio climático. ¿o sí?


viernes, 30 de diciembre de 2016

Feliz 2017 y que no suba la luz

Esta mañana he compartido en redes sociales la fotografía de una factura de la luz. Es la que reproduzco aquí.

La foto estaba acompañada de la siguiente leyenda “Por 3 euros de consumo, 50 euros de factura. Robo permitido ‘Made in Spain’ ¡COMPÁRTELO!” Y mi primera reacción ha sido enfadarme y, naturalmente, compartirlo, lo cual ha enfadado viralmente a no se cuantas personas que, a su vez habrán compartido su enfado en un inútil ejercicio de propagación sin fin del mal rollo a la velocidad -menuda paradoja- de la luz.
Pero, una vez sosegado, caigo en la cuenta de que se trata de un asunto francamente inquietante.

Vengo de una familia modesta. En la casa de mis padres, un piso en la periferia madrileña, siempre pasé frío y eso era porque todo se medía al milímetro: de igual modo que las croquetas de mi madre estaban contadas, jamás se derrochaba un voltio o un amperio en aquellos radiadores de aceite o estufas de resistencia que Franklin confunda. Pero éramos razonablemente felices, o eso me parecía a mi.

En el final de la autarquía, o sea cuando entonces, las eléctricas estaban controladas por el Estado y aunque el capitalismo patrio comenzaba a desarrollarse, una factura como la de la foto no hubiera sido sería posible. Te podían meter en la cárcel por desafecto al Régimen pero uno entendía sin dificultad la papela: tanto gastas, tanto pagas.

Pagar lo que no se ha consumido o, más bien, pagar como potencial consumidor, es un sofisticado concepto del capitalismo avanzado cuya explicación radica en que quien presta el servicio ha realizado cuantiosas inversiones antes de preguntar al consumidor si desea ese servicio y, por tanto éste, una vez que lo es -consumidor potencial y una vez enchufa la plancha, consumidor a secas- mediante la firma de un contrato, tiene que contribuir a amortizar tales inversiones. A eso se añaden los impuestos especiales y/o indirectos, pero esto último no necesita explicación, solo resignación.
Lo inquietante es pagar por algo cuyo coste se generó quizás cuando ni siquiera habías nacido. Verbigratia, el caso de un alumbrado en los años ochenta, siendo así que los pantanos y las nucleares se construyeron hace mucho cuando ni siquiera se podía discutir si eso era mejor que la energía solar o la eólica o de donde salía el dinero y quien se cobraba los favores.  

Alguien tal vez podría discurrir que es como cuando compras un kilo de manzanas: en el precio va todo, el trabajo del agricultor, el transporte, el sueldo del frutero…y luego juega la ley de la oferta y la demanda y por eso son más caras las Reineta que las Golden.
Pero no. Nada que ver. Sin manzanas se vive tan ricamente, sin luz pues no. Y en cuanto a la oferta y la demanda, en el sector de la energía eso es una simpática broma que se gastan entre ellos los propietarios de las productoras, distribuidoras y comercializadoras, que hay para todos, cuando se van de alegres francachelas con los miembros de los consejos de administración que a veces son conocidos políticos ya de retirada que están allí para aportar su sabiduría en lo que sea menester.

No se, pongamos que un miembro de la tribu de los Mursi Mursi se acerca al río con una palangana para lavarse y un tipo le dice que antes de meterla en la corriente ha de pagar porque unos kilómetros más arriba se ha construido un ingenio a fin de que el agua no baje turbia…y luego, dependiendo de cuanta agua entre en el cuenco, le cobraría el consumo. Pues se quedaría muy sorprendido, pero eso es porque es un miembro de la tribu de los Mursi Mursi y no un tipo moderno.
Por eso a mi, que de una factura de 49,78 euros, solo 3,13 corresponda al consumo, más que sorpresa me produce inquietud.

Es que, siendo así ¿a qué llamamos pobreza energética? Se dice que se da cuando alguien no puede pagar la energía necesaria para calentarse, para cocinar, etc. Vale pero entonces ¿cómo llamamos a quien ni siquiera tiene la posibilidad de consumir porque no puede pagar lo que es previo al consumo?
Feliz año 2017 y que no les suban el precio de la luz, o el de la posibilidad de tener luz.


lunes, 26 de diciembre de 2016

El lío de Podemos


Lo que los inscritos en Podemos han votado días atrás han sido procedimientos. Lo primero que cabe resaltar a mi juicio, es que se presentaron 39 propuestas, no dos ni tres. La banalización a la que unos y otros han sometido este proceso hace que todo parezca una confrontación de dos modelos organizativos únicos.

Sí, como es sabido, las dos propuestas que mayor número de votos obtuvieron fueron las que han defendido junto a mucha gente más en cada caso, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Casi empataron, de modo que, siendo la ganadora (la de Iglesias) la que debe aplicarse, parece de sentido común llegar a Vistalegre tras incorporar al procedimiento final aportaciones de la otra propuesta (la de Errejón) Pero no solo, también convendría tomar en consideración algunas iniciativas planteadas por el grupo de los llamados Anticapitalistas y de las 36 restantes aportaciones, que las hay muy novedosas e interesantes. Si así se hiciera, se podría visualizar algo inédito en España, algo que se corresponde bien con lo que se da en llamar la nueva política, con otro modo de hacer las cosas.

Pero no. Los principales dirigentes de Podemos y algunos medios de comunicación incapaces de comprender la realidad más allá del juego de las unanimidades y la política más vieja, han convertido este proceso en algo muy poco productivo, muy poco esperanzador, en algo que dispara directamente a la línea de flotación de la ilusión. ¿Que en la trastienda hay algo más? Eso lo percibe cualquiera medianamente avisado ¿Y qué?
Se han cometido grandes errores. Por ejemplo, ese estúpido juego epistolar de gallitos ilustrados entre los principales líderes ha favorecido la impresión de que lo que hay es una confrontación de ideas; y si la hubiera (que la hay, en efecto) bien pobre es el eco que deja porque yo no sabría identificar dentro de este proceso que acabamos de vivir ninguna relevante. Y si lo que evidencia son luchas de poder, entonces más vale que vayamos plegando; menos mal que no es solo eso.

¿A quién le corresponde mayor cuota de responsabilidad en lo que ha sucedido y está por suceder? Al líder, naturalmente; y mucho más cuando es indiscutido. Es de primera página de manual.
Pablo Iglesias nunca debió decir que o salía adelante la propuesta que el defendía o se echaría a un lado. De haber perdido la votación se hubiera entendido como una actitud coherente pero, puesto que nadie le puso a él en cuestión en ningún momento, manifestarse de ese modo antes de votar es cosa fea. Tania Sánchez le llama a eso “chantaje” y quizás es un término demasiado duro pero que con eso trataba de condicionar las votaciones es una obviedad. Vieja política, muy vieja.
Y en Podemos parecen empeñados en echar más leña al fuego: la enésima torpeza es defenestrar a José Manuel López, ya ex portavoz en la Asamblea de Madrid y no explicarlo.

Siendo perfectamente legítima la destitución por el Consejo Ciudadano que es quien puede hacerlo, López no es un cargo orgánico (nada que ver el asunto de Sergio Pascual como se ha intentado decir) y además no es ningún mindundi sino que tiene ganado un merecido prestigio en Podemos y fuera de Podemos; hay que explicar -y no se ha hecho- si es que lo estaba haciendo mal, porque si no, habrá quien lucubre que el Consejo ha actuado inducido por el nuevo secretario general de Madrid Ramón Espinar (por lo visto, cercano a Iglesias) que ha pactado la salida de López (por lo visto, cercano a Errejón) para nombrar como portavoz a Lorena Ruiz-Huerta (por lo visto, cercana a Urbán) ellos sabrán porqué. O sea, vieja política, rancia.

Ayer mismo escuchaba decir a Iglesias que la imagen que ha proyectado Podemos en estos días ha sido pésima. Hoy oigo a Irene Montero asegurar que es necesario arreglar este entuerto. De acuerdo con ambos. Pero los dos forman parte de la dirección: en lugar de decir lo que hay que hacer, háganlo ya. Urge. Inexcusablemente antes de Vistalegre.
Algunos empezamos a estar un poco hartos de que unos anden urgando en el ombligo de los otros.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Machismo asesino


Cuatro mujeres asesinadas en apenas 72 horas. En 2016 han muerto 53 mujeres. Las víctimas por violencia machista han aumentado este año un 11 por ciento con un total de 36.079 casos.
 
Estadística persistente del espanto:

Año 2007: 71 mujeres asesinadas.









Estos datos espeluznantes se pueden desgranar en función de distintos criterios: por edades, por estrato socioeconómico, por nivel cultural…da igual, sigue siendo un horror.
Ya está bien. Hay que parar esto ya.

Sobre los maltratadores: para ellos, como para los pederastas y violadores, basta un endurecimiento de las leyes y la no aplicación de beneficios penitenciarios salvo bajo estrecha vigilancia y con restricciones muy duras para su libre circulación llegado el caso. ¿Asistencia psicológica? Por supuesto…entre rejas.

Para las mujeres que denuncian, protección a todos los efectos. Protección real quiero decir, que sientan que, si tienen la desgracia de sufrir algo así, el Estado impedirá que se vuelva a repetir; sin matices, sin cicaterías, sin reservas. Las denuncias falsas deben penarse con dureza pero, en vista de que su número es irrelevante y de que lo que nos jugamos es el bien supremo, la vida, hay que extremar las medidas de precaución una vez presentada la denuncia, incluso si circunstancialmente se produjeran errores en todo caso subsanables; lo que no tiene arreglo es el resultado del maltrato.
Para las mujeres en general: el Estado debe poner en marcha una campaña de duración indefinida, evaluable en resultados, que explique sin matices, sin ambages, clara, directa, que el maltrato no es otra cosa que maltrato, sin más; da igual si es el resultado de una dura infancia o la excrecencia de un amor enfermizo. No es comprensible, no es disculpable, no es perdonable. En ningún caso. En ninguna circunstancia. En ningún grado. Y conviene saber que hay que cortar al más mínimo síntoma porque nunca el maltratador cambia; siempre va a más. Y, se sufra o no en primera persona, es una obligación ciudadana denunciar si se sospecha que está ocurriendo.

Para los hombres en general: también es cosa de las Administraciones explicar a los varones que el maltratador no es más que un cobarde de mierda porque, en el fondo, el maltrato a las mujeres es un asunto de relaciones de poder. Es un delincuente. No hay ninguna gracia que reír, ninguna hazaña que celebrar. No se comprende, no se relativiza, no se bromea. No se mantiene la amistad cuando se sabe del maltrato. Se denuncia; hacerlo es -en el mismo plano que las mujeres- una obligación ciudadana.
Lo que pone los pelos de punta (más si cabe) porque explica a voces nuestro fracaso como sociedad, es lo que sigue: hay muchas investigaciones sobre los jóvenes y el maltrato cuyo resultado debería movilizar recursos de todo tipo ya. Baste comentar estos datos de un informe elaborado a principios de este año 2016 por la socióloga Carmen Ruiz Repullo:

El estudio que lo origina se elaboró a partir de entrevistas a 22 víctimas adolescentes y a seis chicos condenados por violencia en el ámbito familiar. Concluye que las chicas han sido socializadas en un "modelo de amor-sufrimiento" con el que ellas se identifican "ante una película, un libro o una canción", mientras que ellos valoran el modelo de "líderes de grupos, chulos y malotes", y todos, chicos y chicas, creen que el hombre duro y difícil, es el más atractivo. Las chicas tienden a normalizarlas al justificar prácticas no deseadas como muestra de amor.  
Los primeros signos de la violencia machista en adolescentes, desde los celos y las humillaciones, el control del móvil, etc, se justifican en la idea de un amor patriarcal en el que es normal que el varón quiera “controlar a su chica".

Por su parte los jóvenes entrevistados aseguran no identificarse como machistas, pero luego expresan su creencia de que las chicas se dejan impresionar por dinero y poder, que los celos son signos de amor, o que determinadas prendas de ropa son propias de "facilonas que provocan".
Ya digo, no es más que un botón de muestra. Busquen por ahí si lo desean, es fácil encontrar evidencias de lo grave que es este problema, de cuanto necesitamos y cuan urgente es incorporar en la escuela instrumentos para una formación radical que ponga las cosas en donde deben estar si queremos poner fin a esta lacra criminal y deseamos cuidar nuestra autoestima como sociedad. ¿Qué sentido tiene luchar por la igualdad entre sexos en diferentes ámbitos si esto es lo que está pasando entre buena parte de nuestros jóvenes?

Quien afea a la persona que dice amar su forma de vestir o sus gustos y aficiones es más que probable que tenga la mano larga; y quien da una bofetada a una mujer es potencialmente un asesino. Sin más.   

sábado, 17 de diciembre de 2016

Y parió la abuela roja

Como éramos pocos, parió la abuela y ahí tenemos a Gaspar Llamazares y a Baltasar Garzón juntos y por separado animando al personal para realizarse por ahora tímidos tocamientos que den lugar a un nuevo espacio político. Otro.

La razón -aseguran- es que un buen número de ciudadanos – 1,5 millones calculan los mentados- se sienten huérfanos ante la gran coalición en presente y más en diferido y en todo caso en forma de simulación por un lado, y la radicalización (¿?) por la que parece deslizarse UP con la difuminada IU de Garzón (Alberto) en su seno por otro.
Llamazares ya lidera la llamada Izquierda Abierta, partido político propiamente dicho, y Garzón (Baltasar) su particular plataforma ciudadana. A ellos se une en este intento un denominado Grupo Recortes Cero, una suerte de colectivo variopinto que aglutina (signifique lo que signifique “aglutina”) a sindicalistas de pro, algunos intelectuales y profesores, activistas sociales, etc.

Están en esta pomada gentes como Nicolás Sartorius o Diego López Garrido que tal vez han sentido una punzada de melancolía recordando un bonito, ingenuo y fallido proyecto de finales de los noventa que se llamó Partido Democrático de la Nueva Izquierda. Uso tantos calificativos en el ejercicio de mi derecho histórico de hacerlo por haber participado activamente en aquella aventura, un punto romántica y más elitista, que acabó en algo más que palabras cuando la dirigencia del PDNI (entiéndase López Garrido) decidió integrarse en el PSOE de Zapatero. Hace de eso veinte años. Se dice pronto.
Más o menos por esa fecha se creó la asociación No nos resignamos (he de confesar que yo la creía desaparecida porque lleva muchos años en silencio, o casi) que es ahora el instrumento que se ha utilizado para invitar al “nuevo espacio de reflexión y debate” a socialistas críticos como José Antonio Pérez Tapias y Odón Elorza entre otros.

Como todos son gente sensata, no está en sus intenciones la creación de un nuevo partido político por ahora. Estiman que quienes decepcionados han abandonado al PSOE, no necesariamente dirigirán sus preferencias hacia UP en futuras citas electorales. Pero, dadas las turbulencias políticas del momento, creen que es preferible ahora lucubrar sobre si la abuela (roja) fuma. Lo malo será que nos estalle la cabeza de tanto darle al magín.